martes, 5 de mayo de 2009

¿Qué vas a ser de mayor?


Cuando éramos niños, una de las pocas preguntas que te hacían los adultos era la siguiente: ¿Qué vas a ser de mayor? Era una pregunta cuya respuesta estaba condicionada a la última película que hubieses visto en el cine o televisión, la profesión que ejercía tu padre, el tebeo que leías o los cromos que coleccionases y que ibas cambiando según modas o lo último que te hubiese fascinado; un actor, un atleta, un bombero, un jinete, o un artista de circo. Yo recuerdo que quería ser futbolista o militar y rara vez cambiaba de opinión. Futbolista porque realmente me gustaba jugar al fútbol y militar porque supongo que ejercen una atracción especial entre los niños con sus uniformes, aviones tanques etcétera: no lo conseguí. En el primer caso por falta de condiciones y, en el segundo, porque a mi cabeza llegaron otras inquietudes diferentes.

Como observareis, no era nada original. Tampoco podía ser D’Artagnan, ni bucanero, ni Robin Hood (se había pasado la época para ello) ni Spiderman o el Capitán Trueno (a pesar de mi simpleza, el sentido común me decía que eso era absurdo, con lo cual, al menos, me ahorraba una sonora carcajada y posterior tomadura de pelo de quien me formulaba la pregunta). Estoy convencido que el 99% décima arriba o abajo tampoco lo consiguió. Y es que la pregunta se las traía. No preguntaban ¿Qué te gustaría ser de mayor?, o ¿Cómo te ganarás la vida? La pregunta era ¿Qué vas a ser de mayor?, como si a esas edades tuviéramos claro cómo funcionaba eso del mundo. Sólo nos habían mostrado el rostro amable de la vida ocultándonos (como la luna) la cara terrible y triste. Incluso ésta aparecía suavizada en forma de huchas para el Domund, o una charla de un misionero venido de África o unas monjitas -que las llamo así porque hablaban con diminutivos: chinitos, de negritos, pobrecitos; todo muy ito - que aparecían en el colegio contándonos lo mal que vivían algunas personas e influenciándonos de tal manera que cuando terminaban su exposición todos queríamos ser misioneros. No estábamos preparados para ofrecer una respuesta coherente y menos para dar por hecho que lo conseguiríamos. Era una pregunta mal formulada que confundía el deseo con la realidad, el deseo con la vocación.

Por otro lado, si la respuesta se repetía muchas veces, ponía en alerta a los padres, cuyos deseos y planes generalmente no coincidían en absoluto con los que tenían sus vástagos, encargándose poco a poco de quitarles esas peregrinas ideas de la cabeza.

Todo esto viene a cuento de que conozco varias personas a las que les hubiese gustado estudiar otras carreras en lugar de la que les obligaron a estudiar y ejercer una profesión para la que no tienen ninguna vocación. Son buenos en su trabajo, ganan su buen dinero, pero no son felices y se sienten atrapadas por esa decisión que tomaron por ellos. Y cambiar cuesta, cuesta porque hay hijos, hay hipotecas, responsabilidades; porque se han acostumbrado a la seguridad, a las comodidades; porque no está el mundo para más incertidumbre y, en el fondo, porque ya no son niños que tenían sus sueños bien en forma de deseo, bien en forma de vocación.

Dicen, decimos que nunca es tarde para empezar. Y es cierto, yo por si acaso me estoy preparando para cuando sea mayor – de alguna manera lo estoy consiguiendo - y me pregunten directa o indirectamente lo que voy a ser o me gustaría ser de mayor: Feliz, será mi respuesta, aunque siempre habrá alguien que me diga que eso no vale o se ría de mi.

Tengo vocación para ello, a pesar de que la vida no lo pone fácil.

Os dejo un video que os sugiero lo veáis entero y prestando la máxima atención, eso si, de una forma relajada porque es el origen de tres post que aparecerán en las próximas semanas. Se trata de un extracto de un concierto de Ennio Morricone en la ONU en el que interpreta piezas de la banda sonora de la Missión. Una película que trata de vocaciones y sueños. La interpretación es maravillosa.





9 comentarios:

Anónimo dijo...

La verdad que tienes toda la razón, el mejor deseo que uno tiene ahora es ser feliz y hacer feliz

Rafa Bartolomé dijo...

Estoy tan de acuerdo contigo que no me das ni una pequeña opción para comentar. Un abrazo, Fernando

Fernando López Fernández dijo...

@ Anonimo - Gracias por pasarte por Soul Business y dar tu opinión.
Un saludo

@ Rafa:

Procuraré que no estés de acuerdo (es broma). Gracias, como siempre por "pasarte por aquí"

Un abrazo

Pedja dijo...

Grandísimo post Fernando, cada día mejor, un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Muchas gracias Pedja por tu comentario y por pasarte por aquí.

Un abrazo

susanatauride dijo...

Nadie puede reírse del deseo de otro de ser feliz. Pero a la felicidad hay que empujarla para que se presente. Besos.

Fernando López Fernández dijo...

Susana:

Muy cierto todo lo que dices.
Besos y abrazos

Reme dijo...

Mi hijo cuando tenía tres años, me preguntó sobre lo que tenía que hacer para ser jubilado como su abuelo, si tenía que tener campo y olivos.Imagina mi cara y respondí con otra pregunta:y...¿por qué quieres ser jubilado como el abuelo? Y dijo "porque está contento". Menuda lección me dio
Uno debe elegir su camino y lo que quiere ser, siempre he querido que mis hijos, camareros o ingenieros, sean los mejores en ello porque es lo que han elegido pero por encima de todo deseo que sean felices.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Reme - Gracias por participar. Estupendo testimonio el que nos dejas. Muchas veces son los niños los que nos dan lecciones y como apuntas, lo importante es que cada uno elija su camino. Un saludo.

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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