jueves, 14 de mayo de 2009

El viaje estimula la creatividad



En el post «El viaje, el mejor aprendizaje experiencial» comentaba que el viaje activaba los sentidos, lo que permitía, de alguna manera, conocernos mejor. En el post «El Creativo nace o se hace» afirmaba que cualquier persona puede ser creativa; las claves para desarrollarla eran tres: información, conocimiento y trabajo. Proponía al final una serie de técnicas para que ésta fluyera.

No me considero ni mejor ni peor creativo; de hecho, habrá al respecto división de opiniones entre la gente que me conoce; incluso, alguno no relacionaría el término creativo con mi persona ni «harto de vino.» Sin embargo, soy creativo, al igual que los ojos que en este momento están leyendo estas líneas. A todos se nos ocurren cosas, imaginamos y transformamos. De la nada no sale nada. Habrá gente que por una sensibilidad especial, o por esa activación de los sentidos de la que hablaba, tenga la capacidad de ser más brillante, de que las ideas fluyan rápida y continuamente de su cabeza (aunque yo creo que las ideas también brotan del corazón) pero insisto, todos, podemos ser creativos. Es cuestión de estimular los sentidos y trabajarlos jugando con la mente hasta que poco a poco nos liberemos de esas barreras internas que nosotros mismos nos inventamos.

El viaje puede ser uno de nuestros mejores aliados al poner nuestra mente, nuestro corazón y el alma en una fantástica disposición para desarrollar nuestra creatividad: Activamos los sentidos, nos informamos, interpretamos, conocemos, imaginamos; en definitiva jugamos con la mente.

Como ejemplo, os pongo un caso. En realidad es un ejercicio que suelo hacer cuando viajo y que me ayuda a desarrollar mi creatividad que, como he dicho, no es ni mejor ni peor. Es la mía. Os el capítulo del diario de viajes Soul India donde habló de estos juegos de la mente que me monto cuando viajo que estimulan mis sentidos, ponen a trabajar el cerebro y, de vez en cuando, me recompensan con una idea. Buena o mala pero creada por mi.
Mind Games

El fuerte Meherangarh, un fuerte que ignora la fuerza de la gravedad, es de los más ricos de Rajastán y solamente por las vistas y la conservación del mismo hay que pasarse unas horas en él.

A mí, las parrafadas que te sueltan en los sitios históricos me dejan generalmente frío. No por desinterés, sino porque se me hace difícil procesar fechas, acontecimientos y nombres que acaban en el olvido: me hago un lío. Las guías de viaje o los guías, muchas veces quitan todo el encanto de los monumentos al obligarte a memorizar la retahíla de algunos hechos que carecen de interés. ¿A alguien le importa si fue un trece de marzo del año mil y pico, el día que la marahajaní rodó escaleras abajo, se lastimó un pie y se hizo una brecha cuya sangre se puede apreciar en esa columna...? Además, la historia está adornada con mucha fantasía, por lo que me centro en aspectos prácticos, sucesos que realmente te ayuden a comprender las cosas. La historia no es un Trivial ni un antiguo examen de profesor limitado ni un barrer para casa todo el rato. De ahí, mi frialdad y desinterés hacia ese tratamiento frívolo de la historia que no aporta más que cifras y «batallas.»

Todo esto viene a cuento, de que cuando ya mis neuronas estaban para pocas, con tanta cifra, tanto nombre difícil de pronunciar y menos de recordar, le pegaba una vuelta de tuerca a mi cerebro y me ponía a jugar con la mente. Esto, que parece una idiotez, y en realidad lo es, es entretenidísimo y yo invito a cualquiera a practicarlo: el método es sencillo; las instrucciones las creas tú, siempre ganas y además es totalmente gratis. ¿Hay quien dé más? Es el juego de la imaginación histórica, un juego que admite infinitas combinaciones, cualquier estado de ánimo: el único y verdadero juego de rol.

Imaginaba, por ejemplo, como sería la vida en la época de mayor esplendor del fuerte Meherangarh y jugaba con la mente dibujando personajes, representando su vida y la mía y, por supuesto, poniendo música al asunto. Fantaseaba viviendo dentro del fuerte, y no solo siendo el maharajá, sino también un sirviente, un soldado, un músico... Sentía el frío, el dolor, cualquier sensación.

Esta es la ventaja de quienes intentamos ver el mundo desde cualquier ángulo, con lo cual siempre podemos disfrutar más de una vez las cosas. Y lo de ser dos personajes a la vez, nivel avanzado, ¡Eso ya es la bomba!

