miércoles, 14 de octubre de 2009

Momentos estelares de cada uno

En el post Libros del momento y libros de todo momento ya os amenacé o avisé con citar alguno de esos libros que, de alguna manera, desde mi punto de vista son únicos, de los cuales extraigo bastantes enseñanzas y me hacen reflexionar, quitando el aletargamiento a un cerebro que cada día va peor, pero que se resiste a abandonarse en la comodidad de que se lo den todo pensado y razonado.

Recuerdo que uno de los primeros libros que me regalaron fue «Momentos estelares de la humanidad» del escritor austriaco Stefan Zweig. Narrado estupendamente, recoge catorce momentos de la historia. Quizá no los más trascendentales, pero sí, los que de alguna manera y según su criterio supusieron un hito, un cambio, un punto de inflexión del ser humano. El libro, para mí, no trata tanto de hechos históricos sino, como relata Zweig en el prólogo, de momentos que a menudo pasan inadvertidos pero que cobran su importancia en el devenir de la historia. Hechos cotidianos que parecen pasar desapercibidos, pero que acaban cambiando el curso de las cosas. Son instantes, minutos, horas o días aparentemente insulsos que aislados no parecen tener trascendencia pero que concatenados pueden modificar nuestro destino.

Cicerón, Núñez de Balboa, Napoleón, Haendel entre otros personajes asoman en sus páginas consiguiendo que reflexionemos sobre lo esencial de la naturaleza humana, sobre lo que nos lleva a perseguir un sueño, sobre el modo en que proyectamos nuestras convicciones, sobre la pasión y el empeño en defenderlos. Habla de los procesos creativos (especialmente conmovedora la historia que narra el nacimiento de El Mesías de Haendel), de los esfuerzos con y sin recompensa y de muchas cosas más que no os cuento para que, si estáis interesados o no lo habéis leído, lo disfrutéis tanto como yo.

Pero a lo que iba, esos momentos no son ni más ni menos que la toma de decisiones o las indecisiones que nos acompañan desde que nacemos. Y es curioso. Ese momento en el que decimos Sí o No, en el que elegimos (el depende sólo es un momento de espera más que a su vez puede modificar nuestra elección), ese momento en el que también eligen objetiva o subjetivamente por nosotros, puede cambiar nuestro destino como le ocurrió a Núñez de Balboa que quedó segundón en la «Carrera de la Gloria» o a Dostoievski que gracias la decisión de otros, pudo acabar su obra más aclamada «Los hermanos Karamazov».

Al igual que en las historias, todos nosotros hemos sido protagonistas de momentos estelares que han cambiado para siempre nuestro destino. Unas veces para bien, otras para mal y otras veces para mejor (según nuestra propia objetividad o subjetividad, grado de optimismo etc.) pero siempre obedeciendo a esas decisiones que en apariencia no iban a ser trascendentes para nuestra vida.

Yo hoy voy a contar un momento estelar personal que de alguna manera me influyó en mi forma de ser. O eso creo. Ahí va:

En septiembre o primeros de octubre comenzaban las ligas de fútbol de juveniles. Tenía 14 años y no tenía equipo para jugar. Una de las cosas que más deseaba era integrarme en uno, pero no había muchas oportunidades porque los equipos ya estaban cerrados o contaban con mejores jugadores. Mi gozo en un pozo; me tendría que conformar con las pachangas de patio de colegio, equipo del barrio o similares. Sin embargo, un día, un compañero de clase, era el hermano del entrenador me invitó a probar en el equipo en el que jugaba. Ese equipo era una especie de Real Madrid o Barcelona de Ávila. Un equipo que siempre quedaba primero o segundo, aunque los medios ni los recursos eran los mismos. El caso es que, poco a poco, conseguí ser el tercer delantero. Un día, por esas cosas que tiene el azar, uno de los delanteros y uno de los extremos le dijeron al entrenador que no podrían ir al partido del sábado, con lo cual mi titularidad estaba asegurada.

El día del partido, pensando en que iba a ser titular, llegué veinte minutos antes del partido (no me acuerdo si la había liado en casa, me quedé viendo la tele o simplemente creí que podía hacerlo por ser yo) cuando lo normal era estar en el campo una hora antes como mínimo. El caso es que cuando llegué, el entrenador me había dejado de suplente por falta de respeto al resto del equipo. Fueron los 45 minutos más reflexivos que puedo haber tenido en mi vida cuando de fútbol se trata. En ese tiempo, aparte de comerme los demonios por no poder ayudar, maldecía mi estupidez y mí tontería. Perder una oportunidad así, significaba que iba a chupar más banquillo que el utilero, (que por cierto no teníamos). Sin embargo, el ir cero a cero en el descanso y que mis «compis» no estuvieron finos me benefició. Salí en la segunda parte y marqué los cuatro goles del equipo. Suerte, puede, pero sobre todo determinación para corregir un error. Tras el pitido final, era un adolescente feliz. Ese año, fui titular casi todos los partidos, acabando como máximo goleador o segundo que no lo recuerdo bien. Me cambiaban en el minuto sesenta o así, o más pronto si se había resuelto el partido antes. No me importaba. Gracias a ese momento estelar conseguí uno de mis pequeños sueños. Gracias a ese momento, aprendí que la disciplina es importante, que el esfuerzo imprescindible y que uno debe asumir sus errores, que el sufrimiento es parte del juego y que la pasión y la ilusión es cierto que muevan montañas.

