domingo, 27 de septiembre de 2009

Diarios de Viaje y extractos de viaje y III



Desayuno en Kumbakonan – South India

«Sobre la mesa, los camareros extienden una hoja que podría ser - o no- de banano a modo de mantel y plato sobre el que depositan dosas; comida a montoncitos que es mezclada, devorada y eructada con urgencia. Los comensales apenas hablan o levantan la mirada. Al finalizar se dirigen a un pequeño lavabo, pagan y se van.»

«Un anciano vestido con un dothi de cuadros azules y camisa celeste mil veces lavada a juego y chanclas de varios números más, se arrastra por la sala, rellenando los vasos de metal, sirviendo agua de una jarra metálica. Sobre su bigote blanco lleva el cansancio de la vida. Va escanciando cada vaso de forma parsimoniosa, recreándose en cada vertido, como si intuyese que ya le queda poco y en realidad, lo que escancia es su propio agotamiento, el de su vida, o al menos eso es lo que parece decirme cuando al querer servirme agua, cruzamos las miradas. »

Mahes – South India

«Cada mañana, Mahes cambia la guirnalda de jazmín que perfuma el coche. Antes de partir reza sus oraciones; piensa constantemente en su hijo que en los próximos días cumplirá un año. A él, a su familia, dedica la mayor parte de sus oraciones y las otras, pienso, que están relacionadas con mi persona o con mi bolsillo. No lo culpo; forma parte de su trabajo o más bien de su salario; así que cada día intenta con más o menos disimulo intentar convencerme de algo por lo que seguramente se lleve su comisión. Unas veces de ir a un hotel determinado; otras a pasar la noche en otra ciudad.»

«Reorganizar mis horarios era una de sus actividades favoritas que, por lo que deduje, tenía bastante que ver con los sitios que conocía para su lunch. Sabía que yo no iba a comprar nada y así se lo dejé claro el primer día, pero a pesar de todo insistía en llevarme a tiendas, donde el día que me apetecía entraba a rechazar alfombras de cachemira, joyas, esculturas gigantes, pinturas en seda y souvenirs varios. »




El ciego de Damasco – Agua, Arena y Piedra

«Por momentos parece que estás dentro de un cuento, de una época que ya no existe o que a lo mejor no la vemos o no somos capaces de verla. El ciego avanza guiado por un lazarillo que no debe tener más de doce años. Me pongo a pensar sobre ello y, no deja de ser curioso que el ciego se deje llevar por los ojos de un niño, por la inocencia, por mundos que es posible que sea incapaz de comprender. Es posible incluso que a pesar de los años, de la vejez, el ciego sea capaz de ver con la mirada de un niño. »




Hanoi – Días de ojos rasgados

«El barrio antiguo del Hanoi es una cuadrícula imperfecta donde la gente vive a ras de suelo y los árboles acompañan las aceras. Sentados en pequeños escaños de plástico charlan, comen, miran y sobre todo ven pasar la vida. Hay numerosos puestos de Bia Hoi donde se bebe cerveza que apenas tiene presión y se come cualquier cosa, desde patas de pollo hervidas o chamuscadas o trozos de despojos y despojos de los despojos próximos a la putrefacción. No obstante todo parece hacerse con calma, con esa especie de quietud vietnamita que todo lo abarca. Es difícil andar por la acera porque la gente, las motos, las bicicletas no dejan espacio. Así que hay que caminar al borde de la acera evitando por igual vehículos y personas.»


«Me dirijo otra vez a la Catedral de San José que esta vez sí está abierta. En el interior apenas diez mujeres, que rezan el rosario o eso imagino yo con una devoción enternecedora y contracorriente que traslada mi imaginación a épocas de misioneros y que no se por qué conforta. Y me pregunto que lleva a estas personas a abrazar una religión que nunca fue la suya, a ser católicos en un país muy poco religioso aunque abunden los templos. Me integro en el silencio de la iglesia y los rezos son música bisílaba que emociona y se pierde en los tímpanos. »


4 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

¡Que envidia me das!
No sólo porque viajas todo lo que puedes y quieres sino porque eres capaz de reflexionar sobre ello y disfrutar de la escritura tanto (¿o más?) que del viaje.
Yo cuando viajo también pienso en lo de tomar notas y luego escribir, pero... se me queda en eso, en intenciones.
¡Acojonante!

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier

Ya me gustaría a mi viajar más. estoy convencido que tu disfrutas y reflexions tanto o más que yo. Y lo de tomar notas, siempre se está a tiempo. En realidad es como tomar fotos comentadas.

Un abrazo

Katy dijo...

Hola Fernando, tampoco te puedes quejar de los buenos garbeos que te has dado por nuestro planeta. Conozco Damasco y la calle de la foto que has subido. No he estado en la India, pero se andará.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Si yo no me quejo, pero eso no quita que me gustaría viajar más.
Que bonita es la ciudad de damasco verdad?

Soul Business

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