lunes, 23 de marzo de 2009

Leyenda de Eliahu : precursor del desarrollo sostenible



Siempre me gustaron las leyendas y cuentos árabes. Quizá porque sus orígenes se encuentren en la tradición popular y sean el resultado de la mezcla cultural que dejaron las civilizaciones en sus tierras: sirios, persas, turcos, griegos, romanos, árabes nómadas, judíos, bereberes o negros del África central…Hay algo en ellas que las hace especiales: pueden ser divertidas, tristes, fantásticas pero casi todas ellas recogen situaciones y reflexiones de las que podemos aprender.


Las historias y los diálogos reflejan la condición humana con tal nitidez que pueden ser comprendidas y entendidas por cualquiera. Muchas de ellas rebosan sabiduría, lecciones entretenidas sobre como deberíamos obrar o actuar. Son una especie de guía personal.

Hoy os dejo una historia que me enviaron hace años y que habla de esperanza, solidaridad y desarrollo sostenible sin nombrarlos. Espero que os guste.

En un oasis escondido en el desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras. Su vecino Hakim, un acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a para que abrevasen sus camellos y vio a Eliahu sudando mientras parecía cavar en la arena.
-¿Cómo estás anciano? La paz sea contigo.
-Contigo sea - contesto Eliahu sin dejar de cavar.
-¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
-Siembro - contestó el viejo.
-¿Que siembras aquí?
-Dátiles - respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el terreno donde pensaba sembra.
- ¡Dátiles! - repitió el mercader sin salir de su asombro.
- El calor confunde tu mente, amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber un té.
-No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos...
-Dime, mi buen Elihau - ¿Cuantos años tienes?
- No sé... sesenta, setenta, ochenta, no sé... lo he olvidado... pero eso ¿qué importa?
- Mira Eliahu, los datileros tardan mas de 50 años en crecer y sólo después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes. Ojala vivas mucho, pero sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.
-Mira Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto... y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.
-Me has dado una gran lección, Eliahu. Déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste - y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.
-Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tu me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira: todavía no he acabado de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.
-Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera. Déjame pues que pague esta lección con otra bolsa de monedas.
-Y a veces pasa esto -siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas-: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseche no solo una, sino dos veces.
-Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte...
El desarrollo sostenible es rentable. Se necesitan muchos Elihau.

1 comentario:

Katy dijo...

He venido a leer esta entrada porque aún no te conocía cuando escribiste esto. Bellísima entrada.
Hace 200 años alguien ya lo dijo:
" Tu solo siembra, siempre siembra, aunque no te toque a ti recoger la cosecha, alguien lo hará por ti"
Debemos ser sembradores ese es nuestro trabajo.
Bello post.

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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