jueves, 26 de noviembre de 2009

Comentando por ellas



Cada día sigo más blogs. Por convencimiento. Me gusta leer todo lo que sigo. He hecho un cálculo aproximado. Invierto, y digo bien, una media de dos horas diarias en leer los blogs que sigo y en aportar mis comentarios y en responder a los que me hacen. Un curro, si, pero me gusta. Este tiempo procuro administrarlo en huecos que voy teniendo a lo largo del día. Uno o dos «kit kat» en el curro, otro antes de ponerme al lío después de comer y, el resto, cuando regreso a casa y antes de acostarme. A veces, tengo la sensación de que no doy más de si, pero creo que mis lectores y los blogs que sigo merecen que les dedique parte de mí tiempo. En los últimos días he leído bastantes post sobre el tema de la violencia de genero, término que no me acaba de convencer porque en determinados asuntos no soy ni políticamente correcto ni correcto a secas. El caso es que estos días he leído varios post sobre ello, y casi todos ellos estaban redactados por mujeres. Empecé creo, la semana pasada leyendo el blog de Myr, Katy habla a menudo de ello, María también y la última ha sido MaS en su recien estrenado blog; y María Hernández no habla directamente de ello pero cuenta mucho entre líneas. Hombres, ninguno.

Así que hoy, esto no es un post, es un comentario por ellas, (no en su lugar). El único comentario, es el que ya le deje a Myr, que no es más que un texto que ya tiene seis años y que pertenece a Soul India: Y que hoy os dejo. Va por ellas.

UNA HISTORIA DE SHILPGRAM, UNA VERGÜENZA DEL MUNDO

A mí se me hace difícil entender determinadas actitudes de los hombres: no por el hecho de comprenderlas sino por lo absurdo de las mismas. En Shilpgram, un centro de artes tradicionales, el coordinador, un maestro jubilado, me estuvo explicando algunos aspectos de la vida del Rajastán rural: cómo construían las viviendas utilizando para su edificación los más variados materiales; cómo levantaban los muros que cierran las viviendas pensando en la música que produce el viento; la organización familiar de la casa, en la que pueden convivir varias gene-raciones; las diferentes estancias, aisladas unas de otras..., pero lo más sorprendente, lo más indignante del relato, era el funcionamiento de la relación hombre–mujer; por ejemplo: el hombre es el único que duerme sobre una cama, durmiendo la mujer y los niños en el suelo a una distancia prudente. La mujer sólo tiene derecho a acostarse sobre el lecho en los momentos de lujuria. Después, al suelo.

Ignoro si todo empezó con la historia de Adán y Eva, si empezó con el resentimiento de un marido abandonado o el despecho a un juez enamorado que dictó una sentencia de odio que durante siglos nunca se pudo apelar. El hecho es que en Rajastán, en India, en el Mundo, la mujer quedó relegada a una vida de esclavitud, de aparato reproductor; un juguete de entretenimiento, un alivio para la calentura del cuerpo, un trofeo no ganado... Todavía hay cazurros que piensan que son cargas que solucionan problemas domésticos. El paso de los siglos ha suavizado la situación, pero aún queda mucho camino por recorrer.

En India, no se ven muchas mujeres por la calle en comparación con el número de hombres. Esto obedece a sus costumbres, no muy diferentes de las de algún europeo prehistórico por las cuales la mujer debe permanecer en casa y tener obediencia ciega al marido o a ocultarse detrás de un velo confeccionado con la tela de la vergüenza. Aunque oficialmente el Sati —inmolación de la mujer tras la muerte del marido— está prohibido, muchas siguen muriendo en las piras funerarias de sus esposos o son arrojadas al infierno del desprecio, a las esquinas de la humillación. No tienen derecho ni a la indiferencia, que les permitiría ser ignoradas; pero no señaladas ni obligadas a ser despojo de una sociedad cruel disfrazada de buen rollo y espiritualidad.

Todas estas cosas me parecen tan lamentables, tan absurdas que no entiendo cómo las mujeres se siguen casando con hombres que actúan así, aunque en la India no se casan, las casan.

Y esto ocurre, por desgracia en casi todo el planeta: que los hombres y mujeres somos distintos es obvio; tanto en el plano físico como en el emocional; que reaccionamos de forma diferente según las circunstancias y los estímulos, también; que tanto unos como otros no acabamos de entender la igualdad de sexos, lo demuestra el hecho de que ni los hombres ni las mujeres estamos preparados para ello: el hombre por simpleza de quien ve como pierde el poder de algo que nunca le correspondió. La mujer «liberada» en la sociedad occidental, porque dependiendo del dónde y del cuando elige la baraja con la cual quiere jugar.

