martes, 9 de marzo de 2010

Cuando la vida tenía aprendices



Hay estampas que a uno le siguen gustando. No por nostalgia, que un poco, para qué vamos a engañarnos, también; sino por lo que encierran y lo que me dicen. Hace unos días, haciendo la compra, me adentré en una de esas viejas tiendas de ultramarinos donde el olor del detergente se entremezcla con el del café y, los anaqueles, las estanterías, parecen pequeñas bibliotecas de productos diferentes donde conviven en perfecta armonía, y no separados por tres pasillos y muchos metros, las botellas de «Anís del Mono» y el «Veterano» con las cajas de galletas, las latas de conservas y el aceite. Un sitio de esos donde la legumbre y el bacalao se siguen vendiendo a granel…

Pero no, no os voy a pasear por la tienda, aunque ganas me dan. Decía que hay estampas que me gustan y la del aprendiz es una de ellas.

Tres hombres y una mujer atendían el negocio. Los hombres se uniformaban con una bata corta de azul marino desteñido;  la mujer, con un delantal con pequeños encajes. Mientras esperaba mi turno, me fijé especialmente en dos de los hombres. El mayor que parecía ser el dueño y un chaval que a mi me dio la sensación que no había cumplido los 18. No parecía haber relación filial por la forma en que se relacionaban  entre ellos y con la clientela que allí nos encontrábamos: era el aprendiz.

El dueño, por decirlo de alguna manera, era el encargado de atender directamente a los clientes, de sugerirles tal o cual jamón, de darles cuenta de las novedades del surtido , o de preguntarles que tal la vida, hace mucho tiempo que no veo a su marido, que usted lo pase bien. Intercambiaba opiniones con la del turno y con la de quien tiene la vez:  administraba correctamente el tiempo que asignaba a cada cliente. Si veía que se demoraba mucho con un cliente, como fieles escuderos estaban el otro hombre y la mujer que recogían el testigo, bien del pedido, bien de la charla o se encargaban de cobrar y dar las vueltas.

Por su parte, el aprendiz, estaba atento. Observaba cada gesto de su patrón, escuchaba cada argumento de venta, atendía cada explicación, se apresuraba a buscar el género solicitado y permanecía en silencio. Su actitud era la de un alumno que sabe que todo lo que aprenda forjará su futuro. Seguramente no fuese muy listo, o no tuvo posibles para estudiar, o más remedio que colocarse allí, porque el dinero nos guste o no es lo que da de comer, pero estaba aprendiendo un oficio y allí le estaban enseñando.

Todo esto me hizo recordar, que hubo un tiempo en el que los oficios se aprendían. De abajo a arriba y nunca de arriba abajo.

Épocas que van pasando – pensé-, épocas que no deberían pasar, épocas en las que se aprendía el valor de cada tarea, del respeto, de la paciencia y donde las frustraciones curtían y no deprimían. Donde el conocimiento, a pesar de ser unidireccional se transmitía con eficacia y hacía crecer a las personas. Y daba lo mismo el oficio; daba lo mismo que se tratase de una tienda de ultramarinos, de una ferretería, un taller, un banco o unos almacenes: para ascender había que haber pisado mucho camino.

Con esto no quiero decir que muchos empresarios no se hayan aprovechado de ellos, ni que fuese un sistema perfecto ni que todos los aprendices hayan sido almas candidas o buenos alumnos, sino más bien que el haber empezado desde abajo y haber tenido que conocer todas las particularidades del negocio les daba, al final, una visión de conjunto bastante mejor y más amplia, en algunos casos, que la de miles de personas teóricamente más preparadas.

La vida cambia y ahora a los aprendices o meritorios los llaman becarios, un eufemismo absurdo porque de beca suele tener más bien poco, ya que en la mayor parte de los casos se les enseña poco y se les ve más como un estorbo que como una ayuda debido, entre otras razones, a  la falta de paciencia para enseñar o aprender o,  quizás lo que ocurra es que tal y como están las cosas hay miedo de qué el becario se convierta en un futuro compañero que acabe quitando el puesto de trabajo (todavía recuerdo cuando entre risas me decían a mi que me iban a pagar en piruetas) o supere al maestro.

El caso, es que ya no se aprende como antes, ni hay vocación docente en los oficios, con lo cual nos encontramos con miles de becarios que deambulan cual zombies en empresas sin saber muy bien qué deben hacer y por qué (si hacen algo) deben realizarlo de esa u otras maneras, matando la ilusión y desperdiciándo un montón de talento que por inercia va durmiéndose.

Los más afortunados, después del plazo establecido, tendrán la oportunidad de tener un contrato de usura o basura que les integrará en una organización, que entonces sí, les exigirá que muestren lo aprendido y estará  pendiente  de que se graben en la cabeza lo que sea necesario e interesante para la empresa; no para el trabajador, con lo cual, al final, muchas veces no será aprendiz de nada, sino un engranaje más y prescindible porque la formación, se mire como se mire, y a pesar de los cursos gratuitos y concertados, se sigue viendo como un gasto y no una inversión como antes; una inversión que beneficiaba a las partes, un yo gano tu ganas, un win to win, un «betawin», en el que las apuestas iban al 50% y el camino se recorría juntos.

