martes, 16 de junio de 2009

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo Galeano – El libro de los abrazos

Hace unos años, mi amiga Susana Bartolomé me regalo este estupendo libro del escritor uruguayo Eduardo Galeano, del cual he seleccionado ese extracto porque el post de hoy va de Los nadies.

Como muchas otras cosas en la vida, descubrí tarde a los autores hispanoamericanos y siempre posponía su lectura por esas excusas tontas que sólo nosotros nos creemos y, que en este caso, obedecían a la indiferencia que me provocaba cualquier cosa que no viniese de ese ombligo del mundo que en mi mente lo conformaban por este orden: España, Europa y Estados Unidos. Afortunadamente unas cuantas recomendaciones, unas cuantas lecturas y otros tantos viajes te «quitan la bobada» y te preparan no sólo para abrirte la mente y ver el mundo con otra perspectiva o considerar otras ideas, sino también a recibirlas.

Me gustan los escritores hispanoamericanos. Una vez que te metes en faena con ellos van gustando cada vez más. Quizás porque sus escritos vomitan con una prosa cuidadísima toda la profundidad de América; toda la realidad del ser humano, con sus grandezas y miserias; por cómo te conmueven o te confunden las historias que cuentan (en las que si os fijáis, siempre hay un hueco para la poesía), pero siempre dejándote la sensación de que debes reflexionar y ser tu quien acabe la historia o la continúes.

Y eso es lo que voy a hacer hoy: más que acabar, continuar esta historia de los nadies porque yo los he visto, y ellos me han visto; y cuando hemos cruzado las miradas, sus ojos se han escondido humildes y temerosos de los míos, avergonzados de no haber tenido la oportunidad de saber lo que es la dignidad porque les fue arrebatada por la indiferencia de la soberbia humana: que ve pero no mira, que oye pero no escucha y que piensa pero no razona. Y los he visto morirse de hambre; y más aún de pena, porque casi nadie les quiere y casi todo el mundo acaba esquivándoles de sus vidas; y los he visto llorar hacia dentro ahogándose lentamente en una miseria que les impide alzar la voz; alejándose de todo, sumisos, como el León vencido por el tiempo, en una soledad que deviene con los días más serena; buscando cobijo en un alma solidaria que decidió correr la misma suerte y en unos recuerdos que se van borrando conforme aumenta el agotamiento y la desesperación. Los he visto tambalearse, apoyándose en cualquier muro para no caer, aferrándose a una esperanza que nunca acaba por venir, intentando evitar por instinto su segura derrota, en todos los países, en todas las ciudades, desconcertados y solos de gente. Pero sé que saben, que tarde o temprano, (posiblemente ellos no lo vean) otros «nadies» serán ayudados por los «alguien» (ósea los que podemos cambiar la situación) que hoy, salvo honrosas excepciones, estamos demostrando que los verdaderos «nadies» somos los que podemos cambiar la situación de estos parias de la tierra a los que se les ha explotado, expoliado, humillado y negado la oportunidad de una vida mejor y que para mi siempre han sido «alguien»: como tu; como yo.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo siento, yo pasaba por aquí.
Yo hasta hace poco me lo creía. Pero no. Todos los indicadores nos dicen que NO. Que esto no tiene arreglo. Que los NADIES seguirán siéndolo a pesar de algunos ALGUIENES. Esto no tiene arreglo.
Dijo un amigo: "El ser humano es un error de la naturaleza".
"Que le va a costar muy caro", añado yo. Lo cierto es que, desde mi punto de vista, hemos sobrepasado la línea de "no retorno" y aquí acaba todo.
Ojalá pudiera seguir creyendo...

FAH dijo...

Fernando, otra recomendación de libro de Eduardo Galeano. Se llama: "Patas arribas. El mundo al revés". salu2.

Rafa Bartolomé dijo...

Dices que los escritores sudamericanos siempre encuentran un hueco para la poesía. Tú, querido Fernando, has hecho una obra poética en este post. Enhorabuena

Fernando López Fernández dijo...

@ Anónimo

Gracias por pasarte por aquí. Es de difícil arreglo, tienes razón, pero está en nuestra mano mejorar.

@Francisco
Gracias por la recomendación del libro. saludos

@Rafa

Gracias a ti por venir tan a menudo. Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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