miércoles, 29 de abril de 2009

El arte de envejecer o cuando la publicidad nos quiere decir algo

El novelista y ensayista francés André Maurois (1885-1967) dijo que «El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza.»

Hoy se ha estrenado otro de esos anuncios emotivos cuyo protagonista es una persona mayor. En este caso ha sido la candidatura olímpica de Madrid 2016 quien, no en un alarde de creatividad -de hecho el anuncio es sospechosamente parecido al de la última campaña de Coca-Cola protagonizado por el anciano Josep Masqueró – sino en una estrategia emocional bien definida, se sirve de una voluntaria de 87 años para pedir los juegos para la capital de España.

Música de piano y violín, la voz en off de la mujer rememorando cómo era la ciudad mientras se muestran imágenes amables su paseo por Madrid, son algunos de los recursos que se utilizan para llegar al corazón del receptor del mensaje. Acaba el anuncio con un deseo, con una esperanza aunque el titulo del spot sea «Tengo una corazonada.»

Después de verlo me he dicho «o los creativos publicitarios son unos genios o realmente ha llegado el momento de que volvamos a escuchar y respetar a los ancianos.» Y, francamente, me he quedado descolocado porque me ha sido imposible sacar una conclusión.

La sociedad tan competitiva en la que vivimos y la crisis de valores en la que, sobre todo las culturas occidentales, está inmersa ha tenido como consecuencia comprobar cómo los viejos, ancianos, tercera edad, edad dorada, personas mayores (que cada cual los llama así según lo cursi o políticamente correcto que crea ser) son desplazados y excluidos progresivamente de la sociedad: quienes no tienen la fortuna de tener una familia, que como ocurre en la sociedad islámica consideran un honor, una bendición y una oportunidad de crecimiento cuidar a sus ancianos, en el mejor de los casos, son enviados a residencias, a asilos, son atendidos por personas que no pertenecen a su sangre, utilizados como bufones en programas de televisión…y, en el peor, abandonados, sin atenciones básicas, olvidados, discriminados y engañados por aquellos que sólo piensan en si mismos y en aprovecharse de ellos.

Esto no es nuevo, ha ocurrido a lo largo y ancho de la historia de la humanidad. Absolutamente en todas las sociedades (salvo excepciones muy puntuales) los viejos pasaban a un segundo plano y los pueblos eran gobernados por los más jóvenes: los ancianos eran considerados portadores de la memoria de la Comunidad. Se escuchaban y respetaban sus consejos, pero en la mayoría de los casos su valor era testimonial.
Hoy, además del respeto, les va faltando algo más necesario que ya, en su derrota, no se atreven ni a pedir: el cariño y el afecto, pero que lo dan cuando les dejan.

Por eso, los dos anuncios me han descolocado. Los ancianos muestran afecto y cariño por la vida; lo hacen con serenidad, con nostalgia, pero sobre todo con deseos y esperanzas en el futuro.
Lo dicho, si los creativos han hilado muy fino en estos anuncios para vendernos felicidad, positivismo y esperanza y lo consiguen, no nos olvidemos que ha sido gracias a quienes, teóricamente deberían tener menos motivos para tenerla.
Si no lo consiguen, al menos nos harán reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestros viejos para que cambiemos nuestra forma de actuar con ellos.

Os dejo el video «Tengo una corazonada.» que presenta Madrid 2016



1 comentario:

Alejandro Di Trolio dijo...

genial puede que algún día hagamos como los asiáticos que entienden que el valor más grande de una sociedad reside en el conocimiento, y quién lo tiene? los ancianos.... a veces creo que nos falta tanto por aprender

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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