domingo, 13 de septiembre de 2009

Historias breves para una tarde de domingo

Los domingos, por lo general, se hacen otras cosas. Se cambia por unas horas el orden al que nos sometemos o estamos sometidos. Sólo hay que salir a la calle para comprobarlo. Hay menos ruidos, menos gente, andamos más despacio. En definitiva, parece que el mundo o nosotros vamos al ralentí. Parece como si nuestras capacidades, niveles de concentración estuvieran, ya digo, bajo mínimos. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Esa relajación, esa modorra, esa hibernación temporal que nos entra, nos permite a su vez tener la mente más clara (al no estar pensando en muchas cosas a la vez, ya sea trabajo, obligaciones, compromisos...) dejándonos la oportunidad de concentrarnos o disfrutar de aquello que nos gusta. Es decir, «tenemos tiempo» para nosotros que aprovechamos para leer, pasear, cocinar, ver familiares y amigos, ir al fútbol, al Campo, a la Sierra…Cada uno, a su manera.

Por eso, como habéis llegado aquí, (os agradezco el tiempo que invertís en Soul Business) y yo voy a hacer otras cosas, os dejo unas muy breves historias para la tarde del domingo que no cuesta mucho leerlas y que lo mismo sirven para reflexionar, que para jugar. Espero que os gusten.

El sentido de los cuentos

El Maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...

- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...

- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.

- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo

- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?

- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.

- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?...

- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...

- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte...

- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...

- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.

El maestro hizo una pausa y dijo:

- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada

La rosa y el sapo

Había una vez una rosa roja muy bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. Se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordena al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: Esta bien, si así lo quieres. Poco tiempo después el sapo pasa por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces:

-Vaya que mal aspecto tienes. ¿Que te pasa?

La rosa contesta: Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual.

El sapo solo contesta: Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín.

La rana y los gansos

Una rana se preguntaba cómo podía alejarse del clima frío del invierno. Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabía volar. «Déjenmelo a mí -dijo la rana-. Tengo un cerebro espléndido». Luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una caña fuerte, cada uno sosteniéndola por un extremo. La rana pensaba agarrarse a la caña por la boca.

A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Al poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de allí salieron para ver el inusitado espectáculo. Alguien preguntó: «¿A quién se le ocurrió tan brillante idea?» Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamó: «¡A mí!» Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca, se soltó de la caña, cayó al vacío, y murió.

Un minuto de sabiduría

- ¿Existe eso que se llama "Un minuto de sabiduría"?-preguntó el alumno.


-Por supuesto que existe, replicó el maestro.

-Pero un minuto ¿no es demasiado breve?.

- No, es cincuenta y nueve segundos demasiado largo.






5 comentarios:

Katy dijo...

Lo que yo daría por un minuto de sabiduría, pero real...
Muy bonitos tus cuentos y después de esto sigo tu consejo y me voy a dar un paseo por la Melonera :-)

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Eres un suicida. ¡Hacernos pensar un domingo por la tarde! ¡Cuando todos estamos "comatosos" pensando en que nuestro equipo va a bajar a segunda (creo que menos 3-4 equipos, el resto estamos ahí) o que mañana hay que ir a trabajar!
¡Dichosa depresión dominical!

Fernando López Fernández dijo...

@ Katy. los cuentos, que me hubiera gustado escribirlos no son míos y la verdad no se de quienes on pero me gustaron.

Hace años que no me paso por la Melonera, ¿sigue igual de animada?

saludos

@ Javier:

De suicida nada. La culpa será del Bilbao que lleva unos años que vaya vaya ... Y piénsalo así, mañana es lunes , hay que trabajar, pero la semana ya está vencida.

Un abrazo

Katy dijo...

He estado en la Melonera, y da pena. Han dejado la Arguenzuela hecha un erial con el entierro de los túneles. Lo mejor han sido los fuegos artificiales. Creo que las fiestas este año han sido un churro por lo que me han comentado. La crisis ha llegado hasta las fiestas también y no hay un duro para invertir. No te has perdido nada :-)

Fernando López Fernández dijo...

Eso me imaginaba Katy. que había cambiado mucho desde que quiatron parte del paruqe.

Un abrazo

Soul Business

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