lunes 27 de febrero de 2012

Viajar es aprender: cuando los huipiles hablan.

Antigua - Guatemala

Seguimos con las respuestas de Viajar es aprender IV

El huipil es una vestimenta característica de las mujeres indígenas de Mesoámerica y, especialmente, del mundo maya. Consiste en una camisa o blusa bordada de coloridos diseños que originalmente se confeccionaba con henequén y algodón o, también, con lana y seda tras la llegada de los españoles.  El diseño de un huipil tiene que ver mucho con la identidad de cada pueblo. Gracias a ellos, se podía saber el lugar de origen o comunidad a la que pertenecía la mujer que lo llevaba. Esto, por ejemplo, les vino muy bien a los encomenderos y colonizadores españoles que de esta manera tenían controlados a sus esclavos y trabajadores indígenas.

Chichicastenango Guatemala 

El huipil además tiene un enorme significado. No se trata de una vestimenta más o menos colorida y bonita. En ellos se refleja las historias de los antepasados y la cultura de cada pueblo indígena al igual que la categoría social.

También guarda una relación con la cosmovisión maya por la cual todo está interrelacionado en el universo, de tal manera que la representación de  la mitología, de historias que cuentan el origen de la vida está presente en ellos.

Chichicastenango - Guatemala 

El huipil es una prenda utilizada sobre todo en las ceremonias y ocasiones especiales aunque algunas mujeres lo llevan a diario. Gran parte de los huipiles siguen tejiéndose en telares artesanales. Es un arte vivo que ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Muchos de los elementos se han ido modificando como los colores, pero permanece la esencia.

De alguna manera, un huipil habla: desvela secretos, relata historias de pasado, del presente y del futuro, anhelos y esperanzas de un alma que los muestra para que sean leídos por aquellos que conozcan los códigos.

Feliz día


domingo 26 de febrero de 2012

Esclavos de sí mismos


Cuando uno viaja en un transporte público debe guardar unos mínimos de urbanidad por el bien de todos. Es una cuestión de respeto, de empatía y, si me apuráis, de sentido común.

Sin embargo, existe una especie que abunda mucho: me refiero a los “ejecutivosagresivosqueimportantesoy” que viajan en las líneas de alta velocidad.

El viernes regresaba de Barcelona, y por enésima vez, cerca de mi asiento se encontraba uno de ellos: Hacer un viaje de cerca de tres horas con uno de estos sujetos a escasa distancia puede obligarte a colocarte los auriculares a un umbral de volumen que no moleste al resto, para evitar que te pongan la cabeza como un bombo o a rezar para que se les acabe la batería del móvil.

Se les reconoce fácil. Antes de que el tren se ponga en marcha ya han realizado un par de llamadas a su secretaria o al pobre de Gómez que se estaba frotando las manos con su ausencia. De nada sirve que por la megafonía se indique que se baje el volumen de los móviles y que la gente se vaya a hablar a las plataformas: ellos suben el tono de su voz y no hacen, con perdón, ni puto caso a las sugerencias; también se les reconoce por la cara de mala leche que tienen o por el careto de desprecio que ponen cuando el auxiliar de cabina o azafata les interrumpe para ofrecerles una toallita, prensa o la revista Paisajes.

Yo entiendo perfectamente que se trabaje en el tren. Ese tiempo se puede aprovechar para adelantar tarea, terminar la pospuesta, pensar, organizar etcétera, pero esto ha de hacerse sin molestar a los demás, lo que no ocurre con estos sujetos que harán todo lo posible para que te enteres de los importantes asuntos que se traen entre manos.

El del otro día era pata negra. Comenzó en Barcelona y no bajó el tono de voz hasta pasar Guadalajara. De esta manera, pude enterarme de los márgenes de su producto, de quien era su competencia, de cómo se la iba a meter doblada a su cliente y del precio final por pieza que estaba dispuesto a ofertar si las cosas no iban bien del todo. La conversación era ágil, enérgica. Daba la sensación de que el tipo más que dedicarse a la ferretería (venta de tuercas en este caso) dirigía un Imperio de miles de empresas repartidas por todo el mundo y que el éxito de las mismas dependía de sus acertadas decisiones: era una máquina de hablar y de ordenar: era insufrible.

Al llegar a Madrid estuve pensando en él y otros fulanos parecidos. Tipos que confunden la pasión con la obsesión en el trabajo, que es origen de muchos males e insatisfacciones laborales; tipos que creen que cuanto más muestren su “productividad” llegarán antes a alcanzar una metas que la mayoría de las veces se reducen a un Audi nuevo, una buena cuenta corriente y que le reconozcan en un buen restaurante; tipos que no saben de discreción (en ese vagón podía ir un cliente o la competencia), que se pavonean de su poder, de sus contactos; de sus propias actitudes, de una imagen que tarde o temprano desaparecerá con un ERE o una nueva generación que hará los negocios de otra manera y les relegará a ese ostracismo y olvido inevitable al que lleva el paso del tiempo: eso si no mueren antes de un infarto, son abandonados por sus mujeres, o rechazados por sus hijos o los amigos.

