martes, 26 de mayo de 2009

Los héroes de África

Ayer se conmemoró el «Día de África» en el mundo. Como suele ser habitual en esta clase de «special days» se organizan una serie de actos protocolarios y aquellos a los que les gusta salir en la foto, aparecen sonrientes diciendo esas frases políticamente correctas de que tenemos que ayudar al continente africano, pobrecitos, estamos haciendo lo imposible para solucionar la catástrofe y vamos a aumentar la cooperación etcétera. Declaraciones que luego se olvidan o aplazan porque siempre surgen otros días (Sida, cáncer, mujeres, infancia, hambre, naturaleza, violencia doméstica, de género o a secas que requieren su oratoria) o porque si se ponen a ello no llegan a la final de Roland Garrós, la de la Champions League, o la Cumbre Mundial de turno sobre cómo arreglar el mundo. Alguno de los que leáis esto, pensareis que no es como lo cuento y que exagero un poco, que hay voluntad y que los gobiernos trabajan a favor del desarrollo del continente africano y del bienestar de sus habitantes. No digo yo que os asista la razón, al menos en parte, pero a los hechos me remito. África siempre ha sido una «merienda de negros», y lo siento por quien me afee esta expresión, pero se refiere a un hecho y a una interpretación que, desde mi punto de vista, no tiene un ánimo racista y es coloquial y de uso común. África es, traducido, un jaleo de tres pares de narices desde hace siglos.

Si os gusta la literatura de viajes os recomiendo leer El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad o Ébano del escritor polaco Ryszard Kapuscinski, o Un Arco Iris en la noche de Dominique Lapierre o si preferís, leed los libros de Javier Reverte que también describen muy bien lo que es África. En cualquiera de ellos, leyendo sus páginas se hace uno una idea de por qué África es lo que es. Y guerras tribales aparte, mucho de lo que es hoy África tiene que ver con la colonización europea y árabe (porque a África siempre la dieron por todos los lados) que acabaron por arruinar moral y económicamente a este continente que algunos llaman olvidado cuando, en realidad, es el continente explotado que en no pocas ocasiones hace de conejillo de indias del resto de la humanidad.

Por otro lado, según contrasto en varias fuentes más de 400 millones tienen dificultades para alimentarse y otros 50 millones desearían con todas sus fuerzas no ser a muy corto plazo futuros esqueletos. El agua potable no llega a más de 300 millones de habitantes de las áreas rurales; en las urbanas otros 300 carecen de servicios básicos de saneamiento. Por no hablar de los más de 200.000 niños que son utilizados como soldados, como esclavos o arrojados a la prostitución; o los cientos de miles de refugiados que vagan arrastrándose bajo el cielo de África o son emplazados en modernos e insalubres campos de concentración donde, al menos, pueden estar medio a salvo si les llega el 10% de la ayuda humanitaria que se envía; o los incontables muertos por malaria, sida, tuberculosis y otras enfermedades que rara vez salen en el telediario si no son cifras de más de tres ceros de golpe; o los asesinados y mutilados; o los presos políticos etcétera: Un panorama muy jodido y de difícil solución, porque además los gobernantes de muchos de los países que forman el continente no se caracterizan por el sentido común sino por la ambición, el compadreo y un desprecio brutal a los derechos humanos.

Según leo en El Mundo el estudio Social Watch comenta que a ese ritmo, por ejemplo, África subsahariana no alcanzará un nivel aceptable en educación, salud e igualdad hasta el año 2353, es decir, nunca.

Si el problema no se va a resolver hasta esa fecha apaga y vámonos.

Pero entre toda esta desolación hay hombres y mujeres que no necesitan celebrar el día de África porque todos los días entregan su trabajo, su vida y su alma a África. Tipos que se la juegan en esta zona caliente del mundo haciendo aquello que les llevó a abandonar su zona de comodidad y que hoy se dedican a ayudar a otros seres humanos aún sabiendo que su esfuerzo no cambiará mucho las cosas. Médicos, profesores, enfermeros, curas, monjas, arquitectos… que han entregado su corazón a África; gente buena y valiente que lo mismo ayudan a nacer que a morir con dignidad; a curar que a enseñar a pescar; a leer o a creer en la esperanza. En definitiva, gente que ayuda a vivir llevando consuelo, amor y comprensión a estos olvidados de la Tierra.

Por eso, el post de hoy va dedicado a todos ellos y a la inmensa labor que están realizando.

Nelson Mandela decía que soñaba un África en paz consigo misma.

Yo también

Os dejo un video que he encontrado y que es bastante reflexivo.


4 comentarios:

FAH dijo...

fantástico, gracias por la info. pasado mañana escribiré sobre este tema a raíz de un artículo que leí el domingo. abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Gracias Fráncicso. Espero el artículo que seguro estará muy bien.
Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

No sé que debería mover más nuestras conciencias: el vídeo o tus palabras. Supongo que por desgracia nos hemos acostumbrado a esas desgarradoras imágenes; pero no hay duda de que deberíamos ayudar todos en buscar una rápida solución. No sé si el 0,7 es suficiente, eficaz o una utopía. Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

El problema Rafa es que tenemos la conciencia cómoda (entono mea culpa)y generalmente solo nos preocupamos de lo que tememos más cerca. Pero siempre es mejor un pco de ayuda que nada.

Un abrazo.

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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