martes, 17 de marzo de 2009

Cuando los niños sueñan con la música


Premio del público del festival de Toronto, cuatro Globos de Oro (película, director, guión y música) y 8 estatuillas (mejor película, director, guión adaptado, fotografía, montaje, banda sonora, canción y sonido) Slumdog millonaire se ha convertido en la película del año. La crítica la ha definido como una cinta vitalista e inspiradora; al público también le gusta. La película cuenta la historia de Jamal Malik un chico huérfano que vive en los suburbios de la ciudad de Mumbai. El muchacho participa en la versión india del programa "¿Quien quiere ser millonario?" y antes de responder a la última pregunta es detenido por la policía. Nadie cree que un chico de la calle pueda saber tanto y es acusado de hacer trampas. Para probar su inocencia Jamal cuenta la historia de su vida, sus experiencias en las calles y su gran amor por una chica que se llama Latika. Una película que se podría considerar un cuento de hadas: un chico de la calle que tuvo su oportunidad.

Sin embargo, no es de cine de lo que trata el post de hoy, sino de una realidad mucho más dura que no sólo se da en los barrios marginales de India sino en muchos lugares del mundo donde millones de niños han sido privados de la infancia y convertidos en adultos prematuramente: niños que son obligados a robar, esclavizados e intoxicados cuando extraen el mineral; convertidos en crueles soldados de guerras africanas; arrojados a la prostitución y a las drogas en el sudeste asiático, captados como vigías o sicarios por los narcos; asesinados a veces y siempre despreciados.

Están desprotegidos y no saben de esperanza ni de bellos finales, solo de momentos, de instantes fugaces de felicidad. No tienen ninguna posibilidad porque el entorno en el que viven no fue hecho para ellos. Como en todo, los hay débiles y fuertes, simpáticos y bordes; tienen actitudes y ademanes de adulto y la única manera de atisbar algo de niñez en ellos es mirarles a los ojos y aguantar la mirada. Entonces te das cuenta de que te están pidiendo ayuda, casi suplicando que quieren ser niños y vivir con arreglo a su edad y no a sus circunstancias: te duele el alma. Las limosnas no arreglan nada. Afortunadamente hay instituciones y personas que están enfrentándose al problema intentando (en ocasiones con trabas administrativas y familiares) que crezcan como lo que son; ofreciéndoles un futuro mejor; enseñándoles un oficio. En definitiva dándoles cariño y educación no para acudir al concurso «¿Quiere ser millonario?» sino para ser protagonistas de «La vida es bella». Y eso es lo que cuenta. En próximos post contaré alguna de las iniciativas que se están llevando a cabo y que son escuelas del «Soul Business.»

Os dejo el capítulo que escribí de Soul India sobre estos Jamales y Salimes que podrían estar en cualquier lugar del mundo.

Cuando los niños sueñan con la música - Soul India

Olvidados por las ciudades y los hombres, en India hay miles de niños que como única familia se tienen a ellos mismos. Amigos, en muchos casos, no saben lo que son: sólo compañeros de miserias, de cama de asfalto o tierra y sábana de cartón; se los ve en Delhi, en Calcuta, en los soportales de Conaught Circus acurrucados al lado de fumadores de opio que agotan sus últimas esperanzas en el humo agrio de una lenta muerte; o a escasos metros de hombres que sobrevivieron a la niñez, y que siguen durmiendo bajo un cielo contaminado.

Se los ve en ciudades grandes, haciendo recados, por menos de una rupia, por un trozo de comida, por las sobras de un plato vacío... Son parte de una sociedad que les niega la vida y los obliga a buscarse el día siguiente trabajando a escondidas de otros pobres que, más organizados, impiden que puedan limpiar un coche, o barrer casi con las manos la última mierda evacuada por un animal.

Su futuro está en los vertederos que revuelven ya con más maestría que los cuervos, que los cerdos, que las vacas... Su esperanza, en instituciones caritativas que les alimentan cuando pueden ofrecer algo más que comprensión. No saben lo que es llorar, lo olvidaron el día que se dieron cuenta que nadie escuchaba su llanto ni tampoco que significa una caricia. Los golpes ya no duelen.

Solos y desamparados, saben que cada día es una oportunidad de seguir vivos y procuran estar en lugares donde nadie les pueda hacer más daño o cicatrices de las que ya llevan. Son héroes que sobreviven a la prostitución, a la esclavitud, a las palizas cobardes; o a las garras de cualquier mafioso sin escrúpulos que convierta sus órganos en piezas de casquería para dar vida a otras personas; o en eunucos de verso castrado.

Pero hay un momento cada día en el que estos niños son felices. Es ese momento en el que la noche silencia la amargura y, vencidos por el sueño y el cansancio, duermen.

Cuando estos niños sueñan con la música.

2 comentarios:

Pedja dijo...

fernando muy buen blog, con temas muy interesantes. Es verdad que hay millones de niños sobreviviendo en las calles, con muchas dificultades. Debemos reflexionar y actuar. Gracias por recordármelo, un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Gracias por pasarte Pedja. Ese es uno de los objetivos de Soul Business, dejar un poso para la reflexión, aunque sea pequeño.

Un abrazo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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