Otros tiempos, ya digo.

Mañana nuevo post en Thinking Souls


17 comentarios:

Katy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Katy dijo...

Hola Fernando lo borré
(perdona el mogollón de faltas de teclado)
Al leer tu post me vino a la cabeza la tienda de ultramarinos que hay en la calle Embajadores, con las vitrinas llenas de sacos de legumbres y el olor del bacalao aún se mezcla con el del café. Poca luz y dependientes-dueños muy mayores...
Hoy hay maestros y los aprendices, escasean. Conozco alguno pero pocos. Y conozco muchos que han empezado así y han acabado teniendo sus negocios propios. Eran otros tiempos.
Trato cálido, humano, cercano. Te conocen, conoces, compartes.
Me ha gustado tu post, la foto, y hasta el olor del café.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy

Dueños muy mayores, que quizá un día fueron aprendices. Escasean, pero se encuentran. Y como dices, muchos acabaron teniendo su propio negocio.

Un beso

Pedja dijo...

Gran post Fernando, llevas mucho tiempo encadenando temas y formas de escribir muy interesantes. Muy bueno de verdad. Con todo, voy a discrepar, para mi todos somos aprendices, a cocinar se aprende cocinando, y yo donde he aprendido, después de casi 27 años de estudio, ha sido en el trabajo, menuda escuela que es el trabajo. Enhorabuena, un abrazo¡¡.

María Hernández dijo...

Hola Fernando:
Que buen post, te felicito.

Hoy todos somos "técnicos" de algo. No importa a que rama pertenezcas, eres técnico.
Pero como apuntaba Pedja, "no hay mejor escuela que el trabajo" y ¿por qué se dirá éso? ¿serán cosas de antes?
No lo creo. La técnica (que, a veces, incluso podemos tener, otras ni éso), sin la práctica, o sea, experiencia, se queda en éso, pero si conjugamos las dos podemos alcanzar "la maestría".
Antes, para ser "maestro albañil" te pasabas años siendo aprendiz de un maestro, de un tutor. Era aquél que, con su sempiterno lápiz tras la oreja, era capaz de trazar una escalera sin titubear y no lograbas el "título" hasta que no se comprobara tu valía y tu experiencia.
Hoy no, hoy cualquiera entra en el cemento y a los dos días se autoproclama "albañil" y luego nos sorprenden las chapuzas que vemos.
El otro día me reía mientras veía un spot de telefonía en la Tv: personal shopping, que traducido al castellano es algo así como el "recadero" de siempre.
Y es que no lo podemos evitar, el título, el técnico, nos puede y se nos olvida que para ser "maestro" primero hay que ser "aprendiz" y la única "técnica" para lograrlo es la experiencia.
Un beso, Fernando

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando,
El otro dia estuve con un empresario de esos. Es una empresa industrial de 18 trabajadores. Me confesaba que habian entrada a su empresa actual con 15 anos y que nunca habia estado en otra empresa. Me contaba que todos los dias llegaba media hora antes que los demas para encender la calefaccion y los ordenadores. Yo le pregunte a ver si no le parecia muy paternalista esa actitud y el me contesto que es lo que habia aprendido con el anterior dueno. Historias de la historia.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pedja:
Si, es cierto que todos somos aprendices y que el trabajo es la mejor escuela, pero no es menos cierto que para aprender bien hay que tener maestros, tutores y saber el por qué de los trabajos. Y eso ocurría hace años; otra cosa es aprender como , en ocasiones, se aprende ahora; de forma autodidacta y sin guía.
Gracias, como siempre por aportar tu punto de vista y venir desde el faro del fin del mundo.
Un abrazo

Economía Sencilla dijo...

Hola, Fernando.

Yo creo que el cambio de conceción del mundo que nos rodea ha venido motivado por el aumento del ritmo de vida que llevamos (parece que ya no es válido eso de aprender poco a poco), y del incremento de trabajos "del conocimiento" (parece que lo de aprender con el "estilo aprendiz" sea más propio de trabajos más artesanales.


Por su parte, cuando alguien entra como "becario", normalmente tiene ciertos estudios que hacen que (supuestamente) tenga ciertos conocimientos, pero obviamente le falta práctica, experiencia, y un buen compañero que le haga de mentor le puede ayudar mucho.

Magnífico post, como dice Pedja, los estás encadenando!!