Pensé en él, en ellos y más que desprecio lo único que me produjo fue lástima. La lástima que provocan las personas que son esclavas de sí mismas por elección, aunque se crean libres de hacer lo que les de la gana: como en este caso darnos la matraca a sus compañeros de viaje.

Una pena

martes 21 de febrero de 2012

Mis 50 canciones favoritas de los Beatles.

The Beatles en Madrid
Como sé que entre varios de los lectores hay muchos a los que les gusta The  Beatles os dejo una recopilación personal sobre los temas que más me gustan. No necesariamente son los más famosos ni los mejores técnicamente.  Si no os gustan The Beatles podéis enviar directamente este post a la papelera de reciclaje o escuchar alguno de los temas menos conocidos por probar: si una cosa tenían era variedad de repertorio y recursos. También podéis aportar vuestros favoritos.  

Faltan dos repuestas a Viajar es aprender IV que las pondré la próxima semana

Feliz fin día

  1. Any Time At All
  2. A Hard Day´s Night
  3. No Reply
  4. I´m A Loser
  5. I Need You
  6. I´ve Just Seen a Face
  7. The Night Before
  8. Ticket To Ride
  9. Help!
  10. Norwegian Wood
  11. Nowhere Man
  12. Michelle
  13. Girl
  14. In My Life
  15.  And Your Bird Can Sing
  16. I´m Only Sleeping
  17. Eleanor Rigby
  18. Here, There And Everywhere 
  19. For No One
  20. Got To Get You Into My Life
  21. She Loves You
  22. From Me To You
  23. We Can Work It Out
  24. I Feel Fine
  25. Day Tripper
  26. Paperback Writer
  27. I Want To Hold Your Hand
  28. Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band
  29. Lucy In The Sky With Diamonds
  30. Getting Better
  31. She´s Leaving Home
  32. Within You Without You
  33. When I´m Sixty-Four 
  34. A Day In The Life
  35. I Am The Walrus
  36. Strawberry Fields Forever
  37. All You Need Is Love
  38.  Back In The U.S.S.R.
  39. While My Guitar Gently Weeps
  40. Blackbird
  41. Julia
  42. Hey Bulldog
  43. Hey Jude
  44. Something
  45. Here Comes The Sun
  46. Golden Slumbers
  47. Two Of Us
  48. Across The Universe
  49. The Long And Winding Road  
  50. Get Back


lunes 20 de febrero de 2012

Viajar es aprender: Kafountine y las sardinas muertas




Hoy la segunda de las respuestas de Viajar es aprender IV, la encontrareis en el diario de viaje Toubab.

Humo, sueños y derrotas

Tras la lluvia decido irme a dar un paseo por el pueblo de pescadores. A ambos lados de la calle principal se suceden los secaderos de pescado. A la entrada de los mismos la leña se amontona en irregulares pilares. En el interior, en una especie de horno, la madera va quemándose generando un humo que ennegrece cuanto está a su alrededor. En la parte superior del horno algunos hombres van depositando el pescado que poco se va ahumando y secando.







El olor a leña quemada y a pescado lo impregna todo; también el del gasoil que desprende los camiones que se van abriendo paso para encontrar un lugar dond estacionar. A medida que uno permanece en la zona va notando como se agregan otros olores: el del barro mojado, el de las basuras putrefactas, el del agua estancada… Todo ello le da un cierto aire de guetto, de zona prohibida, seria y en absoluto bulliciosa; una imagen de Dickens en África.




Ya cerca de la playa, asoman tableros llenos de pescado seco o a medio secar: barracudas, rayas y otros, desconocidos completamente para mi. Van adquiriendo un tono ocre, un tono marrón como sí se tratase de pescado frito y refrito de horas.

A media tarde las barcas de pesca se van acercando a la orilla. Una hilera de hombres se adentra en el mar a su encuentro para descargar las cajas de pescado. Van sorteando olas y aguantando el vaivén de la marea. Es complicado mantener el equilibrio en esas condiciones. Muchos de ellos morirán en el intento ya que no todos saben nadar: un golpe de ola o un traspiés les puede derribar y llevarlos a una muerte segura.

Es un trabajo ingrato y mal pagado. Por cada porte que llevan a la orilla o los secaderos reciben 100 CFA, el equivalente a unos 15 céntimos de euro, en ocasiones algo más dependiendo de la distancia a recorrer.

El esfuerzo es brutal y se les ve corriendo por la playa a toda velocidad para realizar el mayor número de descargas: no hay trabajo para todos y los que más corren, los más espabilados más fuertes, conseguirán hacer el mayor número de viajes. En su mayoría son emigrantes: vienen de Ghana, de Guinea y otros países. También hay senegaleses, sobre todo del norte, pero no hay trabajo para todos.

