lunes, 2 de noviembre de 2009

Don Camilo y Peponne: clases de política

La verdad es que uno empieza a estar cansado, aburrido y, lo que es peor, bastante mosqueado con la clase política española. Cada día el debate político se parece más a un programa de esos en los que se escucha poco, se respeta menos y se pegan gritos mientras el ¿moderador? intenta poner orden en medio de tanto barullo. En mi opinión, cada vez tienen menos clase. Y es que se pierden las formas, las maneras y la educación. No se reconocen los errores, o se echa las culpas al Boogey, o se la calzan al más pringado, o insultan al rival para desviar la atención y que la opinión pública, o sea, nosotros, nos solidaricemos y creamos a pies juntillas todo lo que nos cuentan. Luego se fuman un puro y a esperar que escampe el temporal.

Supongo, y quiero creer, que hay políticos dignísimos y respetabilísimos que verdaderamente tienen vocación de servicio, que se esfuerzan por mejorar las condiciones de los ciudadanos, que trabajan para todos y cuya única ambición es conseguir un mundo mejor para la comunidad. Al contrario que otros, que sí creen en un mundo mejor, pero el suyo, el que se van montando gracias a la confianza de los electores que les votaron, como estamos viendo con más frecuencia de la que sería deseable: que aceptable no lo es.

No se que tiene el poder a esos niveles, que atonta un poco; que no es que cambie a las personas, es que a menudo las empeora. Uno va leyendo, encontrándose con algunos de ellos -que no se por qué parece que crecen cinco centímetros cuando les ves andar de pose, aunque se trate del ayudante del ayudante del subdelegado, cuya única preparación y méritos son tener carné y vínculos familiares con un dirigente del partido- y tiene la sensación de que si esos son los que nos van dar castañas o nos las van a sacar del fuego lo tenemos claro. Esto me parece muy triste y debe ser endémico porque ocurre en todos los países.

Como a cualquier ciudadano con sentido común, me gustaría que gobierno y «oposiciones» (que hay más de un partido con escaño e ideas diferentes) se pusieran de vez en cuando de acuerdo para trabajar en común y no sólo para salir en las fotos de los eventos deportivos y saraos varios.

A mí que se insulten o discutan casi me da lo mismo. Ya son mayorcitos para saber que con esas actitudes lo que único que están consiguiendo es desprestigiarse a sí mismos. Es su problema. Lo que no me da lo mismo es que desprestigien al país e insulten la inteligencia de sus ciudadanos. Eso lo llevo un poco mal, pero lo que de verdad me preocupa es que no rectifiquen.

No les vendría mal leer los libros que escribió Giovanni Guareschi sobre Don Camilo y Peponne, lecturas que me permito recomendar por divertidas, reflexivas, y edificantes. Si muchos políticos las leyesen aprenderían que si hay verdadera voluntad de servicio, ganas de trabajar, los problemas y las diferencias ideológicas se pueden aparcar.

Las historias que protagonizan estos dos personajes se sitúan en la posguerra italiana, un periodo especialmente complicado del país. Don Camilo, el párroco de un pequeño pueblo cerca del Po, representa a la conservadora y católica Italia. Peponne, el alcalde, al modelo revolucionario y comunista. Dos mundos enfrentados, dos formas de pensar y de hacer política (Don Camilo la hacía) que se refleja al leer las páginas de unos relatos, que además de divertidos están llenos de diálogos irónicos y reflexiones geniales.

Don Camilo y Peponne son dos rivales, dos adversarios. Se insultan, llegan a las manos en más de una ocasión, se hacen jugarretas, pero en el fondo se aprecian y aunque de cara a la galería estén enfrentados, se unen cuando los acontecimientos lo demandan, bien sea para construir un asilo o una escuela, bien para poner fin a una huelga, bien para evitar pérdidas de trabajo. Piden y consiguen para la comunidad, no para ellos. Parecen odiarse pero no pueden estar el uno sin el otro. Cada uno cree en lo suyo: uno en Dios y otro en Stalin, pero entre insulto e insulto, entre bravuconada y bravuconada se entregan a su mayor compromiso, que es la gente. Son dos tipos sencillos, algo brutos e inocentes, pero con un corazón tremendo.

