martes, 3 de marzo de 2009

Dabbawallas: trabajo en equipo


Hace muchos años, cuando el mundo funcionaba a otra velocidad, era normal en Madrid que la gente fuese a comer a casa. No se estilaba tanto el menú del día (una veces por escasez económica; otras porque la incorporación de la mujer al trabajo no era muy habitual después del matrimonio) y la gente tenía tiempo para desplazarse hasta su domicilio y regresar por la tarde al trabajo. Los tiempos han cambiado y muy pocas personas tienen este privilegio. La ciudad se ha expandido y la distancia que debe recorrer un trabajador para acudir al centro de trabajo impide el desplazamiento al hogar.

En el post de ayer hablaba sobre como en Madrid, los restaurantes que sirven menús del día estaban perdiendo terreno frente a otras alternativas para el almuerzo. Una de ellas, era la posibilidad existente en numerosas empresas por la cual el trabajador podía llevarse la comida desde casa a la oficina. Son varias las ventajas que aporta la medida: ahorro económico importante, posibilidad de planificar y elegir el menú con el tiempo y comer de una forma, teóricamente más ordenada, al controlar los ingredientes utilizados. Como inconveniente: el tiempo de preparación de los alimentos y el cargar con la comida hasta el trabajo y la vuelta con el recipiente vacío. Siempre y cuando se sepa cocinar o alguien de la familia lo cocine.

En Bombay, estos inconvenientes lo solucionan los dabbawallas (personas que transportan cajas o comida). Con uno de los sistemas más simples y eficaces de distribución, este ejército de hombres reparte comida casera a más de 150.000 personas en la ciudad. El servicio tiene una antigüedad de más de 125 años y tiene su origen en la época del imperio británico cuando numerosos trabajadores en la construcción del ferrocarril preferían comer su propia comida que les era entregada en cahitas metálicas.

Básicamente el servicio consiste en lo siguiente: Los dabbawallas recogen la comida de los hogares (existe un recipiente metálico especial muy habitual en india parecido a una fiambrera que tiene varios compartimentos y actúa a modo de termo) y lo llevan a la estación de ferrocarril más cercana. Allí se clasifican a mano para su transporte al centro de Bombay y una vez allí se vuelven a clasificar y son entregadas a los clientes. Más tarde el servicio se invierte. Lo curioso del caso es que el extravío de envíos es irrelevante (uno por cada dieciséis millones). La clave, parece residir en los códigos de colores que se pintan en los recipientes que ofrecen a los dabbawallas toda la información que necesitan para hacer la entrega: de donde viene la comida, estaciones de salida y destino, zona de la oficina, edificio y piso en el que se encuentra el cliente.
Los dabbawallas han sobrevivido a la llegada de las cafeterías en las empresas, a los pequeños restaurantes, a los supermercados y a los innumerables puestos callejeros donde se puede comer por muy poco dinero.

La razón se encuentra en la estructura social de la India donde el concepto familiar está muy arraigado y la definición de roles muy definida, además de una multiculturalidad y prácticas religiosas diferentes que exigen dietas o alimentaciones especiales: es decir, a pesar de la pobreza, con la comida no se juega.

Otro de los factores de éxito es el precio del servicio (unos 3 euros) y el alto índice de satisfacción de los usuarios que hacen una excelente publicidad boca boca del servicio.

La organización cuenta con más de 5.000 repartidores comprometidos con su trabajo que reciben el mismo salario independientemente del trabajo que realicen. Se mueven en bicicletas, en carros, a pie, en los últimos vagones de los trenes y apenas se sirven de la tecnología para ello; aunque los nuevos tiempos les ha llevado a utilizar Internet y el teléfono móvil vía sms para atender los pedidos. Otras fuentes de ingresos provienen de la publicidad que se entrega junto a los recipientes y colaboran igualmente con las autoridades en distribuir consejos sanitarios.
Un modelo de negocio que depende prácticamente del compromiso de sus trabajadores, y que hoy es estudiado en numerosas escuelas de negocios como «caso de éxito» Un negocio que, a medio plazo, no parece que vaya a desaparecer. Un Soul Business

4 comentarios:

Pedja dijo...

fantático post, muy interesante, de cómo de la necesidad se crea un auténtico soul business, enhorabuena.

FAH dijo...

fantástico, fernando. siempre es interesante aprender de otras culturas. un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Gracias Francisco. de cualquier cultura y persona pordemos aprender muchas cosas. Este modelo muestra como la voluntad y actitud de la gente son más importantes que la tecnología.

Gracias por pasarte por aquí. Un abrazo

Myriam dijo...

Recuerdo que en otras oportunidades me has contado ésto. Increíble como funciona de bien con todos esos códigos... Una obra maestra en ingenio y, como dices, de trabajo en equipo.


Besos

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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