miércoles, 11 de febrero de 2009

Zocos árabes - Escuelas de la vida


Cualquier viajero que visite una ciudad árabe, no debería dejar pasar la oportunidad de visitar alguno de sus zocos o bazares. Diría incluso – si el tiempo de estancia en el lugar se lo permite – que lo hiciese sin prisas, pausadamente, observando, sintiendo y asimilando todo lo que vaya encontrando en su camino.

Muchos viajeros creen - después de permanecer un rato en ellos, generalmente comprando en una o dos tiendas - que los zocos son unos mercados bastante bulliciosos donde las mercancías se «amontonan a mogollón» y cuya única norma escrita es el regateo. Quizá el motivo de estas impresiones (lógicas y ciertas) sea precisamente el hecho de que las urgencias o velocidades que dominan nuestras vidas nos bloquean para ver sólo lo superficial, y pasamos sin detenernos en otros detalles que podrían enriquecernos personalmente.

Si uno se adentra en ellos con la serenidad del que no busca nada, descubrirá que los zocos son escuelas de la vida donde se aúnan por igual historia y tradiciones, mostrando en cada rincón la esencia del ser humano. Desde el primer momento, la excitación de aventurarse en lo desconocido se apodera de uno provocando que los sentidos se agudicen absorbiendo cualquier matiz que en otras circunstancias pasaría desapercibido. Deambular sin un rumbo establecido por las calles y galerías de estos verdaderos mundos en miniatura permitirá al viajero comprobar como, en ellos, no sólo se intercambian mercancías y dinero sino también ideas: un lugar de encuentro en el que se comparte información; un espacio donde estrechar, entre sorbitos de té y bocanadas de narguiles, los vínculos de amistad. A medida que se vaya familiarizando con la efervescencia de ese ambiente pleno de olores, de ruidos y de gente, se sentirá atrapado por una sensación de claridad mental que facilitará enfocar la visita con otra perspectiva. Personajes en los que apenas había reparado se convertirán en protagonistas de sus recuerdos: como el niño que lleva bandejas con humeante te a las tiendas, sorteando con pericia el tráfico de carros y gente que sale a su paso; el mozo que semi cantando con un tono repetitivo pide que le dejen paso; el buscavidas que te sigue disimuladamente para venderte (preferentemente algo caro) y tu le das esquinazo aplicando su misma técnica; hombres sentados en pequeñas banquetas, apostados en los cruces y cuyo trabajo parece consistir en ver pasar la vida; cientos de personas que se almacenarán en tu retina.

Conocerá lo que significa «un caos ordenado» cuando se oriente por mercancías y no por calles; guiándose por un laberinto de organizaciones gremiales, en las que las jerarquías y reglas están establecidas y aceptadas; cómo, por ejemplo, los productos de más valor suelen hallarse en el centro del mercado y los más económicos, o los que producen determinados olores en el perímetro. Distinguirá, en muy pocos segundos, a los aprendices del maestro y si habla con ellos (la experiencia me dice que dos personas aunque no hablen el mismo idioma se entienden: sólo deben estar en la misma frecuencia), asistirá a una clase de historia, a una de arte y a una de economía por el precio del agradecimiento y la sonrisa.

Aprenderá que el regateo es una costumbre, pero no una norma: que también se estila el precio fijo, la subasta y el intercambio y, recordará, después de un primer encontronazo con un vendedor, que el regateo por diversión, aparte de estar mal visto es una falta de respeto.

Es tanto lo que se puede experimentar en un zoco, que quizá, lo de menos sea acudir a comprar y lo importante sea asistir a esta escuela de la vida.

4 comentarios:

Asun dijo...

A mí me encantan los zocos, y siempre que he tenido oportunidad los he visitado. Para mí es una visita obligada, como visitar los museos o los edificios emblemáticos... Entran en la misma categoría.

Los zocos tienen un embrujo que te envuelve y te abduce. Son auténticos reflejos de la sociedad en la que están ubicados, lugares donde la vida bulle por todos los rincones y donde los habitantes de la ciudad se relacionan unos con otros.
Yo diría que son pequeñas ciudades dentro de una gran ciudad
Los has descrito a la perfección.

Un beso

Katy dijo...

Me he paseado por unos cuantos y este en concreto lo conozco también. Una de las cosas que más me he maravillado es la solidaridad que hay entre ellos. En vez de hacerse la competencia se ayudan. No suelo comprar nada porque ni me gusta regatear ni perder el tiempo, prefiero paserme y observar es como se aprende.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

Como dices la vida bulle, y cuando lo hace todo es más intenso, directo. Son lugares donde todo se humaniza.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Así es como le decía a Asun, son lugares donde las relaciones se humanizan en el sentido que se busca el bien común, suele haber respeto porque además tienen sus reglas que son asumidas por todos.
Un beso

Soul Business

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