lunes, 16 de noviembre de 2009

De competencia, productividad y personas

Los domingos suelo comprar 2 o 3 periódicos. Me paso un buen rato leyendo y comparando la información o la opinión – que cada día la prensa ofrece más opinión y menos información- con el fin de sacar luego mis propias conclusiones sobre lo leído. Me suelo dar una vuelta por las páginas «Salmón» para buscar pistas que me aclaren si el panorama económico va a mejorar o si por el contrario, lo tenemos crudo. En todos se habla de la salida de la recesión por parte de Alemania y Francia y la más que improbable recuperación y salida de la recesión a corto plazo de la economía española. En el suplemento de El Mundo, se les hace dos preguntas a una selección de 100 empresarios de grandes empresas. La primera de ellas dice ¿Cuál es a su juicio, el verdadero talón de Aquiles de la economía española? La segunda: proponga dos medidas o reformas concretas que ayudarán a España a salir de la recesión. La verdad, es que salvo excepciones, se mojan lo justo o barren para casa, lo que es lícito y normal. En cuanto a la primera pregunta, que es de la que voy a hablar, me ha llamado la atención que la mayoría habla de la falta de competitividad y de la insuficiente productividad de las empresas españolas, cuyas causas, para bastantes de ellos, pasan por la rigidez del mercado laboral, la excesiva dependencia de dos o tres sectores, la falta de diversificación.

No les falta razón. Ahora bien, a mí se me escapan unas cuantas cosas: Cuando están hablando de competitividad de qué estamos hablando exactamente: ¿De poder competir de tu a tu, con otros países europeos, Estados Unidos o los países de economías emergentes como India o China? Y en ¿qué exactamente? ¿En la industria textil?, ¿en la automovilística?, ¿la aeronáutica?, ¿la del calzado? ¿Somos capaces de fabricar a mejores costos, con una mejor calidad? Me temo que no. ¿Cuánto invertimos realmente en Investigación y desarrollo? ¿Cuánto en diferenciarnos? Poco ¿verdad? De esa manera ¿cómo vamos a ser competitivos?

Se habla de falta de productividad, pero, ¿ hasta donde queremos ser productivos? Es decir, ¿a qué estamos dispuestos a renunciar todos?, y cuando digo todos es todos: Desde los accionistas de las empresas, a sus directivos, desde las administraciones central, autonómica y local a los sindicatos y trabajadores; y ¿qué entendemos por productividad?: que la gente rebaje sus salarios, o que no vaya ni a mear; que se invierta con dinero - y no de palabra - en I+D, o que las facturas se paguen como mucho a 30 días y no a 90, 120, 180 o más; que se invierta en formación de calidad y no de trincones de la subvención ó que se sustituyan las personas por máquinas o personas que sean máquinas.

Luego está la otra parte claro, la de que aún siendo competitivo en precios, calidad, servicio etcétera, muchas veces no sirve de nada porque siempre habrá alguien que por esas charlas de café, comisiones jugosas, o viaje al caribe con la señora, optará por otra opción más acorde a sus intereses, que no a los de la empresa. Bueno, esto tampoco debería extrañarnos.

Y la diferenciación, la creatividad, el hacer cosas distintas, todavía está muy mal visto en este país, del que dirán o pasa tu primero que a mi me da la risa. El miedo y el pudor, en definitiva.

Y me fastidia, porque creo, que en todo este descontrol que tenemos entre unos y otros montado, hay gente con ideas, gente con una altísima preparación que trabaja un huevo y parte del otro, con una conciencia social que no se refleja en los balances de la compañías, pero que son los que están sosteniendo con su esfuerzo y solidaridad la economía y la esperanza de este país.

Y por ahí, me da la sensación que van los tiros, por dejar a estas personas que sean las que muevan esto, dejándolas hacer, dándolas tiempo y recursos y sobre todo, no parando e interfiriendo cada vez que tose cualquier mercado, aunque sea el de Kuala Lumpur.

