martes, 10 de marzo de 2009

El viaje empresarial


Como iréis comprobando los que ocasionalmente leéis este blog, los temas que aquí se tratan son muy variopintos, aunque suelen predominar aquellos que tienen que ver con viajes, negocios y valores humanos; unas veces de forma separada y otras revueltos. Hoy toca uno de los que yo llamo revueltos. En post anteriores «El viaje el mejor aprendizaje experiencial» y «Decálogo para viajar» escribía algunas ideas sobre los viajes. Como muchas de esas reflexiones creo que pueden ser aplicadas al mundo empresarial, os dejo este post que no es más que el «Decálogo para viajar» dirigido al emprendedor que quiere comenzar su viaje empresarial.

Informarse sobre el lugar a visitar – Un conocimiento previo sobre el destino a visitar es fundamental para luego no llevarse una desilusión. Muchos viajeros quedan decepcionados porque tenían una información escasa o sólo habían analizado los aspectos más atractivos del viaje sin tener en cuenta que en el mundo todo se representa de forma dual. Lo mismo ocurre en los negocios. Se tiende a ver sólo la parte positiva y muchos empresas se crean por moda, capricho o por la promesa de altos beneficios. Como le decía el gato a Alicia en el libro Alicia en el país de las maravillas: « No importa donde vayas, sino sabes dónde ir.»

Viajar con un espíritu abierto – Una vez que se comienza el viaje, el empresario se dará cuenta de que por mucha información y planificación que haya realizado, el mundo, los negocios no son estáticos y que lo que imaginó no se ajusta a la realidad. Ni un viaje ni nada se puede planificar al milímetro aunque lo pensemos. Si hay que cambiar la ruta, aunque sea más larga o dificultosa se cambia; si hay que unirse a otros viajeros, si hay que cambiar el plan se hace. De buena gana, escuchando y aplicando las sugerencias e ideas que irán surgiendo en nuestro camino aunque no se ajusten al plan de viaje.

Viajar con humildad, con respeto – Decía Francisco de Quevedo que la soberbia nunca baja de donde sube pero siempre cae de donde subió. Hay empresarios que viajan por el al mercado con una actitud soberbia y como suele pasar, el tiempo les pone en su sitio. El viaje empresarial debe hacerse con humildad, con respeto; y ese respeto, debe ser por igual para los accionistas, los clientes, los empleados, los proveedores y la sociedad. Sólo así se disfrutará plenamente del viaje y se encontrará la colaboración necesaria en la gran aventura empresarial.

Evitar las comparaciones - No hay dos destinos iguales ni dos experiencias iguales. El viaje es lo que quiera o pueda uno hacer. En las empresas ocurre lo mismo. Aún tratándose del mismo sector o modelo de negocio es muy difícil replicar el éxito o la experiencia de otros. Aunque se dispusiese de los mismos recursos, misma demanda, o mismo entorno hay un factor que, como en los viajes es muy personal. Me refiero al plano emocional, donde los estímulos que se reciben conforman la esencia de la persona. Y esa esencia es lo que hace diferentes a las empresas. O como dice el refrán «Lo que natura no da Salamanca no presta»

Relacionarse con los habitantes del lugar - Hay una frase que me gusta mucho de Miguel de Cervantes: «El andar tierras y comunicarse con diversa gente hace a los hombres discretos.» En el viaje empresarial es necesario relacionarse y comunicarse con las personas que trabajan en el mismo sector, independientemente del cargo o posición que ocupen. Cómo en los viajes, el ser humano tiende a relacionarse únicamente con aquellos que considera «iguales o parecidos» dejando en el camino las opiniones, y sabiduría de gente que podría aportar conocimiento a la hora gestionar el negocio y discreción en su aplicación.

No idealizar el destino - Cuando todo transcurre según lo previsto se puede caer en un exceso de idealización, de optimismo al pensar que nos encontramos en un mercado perfecto que durará toda la vida. Eso pensaban los que crearon su inmobiliaria creyendo que «todo el monte era orégano» o los que invirtieron en cualquier proyecto que se apellidaba «puntocom»

Desarrollar el sentido del humor - Una de las cosas que se aprenden cuando se viaja es que muchas situaciones se arreglan y mejoran haciendo uso del sentido del humor. El humor, la risa y la sonrisa abren puertas al predisponer al interlocutor a que tenga una actitud positiva (siempre y cuando no te pases claro). El humor es energía y si se desarrolla, el viaje empresarial es más placentero aunque caigan chuzos de punta. Del empresario amargado, al final, huye todo el mundo.

Tomar precauciones - Cuando animo a realizar un viaje a alguien que no ha viajado mucho, o si lo ha hecho tiene cierto temor a la hora de ir a determinados lugares, me responde, la mayoría de las veces en tono de reproche lo siguiente: «Claro, pero es que tu has viajado mucho.» Contesto siempre con una doble respuesta: «No creas, menos de lo que quisiera» y «además por mucho que hayas viajado siempre eres un principiante en territorios desconocidos.» En ocasiones hay algo que afecta negativamente al viaje (problemas de salud, retrasos en los transportes, robos etcétera) pero si se toman las debidas precauciones las posibilidades de que esto curra se reducen. En los negocios ocurre lo mismo.

Mantener la calma en situaciones adversas - El famoso escritor y aventurero Antoine de Saint-Exupéry decía que si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se dejaba absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesgaba a olvidar cual era la estrella que lo guiaba. En una sociedad cada día más débil, preparada para la satisfacción inmediata, las adversidades y la falta de determinación hacen fracasar al empresario que olvida cuales fueron los motivos para iniciar el negocio, perdiendo la ilusión y abandonando cuando surgen las primeras dificultades.

Desconectar de la vida habitual - Si los viajes son una excelente forma de desconectar de la vida habitual, en el viaje empresarial es imprescindible saber desconectar del negocio y dedicar tiempo a otras actividades y a relacionarse con otras personas. De lo contrario, el negocio puede convertirse en una prisión de la que es difícil escapar. Si el trabajo es una obsesión y no una pasión puede llegar a trastornar y aislar al viajero empresarial.

6 comentarios:

MaS dijo...

Hola Fernando,
Gracias por este sabroso viaje al pasado donde he encontrado un joya en las palabras que tú nos recuerdas de Antoine de Saint-Exupéry: "si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se dejaba absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesgaba a olvidar cual era la estrella que lo guiaba."
Feliz viaje de vuelta, mejor estrella,
M.

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:

Gracias por acompañarme en este viaje al pasado. Me alegra que te guste la frase porque a mi también me pareció genial.

Gracias otra vez por tus buenos deseos.

Myr dijo...

gracias por traernos al pasado a esta antigua entarda tuya que es magnífica. Me la copio y guardo.

Y esto me recuerda, que hay entradas antiguas tuyas que siempre me digo que quiero leer ¡Y LO HARE!

Besos FER y muy buen fin de semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myr:

Gracias a ti por acompañarme en este viaje por la blogosfera.

Feliz fin de semana.

Josep Julián dijo...

Hola Fernando:
Un recetario práctico que no va nada mal. Por cierto ¿has pensado en escribir un libro de viajes?
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Josep:

La verdad que pensarlo lo he pensado, pero me falta conocimiento, disciplina y talento, que tu, por ejemplo, si tienes.

De todas formas, gracias por los ánimos y quien sabe.
Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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