jueves, 12 de febrero de 2009

Si los políticos jugasen como la Selección

Ha finalizado el primer tiempo del partido (España – Inglaterra) y aprovecho estos minutos de descanso para comenzar el post de hoy. De momento, me está gustando mucho y si no fuese porque se trata de un amistoso (que hace disminuir la emoción y la inquietud de que el resultado sea favorable a tus deseos), podría ser uno de esos partidos que crean afición: dos selecciones que tienen en sus filas a algunos de los mejores futbolistas del mundo, dos de los mejores entrenadores del mundo, dos formas de entender el fútbol, rivalidades históricas, un estadio lleno…

Sobre el césped, hemos podido ver como los jugadores de ambas selecciones han hecho una demostración de lo que debe ser un equipo.

Varias cosas me han llamado la atención comenzando por la colocación en el campo de los jugadores que con su orden, han ofrecido en cada movimiento una lección de lo que debe ser luchar por un interés común: si alguno perdía la posición, rápidamente era cubierto por otro compañero. Disciplina y esfuerzo compartido con el objetivo de defender la portería y parar al rival: inteligencia y astucia en cada ataque para hacer gol: en definitiva, estrategia y táctica asumida por todos. Pero también el riesgo y la valentía de asumir responsabilidades cuando el encuentro lo demandaba: realizando unas veces pases y regates geniales y, otras, imprecisos y torpes pelotazos que eran rápidamente corregidos por quien pudiese remediar la situación. Sin reproches, sin buscar justificaciones en la grada o comprensión en los ojos del entrenador; siendo conscientes de que el egocentrismo y la vanidad no habían sido convocados a la cita, al contrario que la generosidad y la solidaridad que han sido titulares indiscutibles en el campo.

Respeto y reconocimiento al rival, juego limpio – a pesar de la intensidad pasión con la que se ha disputado el partido- y agradecimiento al público cuando Villa ha marcado el gol y se ha acercado a la banda para compartir su alegría; jugadores fundiéndose en abrazos y júbilo cómplice.

Al final del partido 2-0. Meta conseguida y satisfacción general.

Lo asombroso del caso es que lo han conseguido, al igual que ocurrió en la Eurocopa, unos tipos que juegan en equipos diferentes (eternos rivales), de regiones diferentes, con ideologías diferentes, inquietudes, gustos y nivel cultural diferentes. Y funciona.

Y me pregunto, si nuestros políticos podrían, aunque fuese durante una o dos legislaturas, tener la misma actitud que estos jugadores. Si en la selección están los mejores jugadores -y el fútbol no es más que un juego (fenómeno económico y sociológico aparte) - ¿Por qué nuestros políticos no se esfuerzan en comportarse como la selección? En el campeonato del mundo que se juega todos los días, España, como país, no puede permitirse el lujo de estar pensando sólo en la clasificación, y los políticos que tenemos deberían dedicarse a jugar como un equipo y no a «marear la perdiz» y estar todo el día reprochando al rival con la cantinela del «y tu más». Nos iría bastante mejor

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