miércoles, 26 de agosto de 2009

¿24 horas de diferencia?


Madrid 13 de agosto de 2009. Diez y media de la mañana. Acabo de regresar de viaje. Veinticuatro horas atrás, paseaba por la capital camboyana observando la vida de sus calles. En ellas, pobres, lisiados, granujas, mendigos, vagos, porteadores, marujas, comerciantes, buscavidas, ciclo taxis, motos y un servidor nos chocábamos en los alrededores del viejo mercado intentando tomar cada uno una dirección. Avanzábamos como podíamos acompañados de un olor que mudaba de agrio a acre en cuestión de segundos; que mudaba en función del poder del sol y de la acumulación de inmundicias que eran arrojadas en los improvisados basureros que se formaban cada pocos metros en las aceras. Deambulábamos o permanecíamos quietos en medio de una orquesta de voces desacompasadas; del rugido de los generadores y los acelerones y pitidos de las motos; del aburrido susurro de los ventiladores que espantaban a las moscas; del murmullo de puestos lejanos y ruidos metálicos cuyo origen era incierto. Allí estábamos todos juntos, a mogollón, y la miseria y el dolor, al igual que la alegría se mimetizaban en el ambiente.
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Madrid 13 de agosto de 2009. Salgo de casa tras dejar tirados los bártulos en busca de algo de comida. Antes doy un paseo por la calle Princesa para reencontrarme y observar la vida de una ciudad, que en esos momentos, se me hace aséptica y sin vida. En ella, pobres, buscavidas, transeúntes, taxis, coches y un servidor nos movemos muy separados acompañados por el olor y el ruido de las obras cercanas: vuelta a la rutina. Sin embargo, advierto una cosa. Ha aumentado considerablemente el número de mendigos que, a diferencia de lo que ocurre en Phnom Penh, no pueden mimetizarse en el ambiente, ni ocultar su miseria, ni mezclarse. Por un lado los pobres, por otro, el resto, a nuestra bola.

Madrid, lunes 17 de agosto. Diez de la noche. Salgo a dar una vuelta para que me de un poco el aire después de haber estado recluido por un calor que silencia las calles. Hay varias familias, con bolsas y macutos sentados enfrente de los supermercados esperando llenar su «cesta de la compra» con los alimentos caducados arrojados a los contenedores. Cae la noche y a lo largo de la calle, en los cubos de basura que están a pie de los portales, se ven sombras encorvadas que buscan la carroña y sobras tiradas. Es una estampa silenciosa y triste que se repetirá en las siguientes noches.

Aunque sé que estas situaciones son habituales en casi todas las grandes ciudades, lo cierto es que en los últimos tiempos estas escenas se repiten y han aumentado con más frecuencia, sacando a la luz los defectos de un modelo creado teóricamente para igualar a los hombres, pero que, en la práctica, cuando el mecanismo se estropea, los separa más originando más diferencias.

En Phnom Penh, como en muchos lugares del mundo, están acostumbrados a vivir en la escasez, en la pobreza. En Madrid, en los países ricos, en eso que llamamos primer mundo, me da la sensación de que no. Y eso nos puede hacer todavía más infelices. Es una reflexión que debemos hacernos.

Mi amigo Javi, me envió hace un tiempo este video que ilustra muy bien lo que está pasando a nuestro alrededor. No hace falta ir lejos, como me sucedió a mi hace unos días para comprobarlo.
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Un euro al día: un poco de todos es mucho.

8 comentarios:

FAH dijo...

Buen análisis. Interesante. A ver si puedo avanzar con lo de "un euro al día". abrazo.

Myr dijo...

Terrible realidad. Y como bien dices, no hace falta ir más lejos para comprobarlo... en nuestro primer mundo, ahi a la vuelta de la esquina "a ese barrio al que no vamos" le sucede a diario... y aún delante de nuestras narices, no lo vemos... no lo queremos ver.

NO debería ser asi.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Francisco:

Observando se sacan muchas conclusiones y te haces una idea de cómo está el mundo.

Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Myr, así es. Tendemos a no querer ver lo que nos incomoda. Como bien apuntas , no debería ser así.

Un abrazo

Josep Julián dijo...

Lo del vídeo me parece sumamente ilustrativo de lo que aún teniendo delante de las narices nos empeñamos en no ver. Puede que así nos sintamos mejor con nosotros mismos.
Un abrazo,

Fernando López Fernández dijo...

Así es Josep Julian, tendemos a ver sólo lo que nos interesa.

Espero que hayas tenido unas magníficas vacaciones.Bienvenido otra vez.

Un abrazo

Pedja dijo...

Fernando enhorabuena por el post, me hace reflexionar, con un euro al día cambiaos el mundo, a por ello¡¡¡, un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Asi es Pedja, hay que empezar a moverlo porque un poco de todos es mucho y como deices en tu blog Todo lo que no se da se pierde.

Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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