martes, 28 de abril de 2009

La pandemia de la Globalización


Leo en la edición digital de cinco días la siguiente noticia: «Los precios del petróleo caen más de un 5% por debajo de los 49 dólares por barril, presionados por las expectativas de un nuevo daño a la economía mundial si el brote de gripe porcina en México se convierte en una pandemia. El oro, en cambio, se dispara al nivel más alto en cuatro semanas»; Escucho a una locutora de televisión decir con voz preocupada y grave que la Organización Mundial de la Salud ha decidido aumentar el nivel de alerta sanitaria por el caso de la gripe porcina de tres a cuatro: lo que significa más a o menos que puede transmitirse fácilmente de persona a persona. Numerosos viajeros están cancelando vuelos y viajes a México lo que ha provocado descensos en las acciones de las aerolíneas y las corporaciones hoteleras; China, Rusia y los Emiratos árabes (que no creo importen mucho) han prohibido las importaciones de todos los productos porcinos que provengan de México y Estados Unidos; y, seguramente, en los próximos días, cuando se den a conocer nuevas de cifras de muertos y enfermos los medios de comunicación nos bombardearán con sus estadísticas, amplios reportajes, opiniones de expertos, ciudadanos varios etcétera hasta que, al igual que ocurrió con «las vacas locas», «la gripe aviar» o el «VIH», consigan como dije en un post anterior meternos más miedo del que ya tenemos.

Adoro México, a pesar del narcotráfico y la excesiva violencia de alguna de sus ciudades, me parece un país fantástico, lleno de vitalidad y rincones maravillosos y me daría mucha rabia que el resto de países lo conviertan en cabeza de turco por esta situación que ellos no la han buscado. Nos hemos acostumbrado a echarle la culpa al de al lado (sin ir más lejos, hace un año la culpa de la crisis era de los Estado Unidos y el resto habíamos sido simples comparsas, engañados) y esta vez le va a tocar a México: durante un tiempo será un país maldito; se frenaran sus exportaciones, el magnífico crecimiento de turistas que había experimentado, retrocederá y se tardará mucho tiempo en recuperarlo y, lo peor, el resto de la humanidad evitará su contacto como en su momento les ocurrió a los asiáticos con la gripe aviar.

No hemos acabo de entender qué significa eso de la globalización. Solo entendemos lo de los logos de las multinacionales estratégicamente situados en cualquier lugar del mundo, las ventajas que nos ofrece Internet, el poder tener acceso a productos de las más variadas partes del mundo, el intercambio cultural y cosas así. Es decir, la globalización buena que es la que a todos nos gusta, y estamos encantados con ella; pero cuando viene la mala, la de las epidemias, la que genera crisis, terrorismo o guerras nos volvemos localistas y «si te he visto no me acuerdo. »

La globalización sin ser una pandemia -Según la RAE: enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región- si es una epidemia para lo bueno y para lo malo que cubre todo el planeta y deberíamos ser conscientes de que casi todos seremos responsables, porque lógicamente siempre hay pueblos a los que se les seguirá negando el derecho a tomar decisiones y en los que, como conejillos de indias, los países supuestamente civilizados seguirán experimentando como funciona eso del dolor humano metiéndoles en guerras que no buscaron, explotando sus recursos a precio de saldo, o simplemente matándoles de hambre cuando se les niega los excedentes o la posibilidad de enseñarles a pescar.

Hace pocos días se ha celebrado el Día mundial de la malaria que cada año, según UNICEF, deja un millón de victimas anuales. Pues bien, no recuerdo a ningún medio de comunicación que las vaya contabilizando con el rigor, localización y explicaciones como lo están haciendo con esta epidemia porcina, lo que certifica de alguna manera lo que exponía arriba de que solo nos gusta la globalización buena y la otra la obviamos.

Existe una globalización de la que no se habla mucho pero que la más peligrosa de todas. Contiene unos fatídicos virus (de la indiferencia, del egoísmo, del desprecio, de la ambición, de la ignorancia, del odio) que se transmiten con facilidad, mutan y se acomodan en la mente humana propagándose a gran velocidad y cuya curación sólo depende de una profunda reflexión sobre lo que somos y lo que queremos ser.

De nosotros depende acabar con ella. Una vez que se consiga las demás se podrán tratar más fácilmente.







3 comentarios:

Vórtice dijo...

Fernando,
Muy acertado tu análisis, y desde luego ya es inadmisible el mirar para otro lado porque ninguno estamos excentos...

Lee este curioso escrito ayer sobre el negocio de la gripe porcina: http://www.egrupos.net/grupo/redluzargentina/archivo/msg/5282/

Rafa Bartolomé dijo...

A veces me pregunto cómo es posible que el hombre, que es capaz de crear tanta belleza y de inventar tantas maravillas, es al mismo tiempo tan hipócrita. Estoy de acuerdo contigo:la verdadera pandémia es el propio ser humano.
Un abrazo, Fernando.

Fernando López Fernández dijo...

@ Luis:
es inadmisaible pero seguiremos haciéndolo mientars no nos toque de cerca, somos como dice Rafa unos hipócratas, aunque la buena noticia es que cada días más gente nos vamos reformando.

Un abrazo

@ Rafa:

Quizás por aquello que decía Rousseau de que el hombre es un lobo para el hombre y de que somos capaces de lo mejor y lo peor.

un abrazo

Soul Business

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