jueves, 30 de abril de 2009

Who Can? Who Want?

Ayer, sentado en una terraza mientras comíamos, Nicolás Cubelli (artista, compañero de trabajo y amigo) me hizo la siguiente reflexión: « ¿No te parece Fernando que todo está muy tranquilo?: como si fuese uno de esos días previos al inicio de la Semana Santa o vacaciones. Había menos gente en el metro y la que había estaba más callada, en la oficina han sonado menos los teléfonos… un poco raro ¿no?»

Tenía razón, a medida que pasan los días se percibe, a poco que se sea un poco observador, una mayor tristeza y desánimo en las calles, en los trabajos; se ven rostros preocupados, y mucho, mucho cansancio. Ni la llegada de la primavera con ese buen tiempo que decora en verde la ciudad ha conseguido insuflar la energía que necesitamos para afrontar con un espíritu positivo el reto de salir una crisis que está agotando mentalmente a la población, y que puede acabar en una gran depresión colectiva que lo único que conseguirá es empeorar la situación (aparte claro está del miedo que nos meten cada día con noticias que no contribuyen precisamente a tener esperanza en un futuro mejor).

Parece ser que el estancamiento del consumo en los hogares y de la inversión empresarial, es decir esa calma y prudencia alentada todos los días por ese miedo del que hablaba ha provocado un descenso del PIB que todavía empeora más la situación. Y el resultado de esto, creo, es lo que Nicolás percibía.

Menos consumo, más paro; más paro más incertidumbre; más incertidumbre menos consumo, menos consumo, más paro y así hasta que acaben ganando los de siempre.

Los bancos tienen la llave para solventar la situación. No se trata de que sigan concediendo créditos sin ton ni son, sin realizar estudios de solvencia, pero tampoco de que hayan «cortado el grifo» de forma tan radical a la hora de facilitar financiación a particulares y empresas, máxime cuando el personal esta intentando ahorrar como nunca y «papa estado» acude a salvarles cuando les falta liquidez por su mala o irresponsable gestión. Entre conceder alegremente financiación y cortarla de raíz, existe un término medio; y es ahí, donde esa «solidez de la banca española» tan loada por los expertos económicos, los analistas financieros y los políticos, debe demostrar que ellos «They Can» y nos ayuden a recuperar una confianza y esperanza que por momentos se está agotando; pero también tenemos que ser objetivos y no toda la culpa de lo que pasa la tienen ellos; también la han tenido (y esta vez no me incluyo) aquellos ciudadanos y empresarios ambiciosos y amigos del dinero fácil a los que la ostentación y la soberbia le llevó a solicitar créditos sin saber si los podían pagar o si los querían pagar, faltando a sus compromisos no solo con el banco si no también con la sociedad. Ellos también necesitan confianza.

Nos guste o no, estamos en una sociedad consumista y si no hay consumo ni dinero para consumir esto se va a poner muy feo, salvo que transformemos nuestra forma de pensar, proceso largo porque a pesar de vivir en la era de la ultra velocidad, los cambios en el pensamiento social primero se deben sembrar, abonar y regar antes de que florezcan. Y todavía no se ha inventado una tecnología que lo acelere. Por eso, sería bueno que unos y otros empezasen a confiar en la otra parte sabiendo que juntos si «We Can.»

Eso si, siempre y cuando todos hayamos aprendido (que me temo que no) la lección y las reglas del mercado pasen por un consumo responsable, sostenible, solidario y de alguna manera regulado de una forma justa y no como ahora que quien lo regula o controla siempre gana.

Así que la reflexión que lanzo hoy a la que me suscribo en la parte que me toca y en la medida de mis posibilidades la siguiente. Who Can? Who Want?

I Can I Want



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