martes, 13 de octubre de 2009

Cuentos de las noches tristes: Deseo cumplido

Llevaba algún tiempo sintiéndose extraña, lejana, distante. Era la primera vez que se encontraba así. Toda su vida había sido fácil, previsible, controlable. Ahora, tenía miedo. Sentada en la mesa del café, observaba como el humo azul del cigarrillo que acababa de encender se entremezclaba con el del humeante café que el camarero le había servido unos instantes antes. Por primera vez en su vida tenía miedo. Mientras el humo ascendía hasta desaparecer de su vista, ella descendía al universo de los recuerdos; ese lugar que, aunque se comparta, lo administra uno mismo a su voluntad, modelándolo en el tiempo y en el corazón.

Recordaba su época de colegio; olor a goma de nata, ¡Cuántas veces deseo comerse la goma!; el olor a madera talada por el saca-puntas que afilaba pinturas y lapiceros que servirían para expresar con las manos lo que no se podía hacer con la palabra; el sol, la lluvia, el frío; las excursiones llenas de absurdas canciones y bocadillos envueltos en papel de plata; lágrimas y mocos con sabor a tierra; ¡Cuántas veces se había peleado! Sobre todo, con chicos: En algunas ocasiones el resultado era un castigo. Sonrió. La verdad, pensó, es que no había sido una niña normal y su especialidad era hacer continuas demostraciones de la fuerza física y mental que tenía que hacían que otros niños se lo pensasen dos veces antes de enfrentarse a ella.

Años después, su primer trabajo y la sensación de que poco a poco su vida se iba haciendo más aburrida. Ya no sentía el sol ni la lluvia ni el frío. Le faltaba algo, le faltaba vida.

¡Cómo había pasado el tiempo!

Al fondo del bar, dos jóvenes bebían sus cervezas mientras escribían por turnos en servilletas de papel. Parecían divertidos; intercambiaban miradas cómplices, sonrisas, gestos... Estaba claro que era un juego. Un juego al que ella, años atrás, al salir del trabajo, también había jugado en una cálida tarde de primavera. Un juego, en el que por primera vez en su vida, había desnudado su alma sin saber muy bien por qué. ¿Serían las cervezas...? ¿Qué había pasado ese día? En las frágiles servilletas de papel, escritas en letra irregular pero firme, había escrito todos sus anhelos y deseos.

Algo se movió dentro de ella, cerró los ojos y comprendió, en ese instante, que los deseos se cumplen cuando se piden con el corazón.

Una hora antes, el médico le había dicho que iba a tener un hijo.

Ya no tenía miedo, y, en ese momento, volvió a ser la persona más feliz del mundo.

Este cuento lo escribí hace años para mi amiga Lourdes Moreno. El hecho de publicarlo se debe a una fenómeno que me ha llamado la atención. Un montón de amigos y conocidos o han tenido o van tener un hijo este año o a primeros del que viene. Esto, diréis, puede ser normal, sobre todo si se conocen entre ellos y pueden haberse puesto más o menos de acuerdo (que también pasa). Lo que ya no es tan normal es que la mayoría de las parejas superan los cuarenta años y van a ser primerizos. Y a esas edades, por lo que dicen, siempre es más complicado. Además, no son momentos fáciles para alimentar más bocas y las energías, muchos días, andan justitas.

Me gusta la decisión que han tomado y sobre todo, me gusta la ilusión con la que esperan a alguien, la valentía de hacerlo cuando pintan bastos y la generosidad con la que deberán entregarse el resto de sus días a ello. Un poema de Johnny Welch, un ventrílocuo mexicano, en una de sus estrofas decía así: «He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por primera vez el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre».

Y esto es lo que han hecho mis amigos, familiares y conocidos varios. Dejarse atrapar para siempre. No se si será casualidad este nuevo «Baby Boom» cercano, pero como digo, me gusta, porque no hay nada más triste que un país sin niños.

Así que como Lourdes me dio permiso para publicar el cuento, lo he hecho para dedicárselo a todas esas personas que creen que un mundo con niños siempre es necesariamente mejor.

