martes, 9 de junio de 2009

La lógica aparente

Hay gente a la que le gusta que le digan lo que quiere escuchar. Simplemente espera la respuesta que según su criterio es la adecuada o la que quiere oír. Esto lo saben muy bien «algunos consultores» que facturan sus buenos honorarios por contar y repetir lo que el cliente ya les ha dicho. Se da también entre jefes y empleados que son capaces de dar la respuesta que busca su superior. Otras respuestas, por el contrario, se basan en la aplicación de una lógica simple a la formulación de una pregunta. Ocurre mucho en las empresas cuando se trata de aportar ideas para la mejora de la gestión o tomar decisiones que resuelvan las desviaciones. Es decir, se detecta rápidamente el problema y se ofrece la solución que, a priori, puede parecer la más adecuada. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, no se sabe muy bien cuales son los factores que obligan a realizar correcciones debido a una tendencia bastante natural en el ser humano de considerar sólo una variable sin haber tenido en cuenta otras que quedan ocultas a simple vista y que son las que realmente están generando el problema: no se acaba de comprender realmente qué ocurre tomando, en ocasiones, decisiones que a corto plazo pueden resolver las dificultades, pero que a largo plazo acaban por aumentarlas, a pesar de que la lógica aparente te lleva a pensar que la decisión es la adecuada. Es posible, pero esa tendencia hacia la solución fácil, sin tomar perspectiva de las cosas puede llevar a cometer errores que, como digo, pueden agravar la situación o no solucionarla.


Por eso, merece la pena (eso si sin demorar la toma de decisiones) cuestionarse esa lógica aparente y buscar la lógica aplastante que es la que ve todos los engranajes y la trazabilidad que lleva a formularse el problema y plantear la solución adecuadamente. Es sólo una reflexión a la que por supuesto se le puede dar una vuelta.

Os dejo una historia iraní bastante curiosa que demuestra que las respuestas a veces son lógicas pero no adecuadas.

En un centro psiquiátrico se ha tomado la decisión de dar de alta a algunos locos. Antes, el director les hace pasar una prueba muy sencilla. El director pregunta al primero:

-¿Cuánto son dos por dos?

- Setenta y cuatro – responde el hombre.

El director, desolado, decide que ese paciente todavía no está curado. Imposible darle el alta.

Le pregunta al segundo:

-¿Cuánto son dos por dos?

- Martes - contesta el segundo lunático.

Ante tal respuesta se toma la decisión que parece obvia. Tratar más tiempo al enfermo.
Entonces le pregunta al tercero.

-¿Cuánto son dos por dos?

- Cuatro.

El director está encantado. Ordena que se le dé el alta a ese hombre cuya mente se ha curado. Sin embargo, antes de que cruce la puerta del manicomio, le pregunta:

-¿Cómo has sabido la respuesta correcta?

- Muy sencillo. Restando martes a setenta y cuatro.

Cosas de la lógica


6 comentarios:

FAH dijo...

fantástica histórica. muy oportuna y con gran humor. pocas veces las cosas son lo q parecen. salu2.

Fernando López Fernández dijo...

Gracias Francisco.

En ocasiones pienso que debemos volver a aprender a "leer" e "interpretar" porqu como dices pocas veces las cosas son lo que parecen

Un abrazo.

Pedja dijo...

Muy buen post, Fernando, enhorabuena. La historia fantástica, sobre todo, por el razonamiento lógico e impecable del sujeto en cuestión. Qué ciegos estamos, abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Gracias Pedja. El sujeto, como dices hizo un razonamiento impecable. Y como apuntas a veces nos cegamos.

Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Me recuerda el chiste de la pecera; si no lo sabes algún día te lo contaré(es un poco largo).
Quizás sea el razonamiento el que no es lógico.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Puede ser Rafa, espero que nos veamos pronto para que me lo cuentes.
Un abrazo

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