miércoles, 23 de septiembre de 2009

De envidia, violencia y alma

Me la enviaron hace tiempo. Se trata de una historia china que refleja muy bien lo que es la envidia. Quizá lo que vaya a decir sea una memez, una afirmación sin ninguna base científica, filosófica ni sicológica. Quizás sólo tenga una relación más o menos directa. O quizás lo que vaya a escribir no sea más que una perogrullada que todo el mundo sabe. Lo que es más posible y dice mucho sobre la candidez desde la que tecleo estas líneas. Pues bien, allá voy.


La envidia es el origen de la mayoría de los actos violentos ya sean físicos, psíquicos o verbales.

La Real Academia de la lengua española la define como la «Tristeza o pesar del bien ajeno» en su primera acepción y en su segunda como «Emulación, deseo de algo que no se posee», y a ellas me remito para explicarlo.

Desde que el hombre pobló la tierra ha deseado lo que no tenía. Al principio de una forma primaria, casi animal, y más tarde y, en adelante, haciendo uso de eso que se llama razón y que por lo visto nos diferencia de los animales, aunque de esto tampoco estoy tan seguro.

La violencia tiene su origen en la envidia, aunque creamos que lo que la origina sea la codicia, el odio, la ira o la ambición, que son sólo los medios de los que se vale para manifestarse y que, tarde o temprano desencadenan en esa violencia de la que hablo. Evidentemente no toda la envidia es violenta, pero mucha sí.

Una persona cuando es envidiosa está atrapada en un deseo ciego de poseer lo que no tiene de arrancar una posesión al que la tiene. Y muchas veces no se trata de bienes materiales sino de otros para los que no existen mediciones precisas ni se pueden contrastar. Me refiero a aspectos tales como las emociones o el espíritu que si bien se pueden «domar» no se pueden nunca poseer. Esa doma se hace a través de la violencia ya sea física, psíquica o verbal, pero el que hace uso de ella nunca conseguirá poseer lo más íntimo de cualquier ser humano: su alma.

Ni el jefe que machaca a sus empleados, ni los empleados que machacan a su jefe, ni el hombre que pega a una mujer, ni la mujer que atormenta a un hombre, ni el niño que veja a otro, ni el país que invade a un pueblo…nadie, ninguno, conseguirá nunca esa posesión, y como la envidia ciega, nos confunde y pasa hambre lo único que provoca es que quien la tiene, tenga que alimentarla haciendo uso de la violencia.

Coged un periódico, escuchad las noticias, y observareis que no voy muy descaminado en lo que digo. La envidia no solo se ocupa de temas materiales como el de la historia de hoy. ¿O pensáis realmente que esta leyenda acabó así?

Seguro que hay una segunda parte.

Tras el fallecimiento de un viejo cortesano, se produjo una violenta disputa por la herencia entre sus dos hijos. Se peleaban por llevarse la mejor parte del patrimonio familiar, en continuos pleitos escandalosos, desde el reparto de los terrenos hasta la división de unos objetos insignificantes, sin la menor consideración del amor fraternal. Por muy equitativo que fuera el reparto, siempre se imaginaban que el otro se llevaba algo más.


Se sometieron al arbitraje del tribunal, sin que el juez pudiera determinar realmente cuál de los dos se había quedado con un poco más de la herencia. Ante la imposibilidad de dictar una sentencia justa, el tribunal relegó el difícil caso al juicio del mismo emperador. Tampoco le fue nada fácil al monarca formular un veredicto para dar fin a la interminable pugna.


En esa situación, el primer ministro Chang se ofreció a resolver el litigio.


Si Su Majestad me concediera autorización, yo podría terminar rápidamente con el caso.


Tras conseguir el permiso real, Chang regresó a su residencia, en donde citó a los dos litigantes.


— ¿Habéis dicho la verdad en vuestras acusaciones?


—Sí, señor, es totalmente cierta mi acusación. Los dos se pronunciaron simultáneamente. Dicho esto, el ministro les hizo firmar un documento en el que se reafirmaban en haber dicho la verdad, toda la verdad. No atendió ni un minuto a los argumentos que los dos hermanos habían repetido en tantas ocasiones y directamente dictó la sentencia.


