lunes, 11 de mayo de 2009

Negocios que no deberían morir: Mercados de barrio


Los sábados por la mañana acostumbro a hacer la compra en un mercado de barrio. Cerca de mi casa hay tres, así que elijo un poco en función de lo que tenga en mente comprar, de la hora a la que vaya, de las ganas que tenga de pasear y del tiempo que prevea que me llevará cocinar. Me encanta pasear entre los puestos, pararme a observar con detenimiento los puestos de verdura, de frutas, la pescadería, la carnicería…Dar varias vueltas hasta decidirme a «pedir la vez» pero, sobre todo, ver cómo los vendedores despachan y sirven el género.

Mientras se espera turno, rodeado de otros clientes, uno se da cuenta de que en estos mercados todavía el hombre se preocupa del hombre. Son lugares donde las relaciones no consisten en unos asépticos buenos días o una sonrisa forzada. Entre el vendedor y el comprador se establece un diálogo al que, en ocasiones, se suma el resto de parroquianos. Si uno se encuentra en la pescadería un « ¿Cómo preparo la merluza, le dejo la espina?» puede desembocar en un entretenido debate culinario sobre cual es la mejor forma de cocinarla; Un «Llévese estos mejillones que son excepcionales» provocará que más de uno se apunte a la sugerencia; en la frutería se oirá un «póngame dos kilos de manzanas de las del otro día, que eran buenísimas, uno de melocotones y cuatro plátanos no muy verdes» y el frutero pesará diligentemente añadiendo «¿alguna cosita mas?» y un manojo de perejil de regalo porque sabe que a Doña Pura le gusta mucho echarlo en sus guisos; si en la carnicería será el carnicero quien tenga reservado ya el corte de la ternera porque sabe que los Martínez todos los sábados comen filetes y la señora Martínez se encargó de llamar a primera hora de la mañana. Ahora es Natalia, su hija, quien paga y recoge el paquete despidiéndose con un adiós Don Julián mientras la mujer de éste comenta con todos los presentes lo alta y guapa que está la niña.

En estos mercados, en cada transacción se habla de la vida, de la salud, de la familia: se conocen de toda la vida. Han visto el paso de varias generaciones; han sido testigos de las alegrías y desgracias de sus clientes, les han reconfortado y ofrecido su cariño, fiado cuando los tiempos achuchan con un «ya me lo pagará mañana mujer.»; han sido compañeros estableciendo una relación que va más allá de lo profesional.

Cada vez que me adentro en uno de estos mercados es como si fuese a un curso de formación que me recuerda lo que importante que es el esfuerzo, el aprendizaje, la pasión y la voluntad servicio en todo lo que se hace. Nadie me lo dice, pero yo lo entiendo cuando me fijo en los vendedores mostrando esas manos anchurosas, curtidas por cortes y continuos rasguños que son el resultado de la dureza de una vida que no regala nada; cuando veo al aprendiz (generalmente un jovencito de no más de 18 años y que ahora suele ser hispanoamericano porque el español pasa bastante) observar a su patrón con devoción y respeto pensando que un día el podrá ser como él, pienso que ese chaval saldrá adelante; cuando les veo presumir de mercancía y tratarla con mimo pienso que si no tenían vocación por su oficio, la adquirieron cuando aceptaron su destino y en lugar de quejarse aprendieron a disfrutar con lo que hacían; y pienso, como no, en ese espíritu de servicio, en esa charla calida, en esos consejos que ofrece sin exigirte que vuelvas pero deseando que lo hagas para convertirse en un fiel comprador y en un amigo.

Y es una pena, pero estos mercados donde todos los días suceden historias, se cruzan conversaciones, se mezclan olores, se regalan sonrisas y te acercan más a tus semejantes se están muriendo, o los estamos dejando morir. Cuando deambulo por alguno de sus pasillos y veo algunos cierres echados me invade una profunda tristeza, como si parte de lo que fuimos y somos desapareciese, como si todo el esfuerzo realizado no hubiese servido para nada.

Las razones, muchas, las de siempre: hijos que no quieren seguir en el negocio familiar; envejecimiento y muerte de la clientela habitual (los hijos cambiaron de barrio); la presión de las grandes superficies (que ofrecen más variedad global, más comodidad y, raras veces, mejores precios si hablamos en términos de calidad de productos perecederos); intereses municipales o inmobiliarios que persiguen lucrarse vendiendo el solar… Es decir todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en su muerte y abandono.

Y para mi, estos mercados, deberían ser por lo expuesto Patrimonio de la Humanidad.



4 comentarios:

FAH dijo...

Un post muy bien elaborado. Felicidades. Es la vida misma. Como decía Ángel González, "la vida es una sucesión de hombres que aparecen y desaparecen"... cambiemos "hombres" por "negocios" y es la ley de vida (it´s life...) más pragmática y menos romántica... Y creo como dices que la culpa es de todos, porque si no hay venta es porque no hay compra, y si no hay compra es porque los compradores prefieren otra opción... un abrazo.

Rafa Bartolomé dijo...

Mi esposa y yo llegamos, hace años, a un acuerdo; ella cocinaría y yo me ocuparía de conducir el coche. Ha sido la única manera de continuar con vida. Esto conllevó a que sea ella quién habitualmente vaya al mercado. Fernando, ¡lo que me he perdido! Prometo acompañarla más a menudo. Un abrazo.

Pedja dijo...

Absolutamente de acuerdo, gran post Fernando. Yo también soy un asiduo de los mercados y espero que sea así por muchos años, un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

@ Francisco:
Gracias por los comentarios. De acuerdo con el comentario de Angel González pero solo un matiz, son los hombres quienes hacen los negocios. Y, por lo visto, ahora los hacemos de otra manera no se si mejor o peor, pero desde luego más "vacia"
Un abrazo


@ Rafa:

Todos los acuerdos son susceptibles de ser mejorados y si no a comprar seimpre podrás ir a pasear. Un abrazo

@Pedja:
Me alegra que quedemos unos cuantos a los que nos guste la magia que se vive alli. Y como dices que sea durante muchos años.

Por cierto, en tus encuestas voto, pero solo una vez, así que no soy el responsable de los resultados.
Un abrazo

Soul Business

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