miércoles, 27 de mayo de 2009

La oración del turista


Existen muchas clases de turistas, diría que tantos como personas, pero por simplificar el asunto yo los divido en tres y que cual haga su resegmentación o minería de datos. A saber: Los que les gusta y les apasiona viajar, los que viajan pero no les gusta nada y una tercera a los que les gusta viajar pero se preocupan y analizan todo: les gusta, pero al mismo tiempo les encantaría estar de vuelta en casa. Son viajeros que «ni chicha ni limoná», van pero no saben muy bien a qué y cualquier inconveniente les perturba. Son los viajeros de manual. Buscan seguridades que en los viajes nunca están garantizadas y esperan que todo sea perfecto. Disfrutan con los viajes, pero también sufren. En el post ¿Quién tiene la verdad de los viajes? comentaba que cada cual experimentase el viaje como le pareciese. Y lo que voy a contar más abajo seguro que fue el resultado de una experiencia de este último tipo de viajeros/turistas que he mencionado.

Circulan muchas versiones sobre esta historia. Como creo que lo importante no es como apareció el documento sino el documento en sí, a continuación reproduzco un texto que me llegó a través de una persona cuya pasión es viajar:

Un guía que realizaba una visita a unos turistas por la ciudad de Londres mostró a los integrantes del grupo dos recortes de prensa. Uno de ellos aparecía en «The Times» y hacía referencia a una plegaria que se había hecho en una iglesia ortodoxa de Grecia. El escrito decía así:

«Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten compasión de las ciudades, las islas, las aldeas de nuestra patria, así como de los monasterios que son los más perjudicados por la ola turística. Concédenos una solución a este dramático problema y protege a nuestros hermanos que tienen que enfrentarse con e espíritu occidental contemporáneo.»

Como respuesta a esta oración, hubo alguien que respondió en la misma publicación:

¡Padre Celestial!, compadécete de nosotros tus humildes y obedientes siervos, turistas que estamos condenados a viajar por este planeta, tomando fotografías, enviando tarjetas por correo, comprando recuerdos y llevando ropa que no necesitamos.

Guíanos en la elección adecuada de hoteles. Haz posible que respeten nuestras reservas, que nuestras habitaciones estén bien arregladas y que haya un buen servicio en general. Permítenos poder seleccionar restaurantes que no sean costosos, que tengan buena comida y camareros corteses. Danos acierto al dar la propina correctamente. Perdónanos si damos poco debido a la ignorancia y si mucho por temor a equivocarnos.

Haz que los habitantes locales nos quieran por lo que somos y no por lo que podamos contribuir a su bienestar. Permítenos tener resistencia para poder visitar todos los museos, catedrales, palacios y castillos que los catálogos nos indican como dignos de ser visitados. Y si por casualidad dejamos de visitar alguno de ellos por dormir la siesta, ten compasión de nosotros por ese rango de debilidad.

(Esposos sólo)

Dios mío evita que nuestras esposas se afanen en ir de compras demasiado a menudo y no se dejen llevar por la tentación de «gangas» que no necesitamos y no podemos pagar…porque ellas no saben lo que hacen.

(Esposas sólo)

¡Señor Todopoderoso!, evita que nuestros esposos miren a las mujeres extranjeras y las comparen con nosotros, líbralos de que hagan el papel de tontos en cafés y clubes nocturnos y, sobre todo, no les perdones cuando se descarríen porque ellos si saben lo que hacen.

(Para los cónyuges al tiempo)

Y cuando nuestro viaje termine y lleguemos al hogar, concédenos el favor de encontrar a alguien que quiera escuchar el relato de nuestras andanzas, ver las películas y fotografías que hemos tomado…para que nuestra vida como turista no haya sido en vano.

Esto te lo rogamos en nombre de Conrad Hilton Melia, American Express, AMEN

2 comentarios:

Rafa Bartolomé dijo...

Efectivamente los viajes parecen haberse convertido en algo que hay que hacer gracias a la subida del nivel de vida del personal. Pero no sé porque sospecho que tu forma de viajar no debe parecerse en absoluto a las que relatas. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

No es muy parecida efecticamente a la de la que habla La oración del Turista, pero uno tiene siempre la idea de que las cosas salgan fenomela, que en definitiva es lo que viene a decir la oración.
Un abrazo

Soul Business

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