lunes, 7 de septiembre de 2009

Nos dejamos engañar (y lo sabemos)

No tengo la menor idea de cuando el hombre se convirtió en un ser racional, entre otras razones porque año más, año menos, no me va a aportar a estas alturas de mi vida (no soy antropólogo ni freaky del asunto) gran cosa y uno ya empieza llenar el disco duro con historias que a su juicio le parecen más interesantes. Además, no está el cerebro como para almacenar cosas sin ton ni son ya que – como los ordenadores - puede petar y reiniciarlo no siempre funciona.
A lo que iba, desde ese momento en el que el hombre comenzó a comunicarse mediante la palabra y dejó de actuar bien por instinto, bien como consecuencia de la experiencia aprendió a razonar. Hasta aquí, con matices, todos de acuerdo. A lo largo de los siglos, cuanto más razonó, más experimentó y más se documentaron las experiencias, más se desarrolló la civilización y a medida que pasa el tiempo, esos cambios se producirán más rápidamente. Y si no, echad las vista atrás, diez, quince o veinte años y pensad cuantas cosas han desparecido o están a punto de desaparecer (máquina de escribir, telex, polaroid…) y cuantas tendencias sociales han cambiado (ley del tabaco, culto al cuerpo, tatuajes…) o cuantas normativas o leyes van cambiando como consecuencia de ese cambio (medio ambiente, sociales…) En teoría, nunca como hasta ahora, la sociedad había estado tan bien. Lo tenemos casi todo para seguir evolucionando y que la vida nos ponga como nota un PA (progresa adecuadamente) y sin embargo acabamos fastidiándola.
Si miráis desde la distancia a la España de cinco o seis años atrás (justo después de la crisis de las punto.com), a mucha gente le parecería que vivíamos en los «Mundos de Yupi»: La crisis se llamaba pelotazo o trinque fácil; las colas del paro no es que estuviesen mal vistas, es que no se veían – al menos de puertas para afuera-; recibíamos regalos del gobierno y España no es que fuera bien, es que iba de «puta madre» ¡Qué tiempos aquellos! ¿No?
Pues no, no era buenos tiempos aunque nos lo hicieran creer o nos lo creyésemos. Si hubiesen sido buenos tiempos, hoy no estaríamos hablando de desesperación, de pobreza, de falta de esperanza, porque nos hubiésemos detenido a razonar y pensar, y no nos hubiésemos tragado la cantidad de mentiras adornadas de eufemismos que nos contaron y siguen contándonos. Tampoco hubiésemos tragado con esta política de pan y circo a la que nos tienen acostumbrados cuando ya no hay de qué mentir y nos desvían el problema con fútbol, baloncestos, festivales y cosas así.
Nos dejamos engañar y lo sabemos. Estamos ávidos de verdades que nos den sosiego, pero cuando estas llegan preferimos no hacerlas caso y seguir escuchando otras mentiras. Nos dejamos llevar por ellas y somos incapaces de reflexionar y asumir que el cambio, empieza por uno mismo sin hacer demasiado caso a los ruidos que nos pueden bloquear o petar el disco duro. Tantos años de civilización, de razonamiento y nos la siguen colando y lo sabemos; y además nos gusta. Somos muy raritos.
Nos podría pasar lo mismo que al fulano de esta historia árabe que os dejo y que me ha parecido genial.
Cierto día un hombre capturó un canario minúsculo, al que sujetó en la palma de la mano. El canario intentó negociar su libertad, diciendo al hombre:

-¿Qué quieres hacer conmigo? Soy muy pequeño. Dame la libertad y yo te diré tres verdades que te serán muy útiles en la vida.

-¿Pero cómo sabré que tus verdades tienen valor para mí? -replicó el hombre.

-Es sencillo: te diré la primera verdad mientras estoy todavía en tu puño; de ese modo podrás juzgar por ti mismo su valor, mientras estoy en tu poder. Te diré la segunda verdad cuando haya alcanzado la rama de ese árbol; si dudas de su interés, todavía me podrás alcanzar con una piedra. Finalmente, te diré la tercera verdad, la más justa, cuando ya vuele por el cielo.

El hombre encontró aceptables esas condiciones; después de todo, nada tenía que perder. Así pues, le pidió al pájaro que le revelase la primera verdad.

-Hela aquí -respondió el pájaro-. Si pierdes alguna cosa, aunque se trate de tu propia vida, no debes lamentarlo.

