lunes, 21 de septiembre de 2009

Cuando más es menos

Todos queremos más como dice la canción. Es natural, normal y forma parte de la naturaleza del ser humano. Está bien que así sea. De no ser así, seguramente muchos de los avances, de los descubrimientos, de los inventos no hubiesen tenido lugar o se hubiesen retrasado en el tiempo. La ambición, en su más amplio sentido, es lo que ha movido el mundo. Unas veces, para bien, y muchas, para mal.

A lo largo de los siglos, no hemos sido capaces de hallar un punto de equilibrio que equilibre la balanza en la que se mide la ambición. Y eso ocurre, porque en uno de los platillos siempre ponemos más. En el de la virtud o ambición razonable, es decir, aquella que impulsa nuestra vida pero no se adueña de ella solemos poner deseos, ideales, sueños: nuestras intenciones más nobles, que generalmente, y salvo excepciones, pertenecen a nuestro mundo que es más personal, más íntima. Por el contrario, el otro platillo, el de la ambición desmedida, se carga con defectos tales como la soberbia, la codicia, la avaricia o la vanidad. Y estos, al final y desgraciadamente, pesan más y acaban por descompensar la balanza.

Casi todas las guerras, el ocaso de naciones e imperios, crisis económicas, hechos violentos y genocidios varios han tenido que ver con está descompensación: Han vencido la balanza hacía el peor de los lados, dejando en el camino la ruina, el desamparo o el caos, destruyendo lo que se había construido. Pasa mucho: el artista que acaba hundiéndose o perdiéndose porque su ambición se transformó en vanidad volviéndose caprichoso y vago, acomodándose en su fama y no desarrollando su talento; la empresa que crece y se expande sin control para ganar cuota de mercado y/o «prestigio» sin tener en cuenta más que los beneficios que se podrían obtener etcétera. Y, eso, como en la balanza, acaba cae por su propio peso.

Más obliga a más. Más concentración, más aspectos a vigilar, más flancos abiertos, más cambios en nuestra forma de ser porque tenderemos a proteger lo conseguido y porque querremos ser más admirados o temidos. Eso lleva inevitablemente a un descuido de nosotros mismos, a olvidarnos del «lado bueno» de la balanza, a ser más dependientes de cosas superfluas, a ser prisioneros de nuestra propia ambición. A ser una pieza más del engranaje y a ser menos nosotros mismos. A depender de cosas que no estaban entre nuestros planes al nacer, ni en el lado de la balanza que nos interesaba.

A ser menos.






10 comentarios:

FAH dijo...

fantástica reflexión, casi siempre en el origen de todas las caídas está la ambición desmedida. Lo decía Demócrito: "Las cosas más agradables de este mundo se convierten en desagradables cuando no reina la moderación".

Fernando te mando a tu mail personal ahora el briefing de 1€d q te comenté en su día. te estaba escribiendo en este momento.

Espero tus comentarios.

Salu2.

Fernando López Fernández dijo...

Si, suele ser así. Llega un momento en el que la ambicion nos domina y no al reves.

Gracias por enviarme el briefing. Lo miro y te comento.

Un abrazo

Katy dijo...

Por el contrario, el otro platillo, el de la ambición desmedida, se carga con defectos tales como la soberbia, la codicia, la avaricia o la vanidad. Y estos, al final y desgraciadamente, pesan más y acaban por descompensar la balanza.
Buena frase y más si esto es como le suele ocurrir a gente poderosa que tiene en sus manos el destino y timón de los pueblos. En definitiva nuestro destino. Un abrazo y te deseo una feliz semana.

Fernando López Fernández dijo...

Así es Katy, hay gente que tiene nuestro destino, pero simepre se lo podemos impedir un poco.

Gracias por venir , Feliz semana también para ti.

Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Muy bueno. Hay mucha profundidad en esta reflexión. Más de uno tendría que leerlo y sonrojarse, si bien no va a suceder ninguna de las dos cosas. Me permito completar tu post con un titular que leí ayer en el suplemento de EL CORREO. Dice así:
"Los líderes del G-20 tratan de compensar alas víctimas de la crisis con mensajes de castigo a los ejecutivos de la banca".
¡Y es que me da una risa...!

Josep Julián dijo...

La historia de las civilizaciones es un calco de cuanto dices. Todas sin excepción han sido pasto de sus propias debilidades, que han llegado cuando su desmesurado tamaño o ambición les han hecho perder la conciencia de quiénes eran y dónde estaba el origen de su fortaleza. Sucede que cuando esto se produce, lo que queda es una debilidad endémica y los fastos del pasado que nunca volverá. Pienso ahora en el imperior otomano y en el austrohúngaro no por cercanos sino por ser ejemplos recientes. Y me pregunto cuando franceses, alemanes y británicos aceptarán que la grandeza ya forma parte del pasado.
Claro que queda la historia inconclusa de las aspiraciones de las naciones que fueron ocupadas y que aún andan preguntándose qué falló para ser humilladas. La historia actúa en esto como en la tierra sedimentada, que sólo es visible la última capa y por eso nos maravilla cuando excavamos y descubrimos que, en realidad, sólo se asienta sobre ruinas de otros sueños rotos. Buena reflexión, y el comentario demasiado largo.
Un saludo.

Fernando López Fernández dijo...

Javier:

No solo te permito sino que estás en tu casa. Y además, a mi también me da la risa (por no llorar)con ese tipo de declaraciones.
Compensar ¿qué sabrán ellos? Me imagino al pequeño empresario, al ahorrador, al que está en el paro diciendo yuju, bien, ya estoy compensado

Ayer precisamente me estuve riendo también un rato con 3 periódicos de tirada nacional.

Gracias por la aportación.
Saludos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep Julian:

Como sabes, me gusta viajar. El año pasado estuve en México y Guatemala . Mi diario de viaje "los Sueños Rotos" que espero acabar en unos meses trata en gran parte de lo que apuntas. todo se construye sobre ruinas y excesos, sobre sueños rotos.

Gracias por venir y el comentario que no ha sido largo sino magnífico y muy bien argumentado.

Saludos

Rafael Bartolomé dijo...

Querido Fernando: después de casi dos meses, hemos vuelto de unas largas vacaciones; es lo que tiene la jubilación. Tu post último me parece de una enorme profundidad, Siempre he creído que la mayoría de las personas viven su vida como una huida hacia adelante. Prometo ir leyendo tus post anteriores. Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Don Rafael.

En primer lugar, espero que hayas tenido unas magníficas vacaciones. Me alegra verte por aquí de nuevo. Y ya se por Nicolás y Susana que habéis participado en un rodaje. espero poder ver pronto el resultado del corto.

Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...