sábado, 23 de mayo de 2009

De gansos y cercanía

Lo he comentado otras veces: el estar cerca de la gente es necesario y ayuda. En esta semana, he tenido la oportunidad de comprobarlo al menos en cuatro ocasiones. La primera de ellas fue con mi amigo Luis con el que me estuve tomando unas cervezas y estuvimos hablando de lo humano, lo divino y de tonterías varias. Mi amigo Luis trabaja en una inmobiliaria que, como todas, lo está pasando mal. Cuando las cosas iban bien, todo el mundo estaba subido al carro del éxito, cuando han venido mal dadas y se han complicado las cosas, casi nadie ha estado dispuesto a ayudar para sobrellevar la situación. Él, sin embargo, sigue trabajando y ayudando prácticamente sin cobrar porque considera que debe estar cerca de su jefe en estos momentos. No es una cuestión de deuda de gratitud ni de que no pueda encontrar otras ocupación. Es una cuestión de honor porque considera que cuando uno se embarca en una travesía tiene que ser consciente de que algo puede fallar y mientras haya vida, hay esperanza y si puede ayudar a que la nave no se hunda, lo hará y seguirá remando.

La segunda, fue el miércoles pasado cuando me reuní con Antonio Mateo, uno de los tipos más imaginativos y positivos que uno se puede encontrar en el sector de viajes y eventos. Comentábamos lo difícil que es vender comunicación en vivo y experiencias en estos tiempos en los que muchas empresas están recortando gastos y despidiendo a la gente (aunque, paradojas de la vida, ahora es cuando los empleados y directivos necesitan más que se les transmita ilusión, energía y la necesidad de realizar un mayor esfuerzo…) Me gustó la actitud de Antonio cuando me dijo que ya casi no enviaba correos electrónicos a los clientes, sino que los llamaba (como se hacia antes de que apareciese Internet en nuestras vidas), y quedaba para comer o tomar un café simplemente por estar cerca de ellos, porque se sintiesen queridos, sabiendo, por supuesto que no iba a vender nada y tampoco era su intención: entendía, y así se lo pedía el cuerpo, lamente y el alma, que debía estar cerca de ellos.

La tercera, fue con Alfonso Mediero, el dueño de Partyson, una empresa de discotecas móviles, y sonido que comenzó siendo proveedor de nuestra empresa, luego cliente y, con el roce, amigo: «un tres en uno» que se agradece en el siempre competitivo y, a veces insano mundo empresarial . Me había llamado unas semanas antes, para comentarme que no dudase en ningún momento en llamarle si necesitábamos algo, que había confianza suficiente como para que le pidiésemos lo que fuera en las condiciones que necesitásemos. El estaba ahí para ayudar. Tomando un café ayer con él, no sólo le di las gracias y le comenté que podíamos crear algo juntos, sino que por supuesto, también nos poníamos a su disposición.

Estos tres ejemplos de cercanía son muy necesarios: dan fuerza, te mueven, te ayudan y acabas diciéndote «Pues no estamos tan mal.» Y es entonces, cuando sientes que con estos ejemplos, estas actitudes, tienes más ganas de seguir, de dar pasitos que te acerquen a las personas, a aquellas gente que lo está pasando mal y que, en definitiva, son las que siguen contribuyendo a mover las empresas y el mundo indepedendientemente del cargo, responsabilidad o tipo de profesión que ejerzan.

La cuarta, y última que ilustra este post ocurrió durante la presentación del libro «El alma de las organizaciones» del pensador español Javier Fernández Aguado, del cual se hablará seguramente y en breve en el blog de Francisco Alcaide (uno de los mejores blogs sobre organización empresarial y relaciones humanas que se pueden encontrar). Pues bien, en un salón de actos repleto, Fernández Aguado habló de lo importante que es la cercanía sin nombrarla, y de cómo su falta puede llevar a las empresas a perder su alma. Pero, esto, ya digo os lo contará con seguridad y estupendamente Francisco Alcaide.

Yo os dejo una presentación que me enviaron hace años y que la he utilizado en alguna ocasión con mi equipo en la que vereís como la cercanía conduce a conseguir los objetivos.

6 comentarios:

Pedja dijo...

Buen post Fernando, a partir ahora me voy a dedicar a hacer el gnso¡¡, gracias por otra visión de la crisis y las empresas

Fernando López Fernández dijo...

ja,ja Pedja. Gracias por la observación y por pasarte por aquí.
Un abrazo

FAH dijo...

buen post, 3 ejemplos interesantes. Con Antonio Mateo estuve también la semana pasada viéndonos y comentando un proyecto que tenemos juntos.

Gracias por citar mi blog y por seguirlo.

Por cierto, no te vi el otro día en la presentación. Supongo que saldrías rápido. Una pena no haberte saludado. Habrá ocasiones.

Lo de los gansos la verdad es que es muy bueno. Hay un libro (no recuerdo nombre) que es sobre enseñanzas del mundo animal para el mundo del management.

Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

La verdad es que me hubiera gustado verte, pero tuve que irne en cuanto acabó porque tenía que ir a otro acto. Da gusto escuchar a Fernández Aguado porque cuenta las cosas de una manera muy amena. Genial el ejemplo de los templarios. Gracuias a ti también por pasar por aquí.

Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Como dices es muy importante la ayuda de los demás, así como saberte rodear de buena gente. A mí me gusta mucho hacer deporte y el ejemplo que pones de los gansos yo lo he comprobado corriendo en bicicleta; cuando encuentras el apoyo de los demás y ellos del tuyo, se incrementa la velocidad y disminuye el esfuerzo. Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Rafa:

Otra sorpresa. No sabía que además de escribir montabas en bicicleta. El ejemplo de la bicicleta es muy bueno y, como dices, es muy parecido al de los gansos.

Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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