No dudan en burlar la disciplina del partido y del poder eclesiástico, ni en enfrentarse a los terratenientes si con ello consiguen mejorar la vida de sus conciudadanos. Pueden ponerse zancadillas entre ellos, liarlas pardas, azuzar a sus partidarios, pero al final, su honestidad personal está fuera de toda duda y los habitantes de ese pequeño pueblo italiano les respetan por igual.

Algo que desgraciadamente no ocurre por estos lugares.

Si muchos políticos leyesen estas historias, sabrían cual es su verdadero papel en eso que se llama gestionar el destino de los ciudadanos. La cosa iría mejor.


18 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Tienes mucha razón. Al final todo esto se traduce en falta de participación en las elecciones de turno. "Para qué votar" se preguntan muchos.
Yo lo que peor llevo es lo de la corrupción. ¡Cómo aprovechan unos y otros para meterse el dedo en el ojo! "¡Y tu más!" dicen constantemente, como cuando éramos pequeños.
Preocupante, muy preocupante.
Un abrazo.

Katy dijo...

Hola Fernando
"Como a cualquier ciudadano con sentido común, me gustaría que gobierno y «oposiciones» (que hay más de un partido con escaño e ideas diferentes) se pusieran de vez en cuando de acuerdo para trabajar en común"
De ilusión también se vive. Esto sería lo correcto, para eso les hemos votado,los unos y los otros.
En cuanto a la educación no son modelos para imitar. Yo les quitaría lo de "clase"
Yo me vi la serie de TV del actor Fernadel sobre la vida de Don Camilo y Peponne. que estaban siempre a la gresca pero cuando había que resolver algo trabajaban al unísono. Otro Gallo nos cantaría si señor.
Feliz semana y un abrazo

Germán Gijón dijo...

Hola, Fernando:
la ciudadanía debería crear una iniciativa obligatoria al estilo outdoor training para la clase política, en la que se reciclase la formación ética de los pajaritos. En realidad, creo que no vale la pena tanto esfuerzo con ellos (basta poder ponerlos en la calle sin remuneración). No obstante y aunque no está carente de razón, me escama tanto nuevo revuelo -trajes, dotación de subvenciones millonarias, recalificaciones escandalosas- en un momento en que en términos reales hemos superado de largo el 20% de paro.
De todas formas, como dice Javier, ya salen las noticias en las que la abstención crece a la carrera.
Ojalá tuviésemos muchos Pepones y Don Camilos por aquí.
Un abrazo, Fernando.

Fernando López Fernández dijo...

@Javier:
La verdad es que es bastante preocupante y al final, como dices, la abstención se irá imponiendo. Lo de la corrupción, aunque digan que solo en el 0,6% de los ayntamientos, por ejemplo, se han dado casos de corrupcióm. Clarp. Lo que no se cuenta, es que hay miles de Ayuntamientos que, aunque quisieran, no tienen con que corromperse de pobres que son y de los que tienen todavía no se ha investigado ni la mitad de la mirad.
Un abrazo
@Katy
No es que de ilusión también se viva, es que si no es así, apaga y vamonos. Quiero creer que algún día la cosa cambiará, y que trabajarán como don Camilo y Peponne. Juntos, pero no revueltos,: eso si juntos.

@ Germán:

Yo creo que debería ser outdoor e indoor. Lo del 20% del paro no tiene nombre teniendo en cuenta que una de sus promesas (la de todos) es la genmeración de empleo. Pero este solo debe ser para los sastres y especuladores.
Un abrazo

Economía Sencilla dijo...

Hola, Fernando, totalmente de acuerdo, creo que en cuanto pisan las mullidas alfombras y usan el coche desde el asiento de atrás, se olvidan de la realidad.

Hace no mucho leí -no recuerdo dónde- que en España, durante la transición, los políticos sí pensaban y actuaban de esa manera, querían construir algo juntos, contribuir a la sociedad, etcétera.

No ha pasado tanto tiempo, pero parece tan lejano como cuando vemos las imágenes en Cuéntame.

Un saludo
Pablo Rodríguez

Fernando López Fernández dijo...

Esa sensación tengo yo Pablo, precisamente el otro día también estuve leyendo antiguos artículos y se nota que eran políticos de otra pasta.

Gracias por pasarte. Un saludo

María Hernández dijo...

Hola Fernando:

Actualmente, desde mi punto de vista, la política se ha convertido en un arma "de ataque y destrucción" y lejos le queda el espíritu de "formar gobierno" si no viste los colores que uno quiere.

