domingo, 11 de octubre de 2009

Lo mejor de dos mundos




Mañana es fiesta en España y mañana es fiesta en Hispanoamérica. Unos la llaman fiesta Nacional, otros de la Hispanidad y otros de la Raza. El hecho es que todas tienen que ver con el descubrimiento de América y cada uno celebra lo que le parece adecuado. A ambos lados del Atlántico hay detractores y defensores de la misma. Sin entrar a valorar en profundidad el asunto, lo cierto es que los españoles aparecen y aparecerán a los ojos del mundo como los malos de la película, aunque si muchos países supuestamente más civilizados fuesen objetivos (iban de buen rollo a otros sitios a hacer lo mismo que los españoles, pero tenían mejor departamento de comunicación) tendrían motivos para que se les cayese la cara de vergüenza, entonasen el «mea culpa» y se aplicasen la misma sentencia que hoy exigen a España que cumpla.

Cuando se conquista, civiliza o agrede a otro pueblo se acaba haciéndolo a las bravas. Lo demás son eufemismos y ciencia ficción.

Sí, nos pasamos cuatro pueblos durante la Conquista, aunque no es menos cierto que ésta nunca se hubiera conseguido sin el apoyo de una parte de los nativos que prefirieron estar subyugados a la Corona de Castilla antes que a otros pueblos, etnias, civilizaciones, vecinos o cómo se diga eso. Destrozamos muchas cosas, ultrajamos, violamos, matamos, robamos, contaminamos los cuerpos transmitiendo enfermedades que se desconocían y lavamos el cerebro imponiendo «la única religión»: Unos cabrones.

Hacer especulaciones sobre lo que hubiese pasado si no hubiera llegado Colón y los pueblos, civilizaciones e imperios (algunos como el Maya en decadencia) no hubiesen tenido contacto con Europa; si en lugar de castellanos, andaluces, extremeños, vascos, murcianos, gallegos, catalanes (que a esa aventura o movida se apuntó todo Cristo) la conquista la hubiesen hecho los anglosajones o los árabes…como ejercicio puede estar bien, pero eso no cambiará el curso de la historia.

Adoro América. Sin menospreciar nada, me siento más a gusto paseando por La Habana que en Los Campos Elíseos. Prefiero conversarme unas botellas de Herradura Reposado en cualquier cantina de México que unas garrafas de Vodka en el mejor local de Moscú. Comer en casa Augusto en Santiago de Chile antes que en la Truite d’Argent de Bruselas. No sé, me siento muy a gusto en América. Se me hace muy cercana, como si tuviese la sensación de conocer mucho de lo que veo, como si hubiese vivido allí toda la vida.

América ha dado mucho al resto del mundo. Cambió nuestros hábitos de alimentación, nos enseñó nuevos métodos de cultivo, técnicas de construcción, medicinales, materias primas que están presentes en todo el mundo; de las que se beneficiaron innumerables países; pero también aportó su herencia cultural, sus conocimientos. Nos dio lo mejor de su mundo.

Por su parte España también aportó sus cosas (que no todo fue malo), como el caballo, la vid, la imprenta, la metalurgia etcétera, además de otras materias primas, su cultura etc.…

Es decir, se encontraron dos mundos, y se fusionaron muchas culturas, lo que en el fondo, desde mi punto de vista está muy bien, aunque las formas no fueran las más adecuadas (momento histórico aparte) y sea el origen de ese odio y desconfianza hacia lo español que subsiste en muchos lugares de América. Aunque en honor de la verdad, también se encuentra mucho orgullo de la «herencia española» en muchos habitantes de Hispanoamérica.

El día 12 de octubre, para bien o para mal, se celebra una fiesta en la que más de 400 millones de personas de diferentes culturas, religiones, etnias y maneras de vivir hacen uso de una lengua común enriquecida y salvaguardada por todos (da gusto ver que bien se habla el español en muchos sitios; bastante mejor que en España por cierto) que creo que al final une más que separa.