—Considerando que os acusáis mutuamente que el otro se ha quedado con más herencia y sostenéis que es cierto lo que decís, ordeno que os cambiéis vuestras pertenencias hoy mismo, siendo irrevocable la sentencia, cuya ejecución se llevará a cabo hoy mismo.






¿Se quedaron satisfechos? o ¿acabaron como muchos a tiros?


10 comentarios:

Katy dijo...

Bueno Fernando este es uno de mis temas traídos y llevados y más espinosos. Lo he subido a mi blog también. He escrito páginas y páginas y hasta alguna poesía sobre el tema en mi juventud. Me han hecho mucho daño personas envidiosas y sin motivo porque tengo poco que envidiar.
Al cabo de tantos años he madurado lo suficiente como para comprender que es una enfermedad y muy grave para el que la padece, y ahora soy capaz de tener lástima a alguien así. Pero hasta que lo he comprendido he sumado mucho dolor. Ahora sé que no hay envidia sana la sola palabra repugna. No es de buenas personas desear lo que otro tiene y cuando se sufre por el bien y éxitos ajenos la herida y daño que te llegan a hacer a veces es irreversible.
En fin creo que casi todos hemos sufrido en mayor o menor grado esto en nuestras carnes.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Así es Katy, es una enfermedad, pero como indico, genera violencia y hace daño como apuntas.

El no poseer algo degenera en esa envidia, que a su vez acaba utilizando la violencia como medio de expresar la frustracción.

Un abrazo

FAH dijo...

Fantástico post. un tema apasionante en de la Envidia... que como dice Pedro Ruiz se escribe con "E" como "España"... La historia muy buena. Hace algún tiempo publiqué un post en mi blog titulado: "La gestión de la envidia";

http://franciscoalcaide.blogspot.com/2009/02/la-gestion-de-la-envidia.html

Fernando López Fernández dijo...

Hola Francisco:

Es un tema apasionante como habéis dicho Katy y tu, y muy española.

Twitteo tu post que, sinceramente, es bastante mejor que éste.
Un abrazo

Katy dijo...

Ya se Fernando que no te va esto esto de los premios pero no puedo dejar de dartelo, por tu trabajo pero esta vez es cómo seguidor de mi blog de Tocando palillos Pero como siempre totalmente libre de aceptarlo etc. Un beso
http://katy-tocandootrospalillos.blogspot.com/2009/09/fijate-en-los-blogs-buenisimos.html

Rafa Bartolomé dijo...

En efecto la envidia es muy de nuestra forma de ser los españoles; aunque pienso que debe de existir en todo el mundo, si no ciertas cosas no tienen explicación. En lo que no estoy enteramente de acuerdo con alguno de tus contertulios es en que no exista una envidia(si se puede llamar así) sana. Se puede envidiar a un escritor, a un actor, por cómo escribe o cómo actúa, a sabiendas de que uno no lo conseguirá nunca. En fin es un poco lioso porque a lo mejor esto que digo no es puramente envidia.

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Fernando:
¡Chapeau!

La cuestión es que nos desgastamos en cosas, que, bien pensado no nos aportan nada.

No sé si tiene mucha relación, pero según lo he leído me ha venido a la cabeza este otro post de Eduard Punset.

http://www.eduardpunset.es/blog/?p=338

Que lo disfrutes.

Fernando López Fernández dijo...

Katy:

Gracias y como seguidor de tus blogs te lo acepto y hablaré de ello proximamente.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa, yo a eso que se llama "envidia sana", lo llamo admiración. pero quizás sea una forma de expresar.

Te recomiendo el artículo de Francisco Alcaide sobre ello

http://franciscoalcaide.blogspot.com/2009/02/la-gestion-de-la-envidia.html

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Javier
Buenísimo el artículo de Punset.

Totalmente de acuerdo en que nos desgastamos en cosas que no aportan nada.
Gracias por compartirlo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...