sábado, 11 de julio de 2009

De estudio, conocimiento, experiencia y sabiduria

Admiro a la gente que es capaz de estudiar y estudiar ampliando sus conocimientos. Me parece que poseen varias virtudes como son la voluntad de querer aprender, el esfuerzo que supone concentrarse en la materia y la renuncia a la utilización del tiempo en otros menesteres más livianos. Conozco muy poca gente que haga del estudio su afición favorita (excepto, claro está, aquellos para los que el estudio es casi un hobby y/o se apoyan en él para su crecimiento personal) De hecho, si os fijáis, desde que somos niños, queramos o no reconocerlo, nos cuesta hacerlo, ya sea en la universidad, cuando se preparan oposiciones, cuando se realiza un examen de ingreso…La razón de ello creo que se debe a que estudiamos y estudiamos pero muchas veces no sabemos ni para ni por qué. Y eso, tiene su mérito.

Todo esto viene a cuento de que, en general, la gente, al final adquiere muchos conocimientos, pero comprende pocos. Es decir, se aprenden una lección y la recitan como si fuese un mantra pero no entienden ni el contenido ni la utilidad de su perorata.

Mucha teoría y poca práctica.

Por otro lado, también nos encontramos con la soberbia de algún estudioso de salón (como uno de los protagonistas del cuento de hoy) que cree que el hecho de haber estudiado y adquirido más conocimientos que otra persona le da derecho a saber más de la vida que otras personas, cuando en realidad todo depende del entorno en el que te encuentres y la posibilidad de aplicar el conocimiento a ese entorno.

Es decir, Estudio si: Conocimiento, por supuesto, y Experiencia, necesaria. Esas son las claves que llevan a la sabiduría. Aunque me temo que muy pocos la consiguen ni la conseguiremos.

Feliz Fin de semana
Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:

-Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?
-No, señor -repuso el barquero.

-Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.
Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:
-Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?
-No, señor, no sé nada de plantas.

-Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.

El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:

-Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas. ¿Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?

-No, señor, nada sé al respecto. No sé nada de estas aguas ni de otras.
-¡Oh, amigo! -exclamó el joven-. De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.

Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:

-Señor, ¿sabes nadar?
-No -repuso el joven.
-Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.
El Maestro dice: No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la Sabiduría.

4 comentarios:

susanatauride dijo...

¡Que buena historia! pero es mejor la moraleja. Alguien dijo una vez "El saber es el sedimento de lo aprendido", disculpa mi desconocimiento pero no se quien es el autor de la frase.
Muchos besos.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Susana.

Gracias por pasarte y por regalarnos la frase. Es magnífica haya quien la haya escrito.
Besos

Rafa Bartolomé dijo...

Tengo un buen amigo que ha hecho de la experiencia su forma de vida. No es persona que pudiéramos llamar instruida, es más bien torpe hablando y comunicando cosas, pero ha sabido con gran esfuerzo y voluntad levantar una empresa mecánica dedicada a fabricar piezas de precisión que es una verdadera cátedra de conocimiento. Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Como en el ejemplo que pones, es la experiencia la que alumbra el conocimiento. No se trata de ser más o menos leido o instruido sino de comprender lo que nos rodea.

Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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