No tenemos materia prima, no tenemos tecnología, no tenemos un modelo diversificado, no tenemos mucho de nada, pero si, tenemos mucho de materia gris que si aquí no se valora o no se puede comprar, habría que pensar en exportarla ya, y crear una marca, al igual que los franceses hicieron con sus vinos o los japoneses con su tecnología. Al menos venderíamos conocimiento y capital humano: Se aprendería a trabajar y entender a otros mercados, se reduciría el paro y podría ser una avanzadilla para implantarse en otros lugares.

No se trata de fortalecer al «enemigo» sino de permitir el desarrollo profesional de una persona sea aquí o en Pekín. Ganaremos todos.

15 comentarios:

Pepe Moral Moreno dijo...

Muy bueno, de verdad... apuntas muchas cosas, pero creo que la fundamental es si estamos preparados para dar el paso al 2.0 cuando todavía hay muchos que están en el 0.1...
Saludos!!

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pepe:

Bienvenido a Soul Business. Es posible que lo que apuntas sea una de las claves. De hecho creo que hay gente que está en el menos dos y sin esperazanzas de cambiar.

Gracias por participar.
Saludos

Katy dijo...

Hola Fernando a tantas preguntas, respuestas a medio pelo de empresarios, crisis,reformas y demás que tan bien comentas, documentas y argumentas, no se me ocurre más que otra pregunta:
¿Es que en años pasados no éramos competentes, ni producíamos, ni teníamos creatividad? ¿Y cómo llegamos dónde llegamos? Pues eso...
Feliz semana y un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy.

Eso me pregunto yo. Sacamos pecho cuando el viento sopla a favor y hablamos de lo que nosfalta cuando vienen mal dadas. Pero, si esa pregunta se la hiciesen a ellos y no de forma general ¿que dirían?. Dudo mucho que afirmasen que su empresa no es competitiva y que la productividad es baja. Al menos en las publicidades cuentasn optras cosas.
Un abrazo y feliz semana

Alberto Barbero dijo...

Hola, Fernando:

El asunto de las culturas de los países es muy complejo y es fácil hacer demagogia y pillarse los dedos casi sin quererlo. Dicho ésto, a mi me parece que este país tiene algunos elementos culturales muy enraizados, que están en lo que tu dices y que hacen muy difícil que podamos avanzar más allá de los discursos.

Sin embargo, también hay una cultura emergente -no sé hasta qué punto- llena de algunos ingredientes como creatividad, compromiso, dedicación, productividad, emocionalidad y sociabilidad que debería ser potenciada desde la educación más básica ya que lleva el germen de un posicionamiento muy poderoso.

Creo en definitiva que el origen del problema se sitúa en el sistema educativo. También creo que hay un alto porcentaje de los "profesionales de la educación" que no es vocacional (se podría ser más crítico con el colectivo aunque no voy a seguir por ahí...). Y, por supuesto, que me entran todo tipo de sospechas al respecto de ¿por qué tenemos el sistema que tenemos?

Creo que si no hay un gran cambio educativo estaremos atrapados durante décadas en hábitos que no nos van a ayudar a despuntar.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Alberto:

Estoy de acuerdo en que hay una cultura emergente. Sólo hay que darse una vuelta por la blogosfera o por twitter, para saber que es así. Y, muchos de estos profesionales, desde mi punto de vista, deberían ser los que liderasesn este cambio. Yo aprendo, me formo más por ejemplo con los miembos de cloud consulting y otros blogueros, que con otro tipo de formación. Hace relativamente poco hice un curso subvencionado y era mera teoría sin ninguna aplicación práctica. Como apuntas, hay pocos profesionales vocacionales y si muchos teóricos de manual.

