lunes, 2 de marzo de 2009

Madrid se apunta al lunch

Me lo contaba el otro día el dueño de Las Marinas, un pequeño restaurante de barrio donde acuden los trabajadores a almorzar: «Esto está cada vez peor, fíjese que aquí siempre había cola para comer y ahora, mire: tengo cuatro mesas vacías. La gente ya no viene, por los despidos sabe usted, o se llevan la comida al trabajo o se toman un sándwich en la plaza. Está muuu, pero que muuu jodida la cosa.»

Posiblemente la crisis económica tenga que ver bastante con el descenso de clientela del restaurante. Hay miedo y normalmente quien come un menú del día no subvencionado por la empresa en forma de vales de comida o ayuda económica, no suele estar sobrado de dinero. Supone un desembolso medio mensual en torno a los doscientos euros en el mejor de los casos que, si se suman al resto de gastos (alquileres, hipotecas, letras, luz, agua, alimentación etcétera), no deja mucho margen de maniobra y puestos a elegir (que generalmente no se puede) se reduce en lo de «primerosegundopostreócafe.»

Sin embargo, es muy posible, que la crisis lo que haya hecho sea acelerar un cambio que se está produciendo en los hábitos de los madrileños a la hora de comer y cuyo origen se podría encontrar en los cambios que se están produciendo en las organizaciones. Políticas como las de conciliación familiar que flexibilizan los horarios; la adecuación de la jornada laboral a horarios internacionales; la instalación de cafeterías en las grandes empresas; la creación de espacios dentro de éstas con la instalación de máquinas de café o sándwiches y electrodomésticos como neveras y micro ondas están modificando la costumbre de comer fuera de casa y de la oficina. Por otro lado, en los últimos años han proliferado numerosos establecimientos de cocina envasada que ofrecen asépticos tentempiés por menos dinero, que, además continuamente, realizan ofertas y promociones cruzadas. Si a esto añadimos el, a veces, obsesivo culto al cuerpo que después de cada periodo vacacional empuja a la gente a los gimnasios, o a realizar dietas de las más variadas (que duran lo mismo que dura la primera cuota del gimnasio), el panorama no es muy alentador para estos pequeños restaurantes.

Tampoco debería extrañarnos de que esta tendencia vaya en aumento. En casi todo el mundo,( quizá con la excepción de los países mediterráneos y aquellos que han vivido bajo su influencia) el almuerzo se limita a un pequeño refacción durante las horas de trabajo.

Estas pequeñas Pymes de la restauración aparentemente lo tienen todo en contra: altos costes de explotación, obsolescencia de las instalaciones, difícil acceso a la financiación, y complicada gestión de mercaderías por la caducidad de los alimentos. Sin embargo, poseen una ventaja competitiva intangible a simple vista, que explotada adecuadamente garantizará su supervivencia. No se trata de la comida en si (que en muchos casos es bastante corrientita por la variedad que deben ofrecer y la materia prima utilizada). Me refiero al trato humano, a la comunicación que estalla espontánea en forma de confidencias, en ágora donde las opiniones son tan variopintas como cada individuo y ofrecen una visión más amplia del mundo en el que vivimos.

Lo tienen difícil, pero estoy convencido de que si potencian esta ventaja aguantarán el tirón del lunch.

2 comentarios:

Elisa dijo...

la crisis sigue y sigue afectando, hasta los hábitos alimenticios de las personas modifica. hay que tener cuidado con los puestos de venta de comida en las calles porque no se sabe si estan dadas las condiciones de higiene necesarias.
un abrazo =)

Fernando López Fernández dijo...

Cierto, los puestos de venta de comida en las calles pueden ser bastante peligrosos para aquellos que no estén acostumbrados. Ante la duda mejor no arriesgar.

Gracias por pasarte
Saludos

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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