Desde entonces, creo que mi vida ha sido una sucesión de momentos estelares que me han ido guiando con más o menos acierto, pero que en el fondo me hacen sentirme muy a gusto con lo que soy y lo que seré. Todos hemos tenido momentos estelares. Sólo hay que hacer memoria.



11 comentarios:

FAH dijo...

Fantástica historia Fernando. Ahora mismo llamo a Florentino Pérez a ver si puede hacer algo para el mercado de fichajes de enero ;) abrazo.

Myr dijo...

¡Qué gran Maestro ese enternador, que excelente lección y que magnífico dioscípulo que pudo incorporasr la enseñanza!

Mis Felicitaciones, Fernando y a propósito, ¿te veré en Barcelona?

Todavia estoy en Argentina unos dias más.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

@ Francisco:

No creo que esté yo para muchas a estas alturas del partido. Ya pasó ese momento estelar. ahora hay otros. Un abrazo

@ Myr: Si, un gran maestro, de los que pasan desapercibidos. Por otro lado, desgraciadamente no podré ir a Barcelona. Esos días tenemos eventos y me es imposible ir. Espero que vaya todo bien en Barcelona. Sigue disfrutando de tus vacaciones
Un abrazo

Economía Sencilla dijo...

Excelente ejemplo de como convertir un error en un éxito, por la motivación extra obtenida; en vez de ofuscarse y centrarse en el fallo, ver cómo darle la vuelta a la tortilla, sí señor...

P.S. Cuatro goles en medio tiempo, ay, si te hubiera visto un ojeador por ahí... ;-)

Un saludo
Pablo Rodríguez

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pablo:

Así es, los errores son oportunidades para aprender.
Lo del ojeador, ni se llevaba y tampoco era tan bueno, era una cuestión de disfrutar y poner pasión con lo que hacia.

Un saludo y gracias por pasarte.

Josep Julián dijo...

Tuve una amiga que siempre que contaba una historia hacía énfasis en los momentos estelares. Te contaba algo y de repente se interrumpía a sí misma para indicar "y ahora llega el momento estelar".
Un día que nos vimos me contó que había ido al médico por un asunto sin importancia y de nuevo se interrumpió "y ahora llega el momento estelar, me ha dicho que tengo un cáncer".
Conforme pasó el tiempo nunca dejó de contar las historias de ese modo. La echo mucho de menos.

Germán Gijón dijo...

Hola, Cristiano:
Tu momento estelar descubre que la vida, a veces, te recompensa con una segunda oportunidad si demuestras perseverancia. En tu caso aprovechaste esa segunda oportunidad, la que te "concedió" la posibilidad de disfrutar el momento.
Buff, el caso de Josep es de una crudeza considerable que requiere de una mentalidad positiva extraordinaria. Y lo digo porque yo tengo un caso en mi propia casa (lo vivimos desde hace dos años). En mi caso, cuando nos lo dijeron, no puedo decir que fuese un momento estelar, sino de profundo acojonamiento. Pero fuera historias, el chaval VA DE COÑA Y SEGUIRÁ DE COÑAAA!! De ahí lo de la perseverancia y la segunda oportunidad, ¿se comprende?
¡Uy! ¿Te he llamado Cristiano? Ahí va, perdón, quería decir Fernando Torr... estoooo.... López! (caramba, qué desliz)

Fernando López Fernández dijo...

Josep Julian:

Tal y como lo cuentas para mi tu tuvistes un momento estelar cuando conocistes a esa persona, que por lo que comentas, debió ser excepcional. Y ella, ella estoy convencido que hubiese comprendido lo que quería decir en el post. Un abrazo y GRACIAS POR TODO.

Fernando López Fernández dijo...

Hola German

No se si seguna oportunidad, pero si la posibilidad de reflexionar (lo cual, para mi es ya es importante). Como dices, la amiga de Josep Julian debió ser una persona excepcional, de las que apetece unir a tu vida.

No sé tu caso, pero como dices fuera historias. Yo pasé uno en mi entorno hace unos meses del cual escribí y creo que sé de lo que hablas.
http://fernandolopezfernandez.blogspot.com/2009/05/los-versos-robados.html

Como ves, ha habido coña marinera con mi capacidad goleadora. Eso si, de forma sana.

Un abrazo y gracias

Rafa Bartolomé dijo...

De coña marinera nada; lo mío es "puta envidia que decía santa Teresa" ¡Yo no he marcado cuatro goles juntos en toda mi vida! Bueno, una vez hice tres. No sé si aquél fue mi momento estelar; espero que aún esté por llegar. Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Rafa:

Yo incluso alguna vez meti más (eso ya en futbol sala), pero ninguno de los que he metido a lo largo de mi vida me supieron tan bien como esos. Con el tiempo, retrase la posición, pero seguí disfrutando igual.
Un abrazo

Soul Business

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