lunes, 26 de enero de 2009

Socrates y el valor de las cosas

Si se elaborase una lista o se publicase un libro que se llamase – ahora hay varios libros de esos - “1.000 pensamientos que tienes que conocer antes de morir” con seguridad los de Sócrates (470 a.C – 399 d.C) ocuparían varías páginas. Sócrates era un tipo peculiar en su forma de ser y actuar, y como tal y por ir un poco contra corriente con las creencias y tradiciones establecidas fue juzgado y condenado a muerte.

Dos de las características de su personalidad eran la ironía y agudeza mental de las que hacía uso con bastante frecuencia e ingenio como leeréis en esta anécdota.

Se cuenta que Sócrates era un hombre austero que no daba excesivo valor a las cosas materiales; pero eso no significaba que infravalorase la importancia de su labor por la que cobraba de acuerdo a lo que el estimaba que merecía.

En cierta ocasión, un rico mercader fue a visitar al filósofo para que se hiciese cargo de la educación de su hijo. Cuando Sócrates le dijo cuales eran sus honorarios, el mercader se enfureció y exclamó:

- ¡ Por esa cantidad de dinero podría comprarme un buen burro¡

- Hacedlo, y tendréis dos asnos en casa.- fue la ingeniosa respuesta del filósofo.

No hay que decir, que el mercader acabó pagando lo que se pedía.

Todo esto viene a cuento de una situación que se está dando cada vez con más frecuencia, y que hablando con otros colegas y colaboradores del sector de eventos -que es donde me muevo-, nos preocupa: la presión a la que nos someten los clientes últimamente con el argumento – válido por supuesto – de la situación económica.

Habitualmente cuando un cliente quería realizar un evento, expresaba sus necesidades, orientaba a la agencia sobre lo que podía invertir y se elaboraba una propuesta. Después se negociaban la retribución y condiciones, y el evento se ejecutaba. Ahora, lo más normal es que el cliente antes de expresar lo que quiere, te comente "Me lo tienes que hacer por" ó "quiero lo mismo del año pasado por un 50% menos", ó "me gustaría que lo hicieses tu, pero fulanito me lo hace por…"
Entrar en este juego es muy peligroso porque a la larga se pierde valor y no sólo financiero a corto.

Todos somos conscientes de la que está cayendo, y todos debemos dar lo mejor de nosotros para buscar soluciones; pero estas no deben estar basadas en la infravaloración del trabajo, sino en el esfuerzo y colaboración entre las partes para que la relación sea realmente “tu ganas, yo gano” y no “tu pierdes, yo gano” como algunos pretenden.

El mercader lo entendió perfectamente y supongo que Sócrates – a pesar de lo que cuente la historia – también hizo una reducción de sus honorarios.

3 comentarios:

Myriam dijo...

Tomo nota, porque a mi me vienen los pacientes con el mismo cuento que a ti...

Myriam dijo...

y claro, dada la situación, hago descuentos ¿pero... dónde está el límite?

besos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myr:

El límite a veces es difícil de establecer y hay que ser muy cauteloso con los descuentos por dos razones. La primera es porque si no se manejan bien tienen un impacto negativo al final en la cuneta de resultados y siempre se querrá comprar con descuento. La otra es que si se descuenta a menudo, se desvalora el trabajo.

Pero dada la situación hay que ajustar.
Un dilema.
Un beso

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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