domingo, 1 de marzo de 2009

Almolonga ¿un ejemplo de desarrollo sostenible?

La primera definición de sostenibilidad la encontramos en el Informe Brundtland de 1987 realizado por la ONU que la define así: «El desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.» Sin embargo no ha sido hasta los inicios del siglo XXI cuando el concepto de sostenibilidad ha empezado a calar en la sociedad. La escuchamos en la voz de los gobiernos que hablan de promover e incentivar políticas de desarrollo sostenible (como proclamó Barak Obama recientemente). Observamos como este tipo de iniciativas son incluidas gradualmente por las empresas dentro en el marco de la responsabilidad social corporativa y comprobamos como la sostenibilidad se está convirtiendo en una herramienta imprescindible en la estrategia de las compañías. Aún así, existe cierta confusión en la utilización del término identificándolo, única o frecuentemente, con la aplicación de medidas medioambientales o con propuestas de carácter social y omitiendo la dimensión económica. Quizá esta dimensión sea la que menos se menciona, o se hace levemente, como de pasada, como si no fuese políticamente correcto hablar de ello, aunque es la que mueve a las otras dos: las ambientales y las sociales. En cualquier caso, la sostenibilidad está pasando de ser una moda a una tendencia y esperemos que en un futuro muy próximo se haya incorporado definitivamente a nuestras vidas: algo parecido a lo que ocurrió con la Calidad como ventaja competitiva (gran parte de los libros de gestión empresarial de los ochenta y primeros noventa en todo o en parte hablaban de ella) y que hoy se da por supuesta.

El verano pasado me estuve paseando por México y Guatemala y encontré un modelo que podría considerarse de desarrollo sostenible, si no fuese porque seguramente tendrá sus manchas y lagunas y «no es oro todo lo que reluce».

A unos cinco kilómetros de Quetzaltenango se encuentra una de las comunidades más prósperas de Guatemala: Almolonga. El municipio que apenas comprende 20 kilómetros cuadrado y se encuentra a 2.250 metros sobre el nivel del mar se ha hecho famoso por su producción hortícola. Esto no tendría la mayor importancia si no fuese por el gran tamaño que alcanzan en Almolonga calabazas, los pimientos, las zanahorias, las remolachas, cebollas… Hortalizas y verduras que atraen no sólo a los comerciantes sino también a científicos de todo el mundo que acuden allí para intentar encontrar una explicación a dicho fenómeno. En el municipio se recogen cuatro cosechas anuales que garantizan los ingresos económicos de una población que se ha ido transformando en las últimas décadas. Gracias a una privilegiada ubicación geográfica por la que corren varios ríos, el éxito parece residir en la mejora de la semillas, el cuidado de la tierra, y en la organización grupal a la hora de gestionar la producción interviniendo juntos en la siembra, el cultivo, la recogida de la cosecha , la venta y la distribución. Con esta forma de trabajar los almolongueños tienen, en su mayoría (también hay pobres ricos lógicamente) cubiertas las necesidades básicas, pudiendo invertir los excedentes en la formación y educación de sus hijos lo que facilitará su integración en el mundo laboral y en la mejora de los sistemas de producción y asegurar el futuro de la comunidad. Es decir, satisfacen las necesidades presentes y futuras.

Lo que más me llama la atención de toda este asunto no es que hayan conseguido implantar este modelo, (relativamente fácil si se dispone de los recursos) sino la polémica creada en torno al modelo al que la mayoría de los habitantes (más de un 70% cristianos evangélicos) atribuye a la intervención Divina y los científicos a la técnica.

Parece ser que antes de producirse este «milagro económico» Almolonga era un pueblo dormido, pobre, donde la violencia doméstica o de género era bastante habitual debido al consumo de alcohol y la influencia de «Maximón», una deidad que cuenta con bastantes seguidores en Guatemala. Con la llegada de las iglesias evangélicas y la paulatina conversión de los campesinos, las cosechas mejoraron notablemente (fue la intervención de Dios lo que obró el milagro). Lo cierto es que los índices de pobreza, criminalidad y delincuencia descendieron notablemente, al igual que las cantinas o la prostitución. Con este argumento, los evangélicos justifican la transformación de la sociedad y el bienestar económico. Por su parte, otros hablan simplemente de que fue una necesidad de cambio lo que llevo a la gente a pensar y a actuar de otra manera y no la religión.

Almolonga ¿un ejemplo de desarrollo sostenible?

Posted by Picasa

2 comentarios:

Elisa dijo...

en cuanto lei la definicion de desarrollo sostenible me acordé de mi profesora de geografía, ya que ese tema lo estudiamos el año pasado. es complicado lo del desarrollo sostenible especialmente en países subdesarrollados donde casi no se da, mejor dicho no se da.
muy buena tu entrada
un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Es complicado y espinoso el asunto este del desarrollo sostenible. en los paises no desarrollados suelen darse los dos extremos. En algunas áreas no lo hay en absoluto y en otras gracias a pequeñas iniciativas solidarias si se encuentran ejemplos.

Saludos

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...