El hombre sonrió. "Ah -se dijo-. He aquí una verdad profunda. El desapego de las formas exteriores es el secreto de la verdadera libertad". Y dejó que el pájaro volase hasta la rama del árbol, desde donde le dijo:

-He aquí la segunda verdad: No creas todos los absurdos que te dicen, a menos que se te proporcione la prueba.

El hombre asintió una vez más. "Decididamente este pájaro es un gran sabio -se dijo-. Esta verdad es tan justa como la primera. El hombre se encuentra atraído de forma natural por la mentira y por la ilusión, causas de su codicia y de su falta de deseo de verdad. De ese modo se le puede hacer creer lo que sea". Y dejó que el pájaro volara. Pero apenas había abandonado la rama, cuando se puso a gritar:

-¡Desgraciado! No sabías que yo me había tragado dos enormes diamantes, gordos como tus dos puños. Si me hubieras matado, habrías hecho fortuna.

Al oírle tales palabras, el hombre montó en cólera e intentó tirarle piedras al pájaro, pero este se hallaba fuera de su alcance. Entonces el hombre empezó a lamentarse por su suerte y a dolerse por la fortuna que había dejado volar tan estúpidamente. Y en esto escuchó al canario que estaba riéndose.

-¿Por qué te ríes? -preguntó el hombre-. ¿Te estás burlando de mí?

-Sí -respondió el pájaro-. Porque tu codicia te hizo olvidar las dos verdades que te había enseñado. Te dije que no había que lamentar jamás una cosa, aunque fuera tan preciosa como tu vida, y tú ya te lamentas de haberme liberado. Te dije que no creyeras cualquier cosa sin una prueba, sobre todo cuando es algo que va contra el sentido común. Ahora bien, me has creído cuando te he dicho que me había tragado dos diamantes gordos como tus dos puños, cuando lo cierto es que todo mi cuerpo cabe en la palma de tu mano.

El hombre, lleno de confusión, no se atrevió a decir nada más. Pero el pájaro continuó:

-Eres un necio, y no mereces ni siquiera las verdades de un canario. Sin embargo, voy a decirte ahora mismo la tercera verdad, la más justa de todas. Hela aquí: Por culpa de su codicia y de las limitaciones de que es prisionero, de las cuales no logra librarse, el hombre se verá siempre pegado a la superficie de la tierra, y jamás podrá volar.

Y el pájaro remontó el vuelo hacia lo más alto del cielo, mientras el hombre se quedaba tristemente en tierra



10 comentarios:

FAH dijo...

Excelente historia, voy a twittearla. enhorabuena. abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Gracias Francisco. me alegro que te haya gustado. Un abrazo

Josep Julián dijo...

Verdades como puños. Y si no, basta con ver lo poco de aprendemos de nuestros errores.
Un saludo.

Fernando López Fernández dijo...

Josep Julian:

Gracias como siempre por pasarte. Yo creo que no es más cómodo no aprender o es que somos muy tontos.

Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

¡... y es que ...no tenemos remedio!

Fernando López Fernández dijo...

Asi es Javier, no lo tenemos.

Un abrazo.

Katy dijo...

Si señor, genial somos así de imbéciles. Al final ni volamos ni tenemos nada. Tu si, si te apetece, me viene a tiro :-)
Vengo a darte la buena nueva de que tienes un reconocimiento para tu blog en el mío que te lo entrego con todo el cariño. Espero que lo recojas y lo postees, pero si no lo haces tampoco voy a llevarme ningún disgusto. Total libertad. Un abrazo

http://katy-tocandootrospalillos.blogspot.com/

Mas vale pajaro en mano que ciento volando

Fernando López Fernández dijo...

Muchas Gracias Katy por el detalle. para mi, el mejor reconocimiento es que sigas pasándote por aqui.

Yo seguiré pasando por el tuyo para aprender a cocinar.

Un abrazo y gracias

la margarita mia dijo...

hola fernando, cuanta razón en esa fabula, siempre el ser humano se a interesado más en lo nimio que en las cosas serias(hasta que nos toca), y después todo son quejas y corre corre, ahora todo el mundo se preocupa de la crisis pero como bien dices cinco o seis años atras, nadie se preocupo por lo que se hacía en el país, es decir que seguiremos pegado a la tierra por mucho tiempo, gracias por tus reflexiones en este post tan interesante, saludos.

Fernando López Fernández dijo...

La margarita mia:

Gracias por venir a Soul Business y participar. Así es, nadie se preocupó y ahora lo estamos pagando todos. L pero, es que cuando se salga de esta, nos olvidaremos hasta la próxima.

Un saludo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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