Ojala mi mente albergase un ordenador que pudiese procesar todo lo que veo para archivarlo adecuadamente y guardar las partidas de la vida. No sé si a otros les pasará lo mismo que a mí: ante las cosas bellas y hermosas que voy viendo —que son muchas—, nunca tengo el tiempo suficiente para saborearlas. Podría pasarme horas mirando un cuadro, una escultura, admirando un palacio o disfrutando del panorama que ofrece una ciudad desde una ventana, pero la urgencia del tiempo, muchas veces lo impide, teniendo que conformarme con una vista general que oculta los detalles, los sacrificios y los sueños de quien realizó la obra. Y hay tantas cosas para ver.

Los indios, por ejemplo, no entendían que me quedase clavado, boquiabierto, mirando una casa o viendo cómo holgazaneaba ó curraba —sí currar, que allí también se curra— la gente, o que no me centrase en lo más importante según sus criterios. Me regocijaba con cada cosa que veía y la hacía mía. Disfrutaba por igual de una obra de arte o de un monumento, que de la técnica comercial de una persona que mercadeaba verduras, o de un búfalo comiendo.

No sólo me pasa cuando viajo, me pasa en cualquier sitio. Para mí, es como si todo tuviera su propia vida. Una calle vacía al amanecer, para mí, tiene vida. No es solamente una calle, y cada edificio, cada rincón, la luz... son vida. Alguien puede pensar que estoy loco por esto que estoy escribiendo. Lo admito, es verdad, y no seré yo quien, en inútiles explicaciones, trate de justificarlo. Es así y punto; ó punto pelota —que parece más taxativo—: para mí, los paisajes, el entorno... tienen su significado; puedo pensar las cosas en varias dimensiones.

Al igual que en el fuerte, me imaginaba viviendo en la India como ellos, jugando a inventarme, a crearme. ¿Qué haría durante el día?, ¿cuál sería mi trabajo?, ¿quiénes mis amigos?, ¿cómo llegaría a fin de mes? Y aunque sabía que era absurdo, irreal, una fantasía de la mente y que no me acostumbraría a ello, me veía sentado en un banco o dentro de una tienda hablando con otros hombres y contando historias imposibles que nunca sucederían.

La mejor forma de saber si un sitio te gusta o no, es meditar en esto que estoy contando, y si uno es capaz de imaginarlo la respuesta sobra: la mejor manera de disfrutar un viaje es estar un poco loco.

¿Te gusta viajar?

5 comentarios:

FAH dijo...

Viajar... una de las mejores experiencias e inversiones que se puede realizar... la creatividad son los outputs que generamos en función de los inputs que metemos en nuestro cerebro. Cuanto más inputs y más exóticos, la creatividad se manifestará de manera más acentuada.

Cierto lo que dices de los guías.... Fue una auténtica decepción cuando fui a Auschwitz en Cracovia (Polonia). El guía lo hizo muy mal... No nos hizo emocionarnos y estamos ante un sitio realmente que pone los pelos de punta...

abrazo.

Pedja dijo...

Yo estaba en auschwitz con paco y digo lo mismo, el guía fue terrible. Viajar, adonde sea, al pueblo de al lado o a la otra punta del mundo pero viajando, aprendiendo, viendo cosas nuevas, abriendo tu cabeza y tu perspectiva, no solo tu creatividad, buen post, un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

@ Francisco:

De acuerdo con lo que comentas . Ferrán Adría, Peter Gabriel, Hemingway, Lorca etc... no hubiesen hecho lo que han hecho sin viajar.

En cuanto a los guías, y Antonio Mateo sabe mucho de eso es fundamental que transmitan y conviertan en aprendizaje lo que cuentan. Un día hablaré de un guía de Iguassu que conocía el lenguaje de la naturaleza. Fue maravilloso y me puso los pelos de punta.

También hablaré de los Killing fields de Camboya que no necesité ni guía para sentir lo que allí paso.

@ Pedja

Abrir la mente, la perspectiva; objetivo de los que búscamos algo más; y viajar, como digo yo es simplemente vivir desplazado con todo lo que eso conlleva.

Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Tienes razón, Fernando, lo que entra por los ojos no te lo tiene que explicar nadie.
Hay una frase entre viajeros que lo resume todo: "Si hoy es martes, esto es Bélgica"
Cuando viajas, siento haberlo hecho poco por determinadas circunstancias, has de vivir las vidas de otras personas, empaparte de su forma de vida, de sus costumbres. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Rafa:

Excelente pelicula la de "Si hoy es martes esto debe ser Bégica" De hecho, uno de mis futuros post hablará de ella y de las diferentes reacciones de los turistas.

Un abrazo

Soul Business

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