sábado, 26 de septiembre de 2009

Diarios de Viaje y extractos de viaje II

Hoy, los Sueños perdidos

Sobrevolando América

«Volábamos en un pequeño avión. Desde la ventanilla izquierda inclinando la vista hacia la tierra se divisaban los Cayos de Belice y, al virar, la Selva del Petén con su inmenso lago sólo y salvaje. Sobre nosotros el suave azul del cielo de América. Dentro de la cabina, la modorra que deja una luz de siesta y el ronroneo monótono de los motores que arrullaban a un pasaje medio dormido.»



Paseando por Flores

«En lo alto de la isla, subiendo calles mal empedradas se llega al Parque Central donde se encuentra la iglesia, un edificio del gobierno y una cancha de baloncesto donde no hay «dream teams» y niños y adolescentes juegan de forma muy simple al baloncesto errando continuamente pases y tiros a una canasta herrumbrosa. »

«En el pequeño graderío, un corro de muchachos y niños, fantasea con el manejo de las motos y quizás con la otra América. En un banco, algo apartado y sombreado, dos enamorados, cogidos tontamente de las manos, se dicen cosas sin mirarse a los ojos, mientras un anciano repanchingado me observa con una indiferencia estudiada y, de reojo, a los demás. Frente a la iglesia, al fondo, hay varios quiosquitos y puestos que anuncian «refrescaciones» y otras bebidas con pinturas descoloridas que seguramente vieron mejores tardes de paseos, noches de anheladas ilusiones y domingos de traje bonito y de sonrisas de niños que tenían las manos llenas de dulces.»

Visitando Antigua

«Ahora, mirando las ruinas, como si de una Grecia o Roma española se tratase, paseando entre la derrota, sé que hubo un sueño. Un sueño que hoy está roto. Y sé que hubo una Antigua de guerreros, y una Antigua de frailes y de monjas; una Antigua lejos de todo donde criollos, mestizos, indios y españoles se fueron al carajo, quizás porque los sueños no pueden construirse con lágrimas y dolor.»



De un viaje en Chicken bus

«En el camino a Zunil, cada pocos metros subía y bajaba la gente de un valle rodeado de montañas; un valle manchado de aldeas y casas solitarias. Cada parada llevaba su tiempo como si esperásemos a alguien que estuviese a punto de llegar. Nadie protestaba por esos retrasos que consumían la mañana y mi improvisado itinerario del día. Mi mente los empleaba en mirar por la ventanilla regodeándome en esos instantes que nos regala la vida y que rara vez aceptamos. Regalos visuales que te concilian con el mundo; como los abrazos de dos amigos en medio de una calle; la imaginación de los niños jugando a inventar su mundo; o el mimo con el que un tendero ordena su mercancía; o ese letrero escrito con faltas de ortografía que expresa un sentimiento; o un paisaje que se convierte por momentos en un lienzo que guardarías con celo en el museo de tus recuerdos.»

«Desde mi perspectiva de asiento trasero observaba como las mujeres, con sus trabajados y exclusivos huipiles, iban involuntariamente entretejiendo un mosaico multicolor al apretar sus cuerpos en esos asientos que fueron creados para transportar niños y no adultos. Muchos de los que subían llevaban consigo el olor de haber dormido junto a una hoguera, aromatizando con el frío de sus cuerpos y ropas el autobús, dejando en el ambiente esa sensación de agotamiento sucio que deja el humo muerto. »

Continuará

2 comentarios:

Katy dijo...

No conozco Antigua si Trinidad y Tobago. Muy bien narrado, me has llevado de la mano todo el tiempo tienes alma de poeta.Me ha encantado la foto del autobús, solamente le faltaban unas gallinas, para parecerse al de la peli "Tras el corazón verde"
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy, si las gallinas también iban dentro, pero afortunadamente (no aguanto las gallinas)cada vez más van en cajas de cartón.

Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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