La igualdad no consiste en compartir las tareas de la casa ni las responsabilidades familiares ni tan siquiera en igualar los grados de libertad, sean éstos en uno u otro sentido. La igualdad consiste en eso y mucho más: en el mutuo respeto entre personas, sean estos hombres o mujeres. Y mientras esto no ocurra seguirán existiendo las desigualdades, las reivindicaciones, los problemas y los asesinatos cometidos por gente con neuronas descerebradas.

El maestro, que sabía que ya había sido derrotado por la vida y que recordaba con ojos vidriosos, ojos rojos de fondo amarillo, tiempos mejores en los que había estado hasta en Estados Unidos, en Vermont, durante seis meses dando clases, me explicó el significado que algunos animales tenían para ellos: el elefante representaba la felicidad; el camello, la ley, la justicia, la fidelidad; el caballo, la riqueza. Había más animales, pero ya me perdí. Intentaba comprender por qué los animales eran portadores de valores, estados de ánimo y símbolos de la suerte. ¿Las mujeres?, ¿qué eran las mujeres para ellos? No entendía nada.

Esto era India, todo tenía su significado y cada significado podía ofrecer diferentes interpretaciones.

Uno, que no está acostumbrado a las complicaciones piensa que para aprender o comprender esto harían falta cursos enteros.

Soy una cabeza dura y hay cosas que no me entran por mucho que me las expliquen.

20 comentarios:

Germán Gijón dijo...

Hola, Fernando:
de verdad que no entiendo cómo en la Europa del S. XXI (ya no hablo de la India) tenemos estos debates. No he llegado a tiempo de ver la noticia, pero he visto una manifestación en el telediario en reivindicación por el respeto a la mujer, con un gran cartel denunciando los malos tratos. Para vergüenza nuestra, parece que todavía no podemos exportar a otros continentes el sentido común.
Me sumo a tu eco de la denuncia.
Un abrazo, Fernando.

Katy dijo...

Hola Fernando has roto el molde dedicando toda una maravillosa entrada a esta horrenda lacra que estigmatiza nuestra convivencia. (también A.L. en su blog todo en broma y nada en serio que sigo publicó un post alusivo ayer en vez de una broma.
http://todoenbromanadaenserio.blogspot.com/2009/11/contra-de-la-violencia-de-genero.html
"El paso de los siglos ha suavizado la situación, pero aún queda mucho camino por recorrer".
Gracias por solidazarte con todas esas mujeres que sufren en silencio, ignoradas, apaleadas, humilladas en muchas partes del mundo. Al fin y al cabo en Occidente al menos se puede denunciar y se ha logrado dar algunos pasos. Y gracias por citar mi blog. Eres muy generoso en todos los aspectos.
Yo tambien dedico tiempo por las noches a leer todos los blogs que sigo y si entiendo dejo comentario. "Digo entiendo porque hay entradas de algunoa amigos muy profesionales " dónde no puedo opinar sin meter la pata, como los tuyos alguna vez :-)
Abrazos

Economía Sencilla dijo...

Muy interesante este acercamiento que nos sueles hacer a otras culturas, en este caso la india o hindú...

Es increíble y lamentable lo que cuentas, como también lo es, como dice Germán, que sea algo bastante generalizado, ya que aún en sociedades bastante más avanzadas en este sentido de la igualdad, como la española y otras europeas, suceden demasiados casos no sólo de violencia de género o como le queramos llamar, sino de discriminación y dominación hacia la mujer.


Suscribo también tus palabras, estupendo post.

Un abrazo
Pablo

MaS dijo...

Me preocupa que un hombre hiera a una mujer, pero más aún que esos actos pasen a ser socialmente admitidos, se conviertan en costumbres y maneras habituales, y los hombres y mujeres que se estan gestando tomen como algo natural sus posiciones de superioridad e inferioridad, utilicen como pautas de relación los golpes, los insultos y las vejaciones.
Eso, sí que me preocupa.
Puedo entender que un hombre que ve hurtado en su poder se defienda con violencia contra la persona que considera se lo está quitando; lo puedo llegar a entender, aunque no lo comparto.
Ni lo compartiré nunca.
un saludo, M.