Un saludo y gracias por pasar

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando, ya estamos de vuelta a casa. Creo que parte de la solución está en la respuesta que le das a Katy en su comentario. Ni somos tan malos ni tan poco competitivos. España siempre ha exportado imaginación, creatividad en fin.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

Así es ni somos tan malos ni tan poco competitivos. Lo que pasa es que muchas veces no nos creemos que lo podemos hacer.
Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Has echado mucha carnaza a la que se puede incar el diente desde cualquier ángulo. Yo me voy a quedar con lo que dice Alberto, que para mi es la clave: Tenemos un sistema educativo para echarse a llorar, fruto de esa filosofía tan española que dice: "en cuanto te vayas tu lo cambio todo". Y así, en vez de copiar a los primeros de la clase gastamos nuestras energías en cambiar lo que el anterior ha hecho.
Bueno, pues a partir de que tomemos el "camino bueno" en esto de la educación, calcula al menos un par de generaciones para ver resultados.
Para llorar.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

No era mi intención echar carnaza (bueno un poco si) sino reflexionar sobre ello y coincido con Alberto y contigo que la formación y la investigación en I+D son algunas de las claves. De todas formas, si hacemos ese cambio que apuntas, yo creo que a la velocidad que va esto, en una generación nos podriamos poner las pilas. Siempre y cuando,claro, aprendamos a pensar y a cambiar por cambiar.
Un abrazo

Germán Gijón dijo...

Hola, Fernando:
vaya, hoy llego un poco tarde. Yo creo que sí adolecemos de productividad. En serio, creo que sí. Y no se trata de la balanza entre sueldos y producción, sino de horas y producto terminado (y hablo de la media en el conjunto global del país). Ahí es donde entra en juego la educación, además de tener en cuenta la I+D+i. Tienes razón en que el cambio debe darse en la espiral de la empresa y no sólo en un segmento -siempre el trabajador- pero creo que debemos comenzar por exigirnos de otra forma desde que empezamos. Tienes razón en que podemos exportar creatividad y en que hemos de perder ese respeto a distintos métodos. Pero pasa igual que cuando estudiábamos: la única manera, por muchas vueltas que le diéramos, era hacer codos. En este caso, ese es un aspecto de la productividad en que puede que no seamos de los primeros.
Un abrazo, Fernando.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Germán:

Tu conoces varios métodos de producción y puede aser eso, pero tambien la competitividad está en los costes de distribución, no sólo del porducto. Como decis Añlberto, Javier y tu, la educación es fundamental, tanto en la metodología (forma) como en las horas (codos).

Esa reforma es necesaria para poder competir y producir eficientemente.

Un abrazo

Josep Julián dijo...

Estando de acuerdo contigo en lo que dices así como en lo que han dejado los comentaristas creo que a todos se nos escapa un poco entre los dedos algunas cuestiones que tienen que ver mucho con los temas que se apuntan aquí.
La productividad está reñida con el subvencionismo, con las muchas horas de "estar" pero no necesariamente de "hacer", con una política de bienestar social que no se corresponde con nuestra economía, con comidas de dos horas, con siesta diaria, etc. Con esto no quiero ser ni simplista ni derrotista sino tan sólo señalar que hay un montón de paradigmas que conviene que vayamos cambiando antes de que nos los cambien. Y no es que falten modelos cercanos, por ejemplo la renversión de Irlanda como país de servicios sino que hemos entendido que con aprender inglés ya teniamos el tema resuelto.
No sé, creo que tendremos que esperar un poco más para ver en qué queda esto. Me temo.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep Julian:

No creo que seas derrotista ni simplista sino realista. Mientras ni transformemos nuestra forma de pensar, y eso pasa desde mi punto de vista ,y coincido con otros comentaristas, por cambiar el modelo de educación y formativo, además de invertir más en la maquinaria y menos en la chapa.

Por eso, yo elijo mi formación con gente como tu, como Alberto, Javier, Francisco, Germán, Pablo, etcétera ... que ofreceís una visión diferente, inspiradora, que no se encuentra en otros ámbitos.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep Julian:

Se me había escapado totalmente este comentario. ¿dónde tendré la cabeza?, aunque crei que ya lo había contestado porque leerlo lo había leido. La verdad, es que lo rematas perfectamente y das las claves: subveciones, estar pero no hacer y una política de bienestar social no acorde con nuestra economía.
¿pero por qué no cambiamos? si hay posibilidades de hacerlo. ¿comodidad tal vez?

En fin, o cambiamos o nos cambian.
Disculpa por el retraso en contestar. Hay días que a uno se le va la cabeza.
Un abrazo y gracias

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