Un abrazo
Pablo Rodríguez

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:
Magnífico comentario .me ha encantado esta frase “La técnica (que, a veces, incluso podemos tener, otras ni éso), sin la práctica, o sea, experiencia, se queda en éso, pero si conjugamos las dos podemos alcanzar "la maestría".
Has puesto un ejemplo muy claro con el de los albañiles. Hoy cualquiera puede serlo y antes no era así. Mucho yeso, ladrillo y plomada… la experiencia es el camino para alcanzar la técnica.
Fantástico lo del personal shopping. Un recadero de toda la vida je je
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Fantástico testimonio y gran ejemplo de aprendizaje. Quizá no sea lo mejor o lo más efectivo y es posible que debiera cambiar cosas, pero la lección la aprendió bien, y ese gesto de llegar antes dice mucho de este empresario.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pablo:

De acuerdo contigo: Ahí como dices, puede estar la causa; el ritmo de vida que llevamos nos lleva a eso. Sin embargo, yo creo que la “artesania” es necesaria y, si te fijas vosotros sois artesanos de la consultoria. Mucho conocimento y ,mucho aprendizaje.

También te puedo decir en lo de los becarios que de lo que estudias a la práctica suele mediar un abismo ( pero este es otro tema) y que cada vez hay menos compañeros dispuestos a tutelar a los becarios. Esto es una pena.

Gracias, como siempre por pasarte.

Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
Al tener más edad, yo sí viví esa experiencia. Entré a trabajar en un banco, casi casi desde abajo del todo y hubo excelentes compañeros que me ayudaron por aquellos años; fui ascendiendo poco a poco (cada 6 años). No logré codearme con Botín, pero eso fue culpa mía. Conocí además muchas tiendas de barrio, barberías, el economato militar en donde los soldados eran aprendices; algunas aún perduran. Me ha gustado mucho tu post y me ha hecho recordar aspectos de mi niñez y juventud. Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

hola Rafa:

"No logré codearme con Botín, pero eso fue culpa mía". así, con un par.

Creo que sabes perfectamente de lo que hablo en el post porque lo has vivido. Gracias por tu testimonio.

Me alegra que te haya gustado.
Un abrazo

MaS dijo...

¡qué buenas fotos se extraen de tu texto!¡con olores y todo!
Estupendo post, Fernando.
Pero la imagen del aprendiz, a mi me recuerda los años en que se empezaba a trabajar con 13, o con menos, primaveras. Tiempos sin escuela, para muchos, donde la salida, única, era colocarse cortando tela en la tienda del sastre, vendiendo periódicos a la puerta de la estación, o hacer un trabajo, sin saber, muchas veces nada más. Personitas condenadas a una ruta, a vivir en sus carnes un esfuerzo desmedido, con poca remuneración, y que tal vez ahora, algunos pueden decir desde puestos bien diferentes, que sí, que así empezaron, mientras otros siguen cortando tela, lonchas de jamon,...
Me gusta lo de aprender haciendo, y en la linea que comenta Pedja, apuntar que podemos seguir aprendiendo mientras estamos trabajando.
Rememorar la humildad del aprendiz, y su folio en blanco.
un beso y una sonrisa, M.

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:(MaS)

Tentado estoy de añadir tu comentario al post porque lo completa perefectamente, Como decaí en el post, a algunos no les quedó más remedio que vivir ese esfuerzo desmedido del que hablas, condenados a una ruta y, casi, a la nada.

Aprender, todos los días, aprender haciendo siempre y escribir poco a poco ese folio en blanco

Una sonrisa y un beso de martes.

Josep Julián dijo...

Hola Fernando:
Como creo que ya sabes, soy de los que empecé muy joven a trabajar como "aprendiz" = botones de un banco gracias a que mi padre se arruinó. Y no lo digo con retintín aunque eso me complicara la vida para seguir estudiando y más cosas pero sé lo que es empezar en un oficio por abajo, como el caso de Rafa y muchos otros.
El oficio hay que aprenderlo desde abajo aunqu eso ya no se estile. Los becarios de ahora no son en sentido estrico aprendices, sino otra cosa que la mayor parte de las veces no desemboca en nada demasiado útil para ellos, por desgracia. Conocí a uno que tenía 42 años, con eso está todo dicho.
El aprendiz logra amar su profesión que es otra de las cosas que se van perdiendo, cosa que seguramente no le ocurrirá al que describes en tu entrada, como no le ocurrió a un compañero de cole que sin acabar el bachiller se puso a trabajar de botones de hotel y hoy es el director general de una cadena.
Qué recuerdos me has despertado, chaval.
un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep:

Es curioso, pero la gente que me inspira más confianza es aquella que ha empezado desde abajo y que, además, lo cuenta de forma humilde y en positivo. La poca experiencia que tengo (que soy un chaval) me dice que este tipo de personas aman su profesión, y, en hostelería, hay muchos casos como el de tu compañero de cole.

Lo de los becarios, de acuerdo contigo. No suele ser muy provechoso salvo que des con la organización, personas adecuadas.

Gracias por la aportación y el testimonio.
Un abarzo

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