miércoles, 16 de septiembre de 2009

De fechas y aniversarios

No soy muy dado a rememorar, conmemorar o celebrar aniversarios. Ni de hechos catastróficos o dolorosos como el ataque a las Torres Gemelas, la II Guerra Mundial etcétera ni de asuntos más agradables, como podría ser la caída del Muro de Berlín, o asombrosos como la llegada del hombre a la Luna. Incluso mi cumpleaños hace ya años que no lo celebro o lo hago muy discretamente. Supongo que hay algo en el ser humano (que no sé muy bien que es) que le lleva a recordar fechas y ha hablar durante unos días de lo qué ocurrió años atrás. Me parece razonable, aunque opino, que no son más que datos que no aportan nada. Es decir, la fecha en sí misma no aporta valor.

Personalmente, no me dice nada que un fulano naciese hace cien años como ha sido el caso de Mariano José de Larra cuyo centenario (el del nacimiento, luego vendrá el de la muerte) se ha cumplido este año. Lo que si me interesa es lo que hizo Larra, no el día que nació.

Aclaración (el párrafo de arriba ha sido publicidad subliminal; pero a Larra hay que leerlo y releerlo)

Bien, después de estos segundos de publicidad, en todos los casos (buenos o malos, alegres o tristes) no me interesa recordar el aniversario sólo durante unas horas, días o meses. Más bien, me gusta tener el hecho presente siempre, como se tiene presente a los seres queridos aunque hayan abandonado este mundo.

Ahora se está rememorando el 70 aniversario de la II Guerra Mundial. No me gustan nada las guerras, pero como la vida es contradicción, como postea Francisco Alcaide, por esta en concreto tengo debilidad, lo que me ha llevado a leer varios libros y crónicas sobre el asunto que me han ayudado a conocer un poco mejor lo que somos.

Pues bien, esta guerra la tengo muy presente en mi memoria aunque no la viví; y sé, más o menos lo que pasó (que la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad en asuntos de armas acaba siendo relativa en función de quien cuente, cómo la cuente y en el momento que la cuente) y las consecuencias de la misma, que son las de siempre: dolor, desamparo e injusticias. En definitiva, derrota: antes, durante y después.

A mi estas cosas no me las recuerda una fecha, me las recuerda un libro como «La estepa infinita» de Esther Hautzig que narra en primera persona su vida en la estepa siberiana tras la invasión rusa de Polonia y cuya lectura encierra interesantísimas reflexiones (que compartiré en próximas fechas con vosotros) sobre la capacidad tan extraordinaria que tiene el ser humano para sobrevivir y buscar la felicidad en las condiciones mas adversas.

Las fechas, para mi, sirven sólo como la alarma que se pone en el móvil o la cita programada de la agenda o del Outlook. Cada uno tiene sus motivos, que pueden ser como respeto, homenaje, nostalgia, vanidad…

Lo importante, lo esencial es comprender que podemos evitar algunos errores, que no debemos olvidar, pero tampoco volver al pasado para construir el futuro y sobre todo, no volvernos locos llenándonos de fechas y números sin entender que si sólo nos centramos en los aspectos superficiales o comerciales (se gana mucho dinero en este negocio de los centenarios, aniversarios…) no habremos entendido nada.

Larra y Esther Hautzig en Breve

6 comentarios:

Katy dijo...

Paarcialmente de acuerdo en grandes líneas. Generalidades... Creo que además de negocio (pero cuando se trata de gente importante)sirven para recordarnos esas barbaridades a generaciones futuras para que no caigan en ese terrible error de nuevo. No son nostalgia precisamente. (Soy hija de la II y no te puedes hacer ni idea de los estragos psicoógicos que arrastran los que la han sufrido) Lo de las fechas de cumpleaños, a no ser por el Outlook, o móvil o agenda, muchas familias ni se hablarían. Es un motivo para reunirse y verse de vez en cuando. En lo persol totalmente de acuerdo. es una idiotez. Lo que importan son las obras y lo que dejas atras. Pero esto es para cabezas pensantes como nosotros jajaja :-)
Muy bien expuesto, como tú sabes hacerlo. Saludito

Fernando López Fernández dijo...

Me refería precisamente a eso Katy, a que hay que recordar siempre y hacérselo recordar nosotros a las generaciones futuras. (no cada 5, 25, 59 o 70 años)Lo de la nostalgia era sólo uno de los motivos (no en el caso de cosas negativas evidentemente)

Para mi, lo que si se podría recordar serían los logros y las cosas positivas.

Un abrazo

Josep Julián dijo...

Me parece que nos presentas un tema con muchas aristas. La conmemoración de algo (a título personal o social) tiene que ver sobre todo con el poder de evocación emocional o sentimental que concita y eso es inevitable, pero otra cosa es que, citando uno de los ejemplos que relatas, como es el centenario de Larra eso me incite a leerle si es que antes no me interesaba. Sucede con esto como con la navidad, que parece que tiene que gustarnos a todos por narices.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep Julian.

Gracias por venir y participar. Seguramente no lo haya expresado bien. Cuando me refería a la conmemoración lo hacía en dos planos. Uno el numérico, el de la fecha como tal, que suele corresponder a años múltiplos de cinco (5, 25, 35, 40, 50, 80…) que no me interesa y si el poder de evocación emocional o sentimental como matizas perfectamente. Es decir, el hecho, lo que se conmemora en cuestión, y que es el que me importa, y que evoco en cualquier momento y no cuando me lo marcan.

Por otro lado, el momento. Es decir no me aporta nada ni el nacimiento ni la muerte de Larra, lo que me aporta es lo que hizo Larra y lo que escribió. Al igual que en la II Guerra Mundial me interesa además del cuando, el qué, por qué, cómo y el donde. Cuando nos interesamos por esto, la conmemoración siempre acaba teniendo más sentido y es entonces cuando tiene un valor emocional, que en definitiva las emociones son las que nos mueven.

Como has dicho, he dejado muchas aristas, y gracias a ello, diferentes puntos de vista que sin duda enriquecen los comentarios.

Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Muy interesane post y no menos interesane debate el que podríamos mantener a tenor de los comentaros de Katy y Josep Julian. No echo más leña al fuego porque nos liaríamos, aunque bien pensado igual sería lo mejor. Creo que hay matizaciones y puntualizaciones que podríamos añadir, pero lo mejor sería una buena sobremesa, que seguro daría mucho de sí.
Saludos.

Fernando López Fernández dijo...

Javier:

No es malo debatir, cada uno lo vemos desde un punto de vista y seguramente, al final, es el enfoque lo que hace la diferencia. Coincido contigo y así lo he manifestado en que Katy y Josep Julian han aportado unos grandes comentarios y coincido contigo en que se podría echar más leña al fuego, pero eso sí, en una sobremesa como dices.
Un abrazo

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