Pepe Moral Moreno dijo...

Sin comentarios... está todo dicho.
Saludos

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
A tan magnífica entrada sólo puedo añadir que no hace tantos años nuestras mujeres vivían y morían de una forma similar a como lo hacen ahora en estos países. Concretamente recuerdo a mi abuela de negro riguroso con pañuela a la cabeza todo el día... y el cura vigilando.
¡Qué pronto olvidamos!
Un abrazo.

María Hernández dijo...

Hola Fernando:

Estupendo post, amigo y te regalo na historia "española", de ayer mismo:

-Año 1972, en una provincia andaluza, una madre con dos hijos, intenta huir de su marido, tras años de maltrato y vejaciones por su parte, y la dejadez y permisividad de la ley de entonces que le recomendaba, cuando visitaba el cuartel "Anda, anda, vete pa' tu casa y déjate de tonterías". Tras la última gran paliza no lo piensa más, deja a los niños con sus abuelos, con la esperanza de recuperarlos lo antes posible y se marcha.
Su marido "maltratador" la denuncia por abandono del hogar y desde ese instante es prófuga de la justicia.
No puede acercarse a sus hijos, a los que su padre ya ha arrancado de los brazos de sus abuelos. No puede verlos si no se esconde, se disfraza, aunque solo sea "para verlos cuando van camino del colegio".
Cuando la conocí, sus heridas "superficiales" habían curado con el paso de los años, pero las de dentro, las que padeció por ser "buscada por la ley", las que se le abrieron cuando comprendió que sus hijos habían olvidado sus besos y sus caricias, las que aún sangraban al oir sus nombres, continuaban abiertas y manando, por donde iba perdiendo la vida, día a día.

Hoy hay casos, los hay, pero opino como Javier Rodríguez, "no hace tantos años" las cosas eran peores, mucho más habituales y, lo que es peor, mucho más aceptadas, como el destino que te toca y del que no puedes librarte.

Si en algo se ha cambiado en estos años, debemos mantener la actitud y el empeño para que dentro de otros 40, no existan amigas que hayan sufrido malos tratos, vejaciones y mucho menos, tener que ir a dejarles un ramo de flores en su tumba.

Gracias Fernando, tu granito de arena y las palabras de los comentaristas, dejan patente la idea de "el cambio es posible".

Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
No hay palabras para nombrar lo que sucede con la violencia, venga de donde venga. Una mente normal no puede admitir estas salvajadas. Estoy con Javier y María; creo que se va avanzando también en los temas de malos tratos. Hasta hace bien poco lo corriente era escuchar decir a una mujer: "a mí mi marido me pega lo normal" (y no es broma). En los países que describes, por desgracia, la situación es mucho peor y tendrán que pasar muchos años hasta que el machismo se vaya acortando. Es también un problema de cultura. Un abrazo.

Myr dijo...

Hola Fernando:

He estado a mil con huéspedes del exterior y poco tiempo disponible por el trabajo acumulado después de tamañas vacaciones que me di y por eso, no había alcanzado a contestarte el enlace del texto que hoy publicas aqui y que sí había leido con mucha atención cuando me lo pasaste.

(También me gusta dedidar calidad de tiempo a la lectura de los blogs que sigo y hacer comentarios, no solo pasar dejando saludos. Por lo que, ahora venía a hacerlo y me encuentro con que me citas en esta entrada. ¡Gracias, amigo!)

En resumen: todo ésto para decirte, que me disculpes por la demora y que mi vida hoy ha vuelto a la normalidad.

Gracias por presentar tu perspectiva masculina sobre un fenómeno tan lamentable. Y más, cuando eres testigo presencial de una realidad así por tus viajes a la India.

Como lo fundamento en mi entrada del 25 de Nov, prefiero hablar de Violencia intrafamiliar, más que de género pués, según mi manera de ver las cosas, este término incluye a todos los miembros del sistema familiar.

El hecho de que me haya decido a dedicar un número de entradas a este tema, surge como respuesta a varios pedidos que se me han hecho de abordarlo, con el objetivo de arrojar un poco más de luz sobre este fenómeno, que tiene multiples aristas, con miras a que sea de utilidad para quienes lo leen.

Un fuerte abrazo

Josep Julián dijo...

