viernes, 8 de mayo de 2009

Hoy me apetecia hablar de pingüinos

Emilio Marcos Palma fue el primer humano nacido en la Antártida, un continente que, según el célebre explorador irlandés Ernest Shackleton,- del cual hablaré otro día,- era el lugar más frío, oscuro árido y borrascoso del planeta. Su nacimiento, en el último confín del mundo, no fue fruto de la casualidad, sino de una planificación por parte de la dictadura militar argentina que, de esa manera, quería reafirmar sus pretensiones territoriales en el continente helado. Tras el llegaron otros nacimientos de argentinos y de chilenos, que se apuntaron a la jugada de «plantar niños» y no banderas; que desde luego les resultaba más fácil y rentable que enzarzarse en ominosas y estúpidas guerras. Aun así, la idea no cuajó mucho siendo estos nacimientos meramente testimoniales. Y es que vivir allí es complicadísimo. Con temperaturas que pueden llegar a alcanzar los 80 grados bajo cero, tormentas que pueden durar semanas y vientos que alcanzan velocidades casi de Formula1, no es el sitio ideal para formar una familia o vivir. Apenas mil y pico personas viven transitoriamente en las diferentes bases científicas que se distribuyen por el territorio.

Pero el post de hoy no va de política ni del Tratado Antártico, (que intenta regular un poco el asunto sobre las reclamaciones de varios países), sino de los verdaderos habitantes del inhóspito y bello continente: la Fauna que lo puebla y, más concretamente, el pingüino Emperador.

Dejando de un lado, y por no extenderme demasiado, el problema del calentamiento global y la explotación de sus mares donde el Krill, (clave en el desarrollo del ecosistema) se ha convertido en un nuevo oro para las flotas pesqueras, si hay alguna especie que se haya ganado el derecho a vivir en ese lugar esa ha sido la del pingüino Emperador.

Cuando acaba el verano, los pingüinos abandonan las costas donde han permanecido alimentándose para emprender el viaje más maravilloso que se pueda concebir: el viaje de la vida. Se dirigen juntos hacia las montañas que les vieron nacer con el fin de aparearse y seguir el ciclo de la vida. Durante la travesía caminan lentamente, cabizbajos, con una cadencia casi musical, atravesando tierras heladas donde otros seres vivos no osarían adentrarse. Es una migración dramática, no exenta de peligros

Tras el apareamiento y consiguiente huevo, la hembra regresa, arriesgando otra vez su vida, a la costa para recolectar alimento mientras el macho cubre con su abdomen el huevo para incubarlo y protegerlo del hielo. Durante más de tres meses (periodo que cubre el viaje de ida, apareamiento, incubación y regreso de la hembra), permanecerá sin comer ni beber y llegará a perder un tercio de su peso.

Para protegerse del inaguantable frío el pingüino, animal de sangre caliente regula térmicamente su propia temperatura corporal y segrega una especie de aceite debajo de las plumas, que las hace impermeables y que distribuye por todo el cuerpo. Además para soportar mejor las inclemencias del invierno Austral, los pingüinos se congregan a mogollón juntando los cuerpos para ahorrar fuerza y energía y van rotando sus posiciones para que de alguna manera todos estén calentitos.

Todo esto lo sé porque hace años vi un documental, ganador de un Oscar que en España se llamó «La marcha de los pingüinos» que mostraba, a través de unas maravillosas y enternecedoras imágenes que llegaban a emocionar y estremecer, el coraje, la voluntad, y la esperanza de unos animales luchando por sobrevivir en un entorno hostil y que si nos fijamos un poco son un gran ejemplo para la humanidad. Nos enseñan el valor de la voluntad, del esfuerzo y de la esperanza. Valores, que sin duda, nos ayudarían a vivir.


Misión – Continuación de la especie. Macho y hembra, con roles diferentes tienen un objetivo común.

Determinación – Para iniciar el camino y alejarse del Océano su «zona de comodidad.»

Coraje – Para adentrase en esos desolados y peligrosos parajes.

Responsabilidad – Nadie elude sus responsabilidades. Se reparten las tareas.

Confianza - En la otra parte. Unos dependen de otros.

Sacrificio – Saben que para alcanzar la Misión deben sacrificarse y esforzarse.

Trabajo en equipo – Los machos se acurrucan en grupo para darse calor.

Esperanza – De que todo saldrá bien.

Si esta gesta fuese realizada por los seres humanos se llamaría «La más grande prueba de amor», o algo así. Pero, en fin, hoy sólo me apetecía hablar de pingüinos

Os dejo el trailer del documental. Feliz Fin de Semana





5 comentarios:

Noah dijo...

¡Hola Fernando!

Y eso que sólo querías hablar de pingüinos...pero que gran lección nos dan los animales en general a los hombres.
¡Nosotros sí que somos animales y unos más que otros!

Un cálido abrazo de Noah.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Noah

En primer lugar gracias por visitar Soul Business.
Así es Noah, los animales, la naturaleza nos enseñan muchas cosas que deberiamos aplicar en nuestra vida. Está llena de conocimiento y sabiduria.

Un abrazo

Myriam dijo...

¡wOOOPS!

¿Cómo no te coenté esta entrada? Recuerdo haberla leído en su momento.

En efecto si esta gesta fuera realizada por humanos (deberíamos aprender) se llamaría como bien dices: la más grande prueba de amor.

Un abrazo doble, el atrasado y el actual-

Myriam dijo...

dice Cómo no te COMENTé... Vale.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

Una prueba de amor, es lo que veo yo en el video. En cuanto a los abrazos que sean dobles también.

Gracias por volver

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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