Me gustaría que lo mejor de esos dos mundos volviesen a mirarse sin rencor, sin altanería para construir un futuro mejor para todos. Al fin y al cabo, España y América no son más que el resultado de la fusión y mezcla de pueblos y personas.

Por eso, me gustaría que Madrid, (España) se convirtiese en el rompeolas de todas las Américas como en su día lo fue de todas las Españas y que las próximas generaciones convivan en perfecta armonía, con oportunidades e igualdad para todos. Sería la mejor forma de agradecer a América todo lo que nos dio y todo lo que nos puede dar. Sería la única forma de encontrar este «Sueño Perdido» que a muchos, a ambos lados del atlántico nos gustaría se que se hiciese realidad.

Difícil, porque la naturaleza humana es perra, pero no imposible. Sólo hay que conocerse mejor y esto es cuestión de tiempo. Lo mejor de dos mundos siempre creará uno mejor.


7 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
Maravillosa reflexión.
En este asunto soy un poco escéptico. Es cierto que miles y miles de personas viajamos a estos países con lo mejor de nosotros mismos. Incluso recibimos con los brazos abiertos a todos aquellos que tienen que dejar su familia y su entorno para intentar sobrevivir. Pero en épocas como esta, el racismo se extiende por doquier y las multinacionales que explotan las materias primas arrasan con todo, que casualmente está en estos países.
En fin, que mientras algunos damos un pasito ellos dan 5 en sentido contario. O eso me parece a mi.
Ahora bien, no trato de dar un mensaje negativo, todo lo contrario, no debemos cejar, pero con la conciencia de que no es un camino fácil.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Gracia por el comentario. Quizás más que escepticos seamos realistas por lo que apuntas. Hay demasiado racismo o racismo selectivo en este asunto. También algunas multinacionales (no todas) son como conquistadores de guante blanco que no mejoran la situación. Aún así, hay que seguir dando pasitos sabiendo como dices que el camino no es fácil. Creo que merece la pena hacerlo.

Un abrazo

Germán Gijón dijo...

Hola, Fernando:
Habrá mezcla de culturas y fusión de pueblos, porque la identidad dejará de mirar hacia atrás. Y eso no está reñido con las tradiciones, porque imperará la educación y el respeto. Somos distintos a como éramos hace veinticinco años, y seremos distintos dentro de veinticinco años. Como bien dices, a lo largo del transcurso del tiempo iremos dando pasitos, porque tampoco podríamos asumir un cambio radical.
Un gran artículo, Fernando. Este sí que da para largos momentos de meditación porque es, ni más ni menos, nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Un abrazo, Fernando.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Germán

Gracias como siempre por participar. Fusión sin perder tradicción. Eso sería lo ideal. No es un proceso de la noche a la mañana evidentemente. Hay que trabajarlo en todas direcciones. De ello , dependerá el futuro de todo. Ójala impere, como dices,la educación y el respeto. Sería todo más fácil.
Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Muy buena reflexión. Yo soy optimista al respecto, pues creo que la mayor barrera, la frontera más difícil de cruzar, es la lengua, y afortunadamente poseemos esta misma vía de comunicación, por lo que ya sólo dependemos de nosotros como personas. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:
Yo no esto tan seguro de que la lengua sea la mayor barrera. me inclino más por el tema racial y/o de clase, pero indudablemente el que la comunicacion sea más fluida siempre ayuda. Por lo demás, como dices, solo depende de nosotros.
Un abrazo,

Katy dijo...

Una objetiva reflexión vista desde el S. XXI
Da la casualidad que mi infancia, y juventud, mis estudios entonces (bachillerato superior) y parte de vida fueron al otro lado del charco y en tres países diferentes.
España en aquel entonces era "La madre Patría"
Se celebraba el "Día de la Raza"
Hace algún tiempo asisto perpleja a lo que tan bien has expuesto aquí.
Se ve que la memoria histórica es contagiosa.
Quizás mi cariño por ambos continentes no me deja ser objetiva. Solo quizás. Es cuestión de experiencia
Bss

Soul Business

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