miércoles, 9 de septiembre de 2009

Del botellón, del alcohol y Leo Harlem

Acabo de llegar a casa. Vengo de conversarme unas cervezas con unos amigos. Han sido más de dos y tres, pero nos las hemos conversado. Hemos hablado de lo humano y lo divino (de esto menos porque no tenemos mucha idea) y ha estado bien. Posiblemente a más de uno, nos hubiese apetecido quedarnos un poco más, y alegría, que no decaiga, la última y nos vamos y esas cosas. Estábamos, como dice la canción, muy agustito, pero el sentido común, la sensatez, los años, nuestras otras obligaciones y el bolsillo, nos han dicho que más vale una retirada a tiempo que hacerse al día siguiente el intelectual en el curro simulando que piensas, cuando en realidad tienes un dolor de pelota y un mal cuerpo del carajo. No es bonito.
Todo esto viene a cuento, de la noticia que aparecía en portada en gran parte de la prensa y abría las noticias de diferentes canales de televisión. En Pozuelo se había montado «La de Dios es Cristo», «La de San Quintín» cuyo origen era un botellón: para los lectores del otro lado del Atlántico o desconocedores de las costumbres de eso que aún se llama España, una multitud de personas (más de mil o así) bebiendo en espacios públicos con la sangre y boca muy caliente y el cerebro aparcado al abrir la botella.
Pues bien, la noticia contaba que, varios, muchos o todos (depende del medio que lo contase) de los asistentes a estas fiestas, que por cierto son anunciadas por los mismos medios y semi autorizadas por Ayuntamientos, (de hecho habilitan espacios o explanadas) que desean ser noticia, habían querido asaltar la comisaría de la localidad y se habían producido incidentes o disturbios.
Y no me extraña. Ya no se sabe beber. En países como Italia, Francia, España, Portugal..., el alcohol era un medio y no un fin. De hecho, el borracho estaba mal visto. Había una cultura o forma de entender el asunto. Todo lo contario de lo que ocurre en países como en Finlandia, donde lo más natural del mundo es «cocerse» cuando toca: como el que va a setas.
Y, en este país, nos llevamos a la cabeza y nos escandalizamos de que los jóvenes se hayan convertido en hooligans o prefieran el fin al medio. Siempre vieron a los mayores beber o fumar como la cosa más natural del mundo; vieron como la sangría corría a litros, y como se les inició casi voluntariamente en esos ritos de mayores. Siempre hay una imitación, por mucha rebeldía adolescente que se quiera vender. Pero a estos adolescentes no se les advirtió de los peligros (tan solo unas broncas, cuatro voces moralizadoras mientras se sujetaba el chato, el botellín, el «Veterano» o el vaso de Whisky) ni de que el alcohol puede ser un medio (a veces ni eso) pero nunca un fin. Lo más a dejar el garrafón y pasarse a la marca
Un día hablaré de los «Connaisseurs».
Hay una gran diferencia entre trasegar o conversar una botella. Y esa lección, parece que se olvidó hace mucho tiempo.
El botellón siempre ha existido. La diferencia es que antes era un medio: es decir, se conversaba; era furtivo y tranquilo. Ahora se ha convertido en un Record Guinness de ver que pueblo, ciudad, o región junta la mayor cantidad de gilipollas gritando y cantando como consecuencia de esos etílicos efluvios (pon aquí la marca) provocados por veinte tragos de golpe. Todo por ser noticia. Unos y otros. Así nos va.
Yo seguiré conversándome las botellas o las cervezas y, cursi o tonto de mí, el único ataque en el que me meteré será el de la melancolía (para los cánticos regionales estoy mayor)
Os dejo un extracto de Leo Harlem, un tipo con el que me he conversado unos cuantos “clinky clinking” hablando sobre este tema. El lo trata con humor, pero los dos sabemos que esto es muy serio

8 comentarios:

Katy dijo...

Buen comentario. Yo lo he posteado también pero poniendo el link de ABC para que el quisiera pudiera leer la notica. ¿A donde vamos?AHacoia dónde camina esta sociedad nuestra que está totalmente enferma. Un saludo y las cañitas son excelentes como tu bien dices, pero con cabeza.

FAH dijo...

jaja. me ha gustado todo, pero sobre todo lo de finlandia. estuve el año pasado por esas tierras y es increible. lo q más me sorprendió fue que las chicas también va muy "cocidas". buen video. abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Asi es, luego nos extraña que pasen cosas raras, pero es que ya no existe esa cultura de beber como medio y sí como fin. Lo que es una pena.

saludos

Fernando López Fernández dijo...

Francisco:

Me alegro que te haya gustado. El día que quieras ver el espectáculo me lo dices. Y lo de Finlandia como dices, es tremendo y las chicas, casi las peores (y esto no es machista eh¡¡)

Un abrazo.

susanatauride dijo...

De acuerdo como siempre. Cuando nos conversamos unas cañitas?
Muchas gracias. Un beso.

Fernando López Fernández dijo...

Susana:

Cuando quieras, por supuesto. las cañas ganan mucho con tu compañía.

besos

Myr dijo...

Hay que saber beber... como dices, como medio para una conversación y no como un fin en si mismo....

En Colombia, Mexico etc también se bebe muchisimo. En Colombia, tenian hace años los viernes "culturales". No se si sigue siendo así. Me dió asco, ver a borrachos de traje y corbata, tirados en la calle...

Cuando vivo en Suecia, no viajé a Finlandia por eso ) Si estuve en Noruega y Dinamarca) En Suecia, como sabes, hay mucha restricción etilica. Los suecos viajan en ese barco a Helsinski para emborracharse. Entonces, ¿para que pasar un mal rato?

Me gusta beber, socialmente, si, para pasarla bien.

ZZZZZZZZZZZZZZZZZBuenas NochesZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myr:

El problema es cuando se pierde el control y eso suele ocurrir cuando se bebe como fin.

Yo hice una vez la travesía Helsinki - Estocolmo en un ferry crucero y el espectáculo era tremendo. Por la mañana, cuando desembarcabamos, muchos salían dando tumbos.

Coincido contigo, en que beber por beber no merece la pena.

Un abrazo

Soul Business

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