Los menos afortunados esperan y esperan sentados en la playa, paseándose resignados por la arena o simplemente observando como las mujeres limpian el pescado y arrojan las vísceras sobre la arena: hombres que no hacen nada, no esperan nada y viven nada.
Kafountine no puede ofrecer trabajo a sus 16.000 habitantes. A lo sumo, según me cuenta Amador el dueño del hotel Mama María, la pesca podría dar trabajo a 5.000 personas entre pescadores, la gente que trabaja en los secaderos, los transportistas y los constructores de piraguas, pero no para todos.

Hay poca pesca, y cada vez menos. Los barcos europeos y japoneses mediante la compra de cuotas al gobierno senegalés están esquilmando el mar lo que provoca que cada vez la pesca sea cada vez más escasa.

Cuando salen todas las barcas y hay exceso de pesca, disminuye el precio de la mercancía aumentando las dificultades para todos.  Por lo visto, se estaba estudiando la posibilidad de que se estableciesen turnos de salida por días, aunque eso no garantiza en absoluto que el pescador salga a pescar pues los patrones organizan la marinería a su gusto y ninguno tiene el puesto asegurado.

Los ingresos se reparten como casi siempre: gran parte para el patrón, otra bastante más pequeña para los pescadores más experimentados y una porquería para los más jóvenes o los que empiezan, llegando en ocasiones su salario a consistir en unas cuentas piezas de pescado.






La sardina, que abunda, es uno de los pescados que carece prácticamente de valor y cuando es pescada es devuelta al mar ya muerta por los pescadores. Las mareas las llevarán hasta la orilla llenado las playas de cadáveres de sardinas en hileras que se pudrirán al sol. Los pescadores no las quieren y tampoco las buscan una utilidad para su transformación bien en conserva . bien para la fabricación de harinas: no existe una industria transformadora.

El genocidio se repetirá cada día. Solo los buitres parecen encontrar una utilidad al asunto. No parece haber demasiado interés en buscar una solución.

A continuación del pueblo de pescadores, Al principio de la playa y a escasos metros del hotel Mama María, y cerca de donde se encuentra una zona militar se construyen los cayucos que llevarán a los futuros pescadores a faenar en mar, a perder la vida persiguiendo el sueño de Europa o, los más afortunados, a alcanzar su puerta. España.

Los hombres trabajan, moldeando a golpes la madera, ajenos a todo conscientes de que lo que están construyendo en no pocas ocasiones no son barcos sino ataúdes.

domingo 19 de febrero de 2012

Viajar es aprender IV: Funerales Toraja



Esta semana las respuestas a Viajar es aprender lV.

La primera pregunta estaba relacionada con las ceremonias que se celebran en la región Toraja, en Indonesia. La respuesta correcta era: Funerales, como alguno de vosotros comentasteis.



El sincretismo religioso está presente en muchas culturas. La Toraja es una cultura que fusiona elementos cristianos con otras creencias anteriores a la llegada de los cristianos a la zona. Como muchas otras culturas, el culto a los antepasados y a los espíritus esta presente en sus vidas. La muerte, el paso  entre lo humano y lo divino, es uno de los momentos más trascendentales en la vida de un Toraja. Según sus creencias, una persona no muere hasta que se celebra su funeral y, éste, debe ser lo más fastuoso posible dependiendo de la posición social y económica del finado.



Así, pueden pasar meses y años hasta que la familia ahorre lo suficiente para realizarlo. Mientras tanto, el cadáver es embalsamado y alojado en la parte meridional de Tongokan, (típicas construcciones que asemejan la forma de un barco) donde es visitado por familiares y amigos que incluso le llevan agua comida.



El funeral, cuyo objetivo es que el espíritu del difunto transite de la mejor manera posible al más allá. Suele celebrarse entere los meses de julio y septiembre tras la cosecha (aunque se hacen durante todo el año): puede tardar meses o años en realizarse, pues supone uno de los mayores desembolsos a los que se enfrentan los familiares: de hecho, leí en un periódico que, de alguna manera, querían limitar la grandeza de los fastos, especialmente lo referente a la compra de búfalos, debido a que muchas familias se endeudaban de tal manera que luego no podían hacer frente a los gastos.



En el funeral, que puede llegar a durar varios días, se sacrifican búfalos, cerdos, se ofrece fruta, vino de palma y se celebran varios banquetes para los asistentes. Hay baile, cánticos, juegos y tienen un aire festivo. Incluso, hay una especie de maestro de ceremonias que, micrófono en mano, según me contó uno de los invitados, narra cosas sobre la vida del muerto y nombra a las familias asistentes y las aportaciones que han realizado.



Los invitados, después de dejar sus presentes y saludar a las familias, son ubicados, según su importancia, en barracones construidos para la ocasión, donde charlan, comen o beben. 



Frente al Tongokan, aunque no exclusivamente, se sacrifican los animales y los matarifes van cortando la carne que luego será repartida entre los asistentes que la cocinarán de diferentes maneras. Recuerda un poco a las matanzas que se realizan en numerosos pueblos de España.



Sin duda es una ceremonia digna de ver. Un día de estos ampliaré toda la información y lo contaré tal y como lo apunté en mis notas de viaje. También lo que ocurre después del funeral.

Feliz día 

Soul Business

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