Recomozco que me cuesta hablar de este tema y no porque no sepa qué decir sino porque me produce "vergüenza de género".
No soy muy partidario de la globalización aunque admito que tiene cosas buenas. Por ejemplo, permite que conozcamos lo que sucede al respecto en sociedades muy alejadas de las nuestras y que las historias de la India, por ejemplo, hayan pasado de ser simples referencias "pintorescas" a fenómeno cercano. Eso ayuda, sin duda pero como en tantas otras cosas, los tiempos nos los marcaremos nunca nosotros sino ellos. En esas cosas, no conviene ser románticos.
Centrémonos pues en lo que está al alcance de nuestras manos, en lo que sucede en nuestra proximidad. Ya sabes, piensa globalmente pero actúa localmente.
Tienes razón en lo que analizas al principio de tu artículo, pocos hombres han escrito sobre esto, en mi caso ya lo he dicho, por vergüenza de género.
Un saludo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Germán:
Para mi, la violencia, en todas sus manifestaciones, es otra de las paradojas del ser humano que me cuestan comprender. No es normal lo que está ocurriendo en pleno siglo XXI en está Europa que llamamos progresista e igualitaria.
Un abrazo.
PD – La próxima vez que vaya a Valencia buscaré un hueco para tomar un café o lo que haga falta, pero esta vez se decidió a última hora mi viaje y mi “carné de baile”

Fernando López Fernández dijo...

Gracias por la aportación. Echaré un vistazo a tu recomendación. Todos los pasos que se puedan dar par para que esta lacra vaya desapareciendo van sumando.
Por otro lado, meter la pata no tiene por que estar mal y si te sirve de consuelo, a mi también me pasa porque como observarás hay amigos que tienen un altísimo nivel.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pablo:
Gracias por pasarte. Lo de India, como lo de muchas sociedades es sangrante. Yo respeto todas las culturas o costumbres, pero si no estoy de acuerdo con ello lo tengo que decir y contar (la gente piensa que India solo es espiritualidad y buen rollo y no es así). En cuanto a lo que apuntaba Germán y tú mismo, existen demasiados casos no sólo de violencia sino de discriminación y dominación. Cosa que tampoco he entendido nunca ni lo entenderé.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola MaS:
Totalmente de acuerdo con tu comentario. Lo grave es que socialmente puedan llegar a ser admitidos o alentados por uno u otro género. Entonces acaba convirtiéndose en costumbre lo que puede resultar muy, pero que muy peligroso.
Un saludo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pepe:
Gracias por pasarte. Yo creo que aunque esté todo dicho, habrá que seguir incidiendo en el asunto porque parece ser que hay gente que sigue sin entenderlo, ni comprenderlo, ni compartirlo.
Saludos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:
Gracias. Has dado en el clavo. No hace tantos años, esto (salvando las lógicas diferencias culturales) era así por estos lares. Y además con una especie de “comisarios políticos” del asunto vigilando las “costumbres”
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:
Gracias a ti por dejar este testimonio que refleja perfectamente lo que es el sufrimiento y el abandono en que se encuentran muchas mujeres (también algún hombre) como consecuencia del maltrato. Javier ha hecho una muy buena exposición sobre ello y como comentas esperemos que antes de 40 años estas situaciones, estos hechos hayan desaparecido definitivamente.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:
Vamos avanzando como comentáis pero hay que seguir trabajando para que lo corriente no sea escuchar la frase “a mí, mi marido me pega lo normal”. De acuerdo contigo también es que es un problema cultural y de cultura (educación)
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myr:
Encantado de verte pasar por aquí como siempre. Y estas disculpada por la demora (en Soul Business no se pasa lista ja ja).
A mi también me gusta más el término de Violencia Intrafamiliar que de género. Me parece más acertado y cómo dices, afecta a todo el entorno. Es decir, siempre se producen daños colaterales y en ocasiones directos.
Un abrazo y luego me iré a ver tu última entrada que aún no he leido

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep Julian:
Gracias por venir. Sólo una aclaración. El espíritu del post creo que no tiene que ver mucho con la globalización. En cualquier caso el ejemplo que he puesto ha sido para ilustrarlo. Quizás hubiese sido más adecuado hacerlo con una historia como la que nos deja María o una reflexión como las de Javier o Rafa. Coincido contigo en que debemos centrarnos en aquello que está al alcance de nuestras manos (lo de India es complicado) y eso pasa por mucha, mucha educación y desaprender conductas y olvidar costumbres de tiempos pasados.
Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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