sábado, 17 de enero de 2009

El jugador de ajedrez

En el año 2003, después de quedarme en el paro por la crisis de las punto.com decidí hacer un viaje a la India durante casi 40 días. Siempre me había fascinado ese país y no había tenido la oportunidad de ir. Durante el viaje concocí a muchos personajes interesantes que de alguna manera me enseñaron cosas de la vida que o no sabía o había olvidado. Escribí un diario de viajes "Soul India"sobre la experiencia. Os dejo el capítulo referente a mi encuentro con un anciano en la bella ciudad de Udaipur, que como observaréis, me enseñó mucho.

EL JUGADOR DE AJEDREZ
Hay días que se nos hacen más largos. No es una cuestión de horas, ni de tener ocupada la cabeza en algo que los acorte. Son días en los que el tiempo parece no tener prisa por pasar y decide apurar cada segundo. No hemos aprendido que es el tiempo el que dispone de nosotros y no al revés: el tiempo nunca sobra ni falta aunque así lo creamos y lo afirmemos. Compramos relojes para controlarlo cuando él, libre y eterno, maneja las manecillas de nuestras vidas.
En la India hay muchos días largos. Es un país en el que el tiempo no pasa volando sino planeando. En esos días, yo le hacía un guiño cómplice y me convertía en su mejor aliado. Procuraba aceptar su invitación y caminaba, caminaba y caminaba a la búsqueda de un café o un lugar donde sentarme a observar la vida. Pero no había.
Existían pequeñas tiendas donde vendían un poco de todo y que serían el equivalente a nuestros antiguos ultramarinos de olor a bacalao desecado, jabón de lavar y lejía; las dhabas, nunca aparecen cuando los buscabas. De vez en cuando buscaba acomodo en una piedra, en una escalera vacía, en la entrada de una casa y permanecía allí sentado observando a los lugareños contando los segundos en los que alguno de ellos se dirigiera a mí. En una de estas paradas, me quedé mirando como un grupo de hombres jugaba al ajedrez. Cuando notaron mi presencia fui inmediatamente invitado a jugar. Yo que no soy muy dado a molestar ni a interrumpir cuando alguien está jugando, decliné la invitación. ¡ Me moría de ganas por jugar!
Debieron leerme por que el más anciano dió por finalizada su partida recogiendo del tablero las pocas piezas que quedaban y, en un gesto de esos que solo se ven a la gente que tiene autoridad y que infunden respeto o miedo, su rival se levantó y me cedió su sitio, mientras un corrillo , que cada vez se hacia más grande me abría paso hasta el tablero.
El ajedrez, un ajedrez de cuadros grandes, de miles partidas, de estrategias infinitas, conservaba el sabor de las cosas que se convierten en reliquia. Colocamos las piezas sobre un tablero, que no acompañaba, (él, negras, yo blancas), de forma pausada, milimétrica y empezamos la lección más grande que he recibido en mi vida jugando al ajedrez.
En un exceso de soberbia, de seguridad mal entendida, quise ganar pronto, intuitivo, nada analítico y poco reflexivo: la intuición es para momentos de todo o nada, de rojo o negro, de par o impar, no para un juego en el que se requiere paciencia, análisis, estrategia y control sobre las emociones. Perdí.
Olvidé los principios básicos de gestión empresarial que durante años había aprendido en las diferentes empresas en las que había trabajado: sólo utilicé la intuición. Y él, que el único master que había hecho era el de los años, cuando me vio hacer tres movimientos supo que me iba a ganar. ¿Cuántas partidas habría jugado en su vida? ¿ Cuántas noches imaginando un ataque, una defensa? ¿ Cómo salvar a la Reina?

En realidad había aplicado muchos rasgos de la personalidad india. A saber: hospitalidad al ofrecerme blancas; paciencia para esperar; control sobre mente y cuerpo; Fe en sus posibilidades y humildad al no regocijarse ni en su victoria ni en mi derrota. No fueron más de quince o veinte minutos lo que duró la partida de ajedrez y la verdad, me dolió no haberla alargado por que ese día recibí una lección de señorío, de gestión, de humanidad que nunca podré olvidar.

En mi retina siempre quedará la imagen de una calurosa tarde de verano en la que dos personas sentadas en un banco de piedra y ajenos al movimiento de la ciudad, dos personas alejadas social y culturalmente disfrutaban y compartían un interés común: el ajedrez; la vida.

Y esta es la buena globalización. La necesaria.

El tiempo se estaba poniendo en el lago Pichola.


11 comentarios:

Asun dijo...

Nunca es buen aliado el creerse mejor que los demás, nos podemos encontrar con grandes sorpresas que nos harán aterrizar de bruces.

Besos

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando:
No lo había leído; me alegra haberlo hecho ahora.
Siempre que nos pasamos un poco de listos nos la dan; creo que sucede en todos los ámbitos de la vida, y si además "el otro" es:humilde, paciente, observador... y por tanto sabio, para que quieres más.
Me ha gustado mucho. Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Que envidia.
Ganando o perdiendo fue una gran oportunidad para ser unos más.
Genial.

Myriam dijo...

Hola Fer: ¡Cómo me laegro de que hayas recuperado esta entrada perdida en el olvido!

Primero: me parecoió genial que aporvecharas el paro para viajar y concretar un sueño.

Segundo: que se te ocurriera escribir un diario. UNo cree que recordaqrá siempre las experiencias y luego se pierden muchos detalles en los vereicuetos de la memoria y el recuerdo.

Tercero: la que señalas es una de las mejores cosas de la globalización: el interca,bio entre Culturas distintas, en cuyo seno siempre se crece.

Cuarto: te felicto por tu capacidad de aprender cada lección que la vida te ppone en el camino. Muchos quieren, peor no son capaces de capìtalizarlas.

Un beso y muy feliz primavera.

Myriam dijo...

y Quinto: perdona todos los horrores de tipeo. Ante el miedo de que s eme borrara mi extensíismo y super elaboradísimo comentario... jajajajaja
te lo envié sin releer.

Katy dijo...

Una buena lección de humildad sin duda, y ciertamente una experiencia inolvidable.
Un beso y feliz semana

Fernando López Fernández dijo...

Hola Asun:

Es lo que suele pasar en esos casos, que mordemos el polvo cuando vamos de sobrados.
Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Rafa:

Pues totalmente de acuerdo. Muchas gracias.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Javier:

Así es una oportunidad y lo mejor es que aprendía cosas.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Myriam:

Primero, segundo, tercero, cuarto y quinto. Gracias¡¡¡ por la disección que has hecho del post y por el comentario que te exime de disculparte por el tipeo ja ja.

Un beso

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Así es, las sensaciones fueron excelentes.
Un beso y feliz semana que voy a toda pastilla

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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