14 comentarios:

FAH dijo...

qué gran post, fernando. Desde luego, los niños son el sumatorio de muchas buenas cosas... Preparo un artículo que llevará por título: "Esos locos bajitos". En cierta ocasión le preguntaron a la Madre Teresa de Calcuta:

- ¿Los mejores maestros?

A lo que contestó:

- Los niños.

1 abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Gracias Francisco.
De acuerdo con lo que dices. son un sumatorio de muchas cosas. Aguardamos con interés el post, que seguro nos aporta mucho.

Un abrazo

Economía Sencilla dijo...

Bonita historia y precioso homenaje, me ha encantado ¿será porque tengo una niña pequeña, que me tiene "atrapado", como decía Johnny Welch?

No sé si se habrán puesto de acuerdo o no, pero bueno, hoy en día sí es cierto que se tienen los hijos mucho más tarde... puede ser más complicado, aunque hoy en día hay muchos adelantos, y el seguimiento que hacen del parto, sobre todo si son primerizas, da tranquilidad.

Un saludo
Pablo Rodríguez

Rafa Bartolomé dijo...

Hubiera sido un pecado por parte de Lourdes que no te hubiera dejado publicar tan bonito cuento. Los niños son la vida y vienen cargados de regalos y te atrapan, cómo no. Yo he tenido una inmensa suerte con ellos y además con Susana me tocó la lotería -nació el día del sorteo de Navidad(2o-12) pues aquel año, como iba a nacer la niña, lo adelantaron dos días, coincidía la coronación del Rey o la promulgación de la Constitución, una de las dos cosas-. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pablo:

Gracias por pasarte. Los niños llenan de energía y atrapan. Consiguen sacar lo mejor de nosotros. Y eso es muy bueno.
Un saludo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

La verdad es que te toco la loteria con Susana y a Nico el gordo.

Un abrazo

Josep Julián dijo...

Como dice un amigo mío, a los niños te los comerías de pequeños y luego cuando son mayores te arrepientes de no haberlo hecho ;-)
Es broma. Todo lo que sea decidirse a traer una nueva vida es admirable y más a esas edades en las que, como dices, las fuerzas andan justitas.
Un saludo.

Fernando López Fernández dijo...

Así es Josep Julian, como dicen las abuelas que gusto da cuando llegan los nietos y qué alegria cuando se van.

Pero el hecho, como apuntas, es admirable.

Un abrazo

Josito dijo...

Este fin de semana he sido tío, y además una compañera de trabajo ha dado a luz: en definitva, dos niños nuevos al Mundo.
Y me pregunto, ¿ cómo se lo dejaremos ?
Un saludo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josito:
Bienvenido a Soul Business

Pues no lo se, dependerá mucho de lo que seamos capaces de hacer entre todos. Espero que mejor que este.
Un saludo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Maravillosa sensibilidad.
Lo del dedo ya lo había oido pero no me acordaba. Es perfecto. Yo sigo "trincado" y encima me gusta.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Yo no tengo niños, pero por lo que se, me cuentan y he visto, parece que es una de los aconteciemientos que hacen más felices a los hombres.

Gracias como siempre por participar y enhorabuena por tus útlimos post. Son geniales.

susanatauride dijo...

Los niños son un nuevo comienzo, una nueva oportunidad. Yo aprendo cada día con ellos, sobre todo a mirar la vida con limpieza e inocencia, y sobre todo con igualdad.
Precioso cuento. Lourdes habra soltado alguna lagrimita y seguro ha sonreido como una niña al volver a leerlo.
Mil besos.

Fernando López Fernández dijo...

Susana:

Un placer como siempre verte por aquí y por allí. Tu trabajas con niños y sabes que (contradicciones aparte) los niños, al final son los que mueven el mundo. Otra cosa es cuando los queremos hacer a nuestra imagen y semejanza. Ahí empiezan los conflictos. Tengo, al igual que Francisco Alcaide, otro post pendiente sobre el tema.

Un beso, y nos vemos el viernes.

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