Lo de D. Camilo me ha tocado hondo, allá donde mi memoria empieza a escandalizarse de tanta inocencia. Mi hermana mayor leía a D. Camilo y sus risas entre sábanas me hacían pensar "ese libro debe ser muy divertido, se lo pediré". Y lo era, sin duda. Años más tarde quien reía con las reyertas de Peponne y Camilo era yo y reconozco que me alegraría mucho más tener en nuestra política a personajes como ellos que como los que tenemos actualmente.
A mí como a tí lo que me parece inaceptable de nuestro "elenco político" es que "insulten la inteligencia de sus ciudadanos".
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:

Buena definición de cómo está la política "arma de ataque y destrucción". Es cierto. Por eso me acordé de Don Camilo y Peponne, porque a pesar de las diferencias eran capaces de trabajar conjuntamente. Las historias eran fantásticas verdad?

Un abrazo

María Hernández dijo...

Si, Fernando, muy buenas historias.

Por si tu post le ha "picado la curiosidad" a alguno de tus lectores, en esta página, podrán encontrar los capítulos (en español) del libro "El pequeño mundo de D. Camilo".

http://www.librosmaravillosos.com/pequenomundo/index.html#linea1

Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

María:

Gracias por compartirlo con todos.
Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Como dices debiera de haber más personajes como Camilo y Peponne, y no sólo en la política.
No se dan cuenta nuestros políticos pero debieran de reflexionar sobre los índices de participación de la gente. Pienso no obstante que la democracia actual costó mucho sufrimiento a mucha gente, como para que ahora abandonemos. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Precisamente por eso Rafa, porque costó mucho, sería una pena que la gente dejase de creer en el sistema por las mañas prácticas de algunos políticos.
Un abrazo

Alberto Barbero dijo...

Hola, Fernando:

Comparto también la sensación y el libro -hace tantos años que lo leí ¡y lo había olvidado!-. En aquellos tiempos oí por primera vez aquello de la "erótica del poder" y me sirvió como argumento para entender que algo hay en el poder a lo que es muy difícil sobrevivir sin corromperse. Y así, me pasé muchos años siendo empático con las penosas formas de políticos y de algunos directivos "de nivel".

Últimamente he llegado a la conclusión de que los partidos son instituciones que para autoreproducirse ponen en funcionamiento mecanismos y filtros que solo pueden ser superados por los más trepas y voraces.Por decirlo de un modo simple: los que más arriba llegan son aquellos cuya ética humanista es más dudosa.

Espero que quienes se ilusionan con la política 2.0 puedan encontrar un modelo que premie más otros valores...

Myr dijo...

AAAAAAAYYYYYYYYYY has evocado mi memoría! ¡Si, Si, Si, lo leí, leí el libro!!!!! allá lejos y hace tiempo!

Graaaaaaaaaaaaaaaacias!

Besos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Alberto:

Gracias, como siempre, por pasarte. Me gusta el apunte que has hecho con los "directivos de nivel" porque curiosamente muchos de ellos están relacionados dos con los anteriores. Lo de los filtros, una realidad: ellos se lo guisan, ellos se lo comen dejando a pocos (los de su cuerda) entrar en su círculo.

Por otro lado, me gustaría que se encontrase ese modelo, pero tengo mis dudas de que se pudiese implantar si no somos nosotros mismos los que modificamos nuestra escala de valores .

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myr:

Una de las cosas que más me han gustado de vuestros comentarios es que todos conociais las historias de Don Camilo y que guardabaís un buen recuerdo de ellas.

Gracias a vosotros por pasaros por aquí.
besos

Myriam dijo...

Vuelvo y leo nuevamente la entrada. Leo mi comentaripo entisiasmado por la evocación del recuerdo y tu respuesta y agrego: Si, vale, pero no soy política. También a mí me molesta que desprestigien al país (el tuyo, los mios) e insulten la inteligencia de sus ciudadanos. Deberían leer Don Camilo (también El Quijote OBVIUS) como materia obligada antes de asumir, a ver si aprenden un poquito.

Besos

Fernando López Fernández dijo...

Asi es Myriam:

Un día le dedicaré uno a El Quijote en el que Pedro, Asun y tu, teneis mucho que decir.
Un beso

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